Febril enamoramiento

El hall destruido y las sombras políticas

El hall destruido y las sombras políticas

Francisco J. Chavanel

Francisco J. CHAVANEL

Es imposible apartar la mirada de lo que está pasando en Madrid. Por mucho que, como periodistas, queramos hablar de nuestra realidad más inmediata esto ahora mismo es una quimera que, además, nos alejaría de nuestros propios oyentes.

El Espejo Canario es un programa auténtico y arraigado en la tierra, siempre ha sido así. Pero cuando ocurren crisis como esta, crisis fin de ciclo, crisis que avanzan un terremoto, crisis que moldean la propia realidad canaria, que la contaminan, la atrapan, y la convierten en otra cosa. Cuando las agendas mudan y mutan porque de lo que se trata de saber es si un gobierno se sostiene, y cómo se sostiene, o bien prosigue en una caída libre rotunda e imparable que acabará cambiando España, y la forma de actuar de los partidos políticos, entonces no podemos dar la espalda, mirar hacia otro lado, no nos queda otra que relatar lo que está sucediendo, porque eso que pasa es lo que más nos afecta e influye en nuestra existencia.

Ante esto: ¿cómo va a salir de esta Pedro Sánchez y su PSOE, repleto de tiralevitas, gente sin autoridad ni personalidad, gente dispuesta a tirarse por un barranco si el líder lo pide? Sánchez tiene nueve causas pendientes en otros nueve tribunales. Ahí figuran la del “hermanísimo”, la de Begoña Gómez, la de las cloacas, la de Hidrocarburos, la de Plus Ultra, la de mascarillas, la de la financiación del propio partido, la de transportes, y la ya juzgada, con condena incluida, del fiscal general del Estado. Salir de esta selva es imposible incluso para Houdini. El problema principal es que muchas de estas causas tienen una carga tal de verosimilitud que será muy difícil que aquello que es hoy “presunto” no se convierta con el paso del tiempo en algo sólido y tocable.

En este país tenemos mucha experiencia sobre cómo terminan estas cosas. La apariencia de Gurtel era de financiación irregular del PP a través de contratos sabrosos con empresarios amigos, y eso fue lo que se demostró al final. Lo de Kitchen es policía patriótica para defuncionar a Bárcenas, que era el que tenía las pruebas sobre actuaciones de M. Rajoy. Nadie duda de que habrá condena.

Lo de Zapatero con Venezuela es lo que es: tráfico de influencias incesante para enriquecerse a costa de negocios que sólo podían cerrarse con el apoyo del Gobierno de España. Si esto es así Sánchez es cómplice necesario. Imaginémonos a un presidente de Gobierno respaldando una dictadura con un desprecio absoluto a los derechos humanos.

Lo de las cloacas también es lo que es: Sánchez contrata a un grupo de maleantes para cambiar su suerte judicial en los casos de su hermano y de su mujer. Lo pone todo en manos de Santos Cerdán, su secretario de organización, y gente muy loca y desesperada, aparte de meter en la operación a la responsable de finanzas del partido, Ana Fuentes. ¿a qué suena esta música? A financiación irregular para mantener el campamento, usando todo tipo de trampas para lograr pagar a la compañía que iba a derribar el crédito de fiscales y jueces para salvar al hermano que no sabe dónde está su despacho, o a su mujer, a la que le encanta presumir de lo que no tiene.

Pensar que el juez Calama o el juez Pedraz no van a demostrar, con una montaña de pruebas, las acusaciones, es no pensar, es no ubicarse en el país que estamos, y en los pésimos sentimientos que atrae Sánchez sobre su chulesca presencia. Todo lo que sabemos de él retrata a un político psicópata, con un egocentrismo más elevado que el Everest, fullero, violento, y barriobajero, indigno de representar los valores de la izquierda. Eso sí: es un magnífico actor, tan dotado para la interpretación que hay que dudar si interpreta o es que el personaje es así de irrresponsable.

Lo último que sabemos es que Leire Díez, ese especimen de periodista fontanera, se reunió con Cerdán en Ferraz un mínimo de 40 veces. Es obvio que Cerdán actuó por orden del queridísimo líder. Para sacar a su mujer de la pestilencia, de las garras del juez Peinado…, aquí tenemos a un señor que se mueve por asuntos particulares casi siempre.

Lo de la amnistía con Junts fue personal; porque le convenía a él para ser presidente. Se cargó una condena del Supremo y ahí empezó todo. Ese arrebato tan personal de enfrentarse a la Judicatura es el punto de origen del juez Peinado: siempre hay alguno que si puede hacer hace. No es el único.