El biólogo Rodrigo Riera advierte de que la presión del marisqueo reduce las poblaciones de lapa blanca y negra y altera el equilibrio ecológico del litoral canario.
El biólogo, doctor en Ecología Marina e investigador del grupo BIOCON del Instituto Universitario ECOAQUA de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Rodrigo Riera, advierte de que Canarias tendrá cada vez menos lapas si se mantiene el ritmo actual de consumo. El investigador señala que la presión sobre especies como la lapa blanca y la lapa negra impide que los ejemplares crezcan lo suficiente antes de ser extraídos.
Riera explica que el problema no es la falta de normas, sino la dificultad para hacerlas cumplir. Recuerda que en Canarias existe un periodo de veda, aproximadamente entre noviembre y abril, en el que no se pueden capturar lapas, pero afirma que «podemos tener muchas leyes, pero luego esas leyes, si no tenemos ningún tipo de sistema de fiscalización o de vigilancia, pues la verdad es que es complicado que se cumplan».
El investigador subraya que las lapas cumplen una función clave en los ecosistemas intermareales. Afirma que son una “especie clave” porque, si desaparecen, se produce un crecimiento desmesurado de las algas, que terminan dominando sobre otros organismos. «La calidad ambiental del sistema disminuye mucho», señala.
Consumo responsable y zonas de cría
Riera indica que Canarias cuenta con cuatro especies de lapas, aunque el consumo habitual se concentra en la lapa blanca y la lapa negra. Señala que estas especies están reduciendo sus poblaciones y que los ejemplares son cada vez más pequeños porque los mariscadores buscan primero las lapas de mayor tamaño. El problema, añade, es que esas lapas grandes son también las que más huevos producen.
El investigador destaca la importancia de las zonas donde no se puede mariscar, como la Bahía del Confital o áreas de Gando, porque actúan como espacios de reproducción. Afirma que esas zonas funcionan «como criadero» y permiten que los huevos puedan colonizar otros puntos del litoral sometidos a presión marisquera.
Riera pide a los consumidores que no coman lapas durante el periodo de veda y que reduzcan la presión sobre un recurso muy ligado a la cultura marinera de las islas. «No vamos a tener que comer lapas todos los días», afirma, antes de recordar que la población actual de Canarias no puede compararse con la de la etapa aborigen, cuando las lapas ya formaban parte de la alimentación. «Todo tiene un límite», concluye.