El cordón trenzado de La Orotava, reconocido como Bien de Interés Cultural

La técnica del cultivo de la viña en cordón trenzado del Valle de La Orotava, declarada Bien de Interés Cultural | Foto Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias

La técnica del cultivo de la viña en cordón trenzado del Valle de La Orotava, declarada Bien de Interés Cultural | Foto Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias

El presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Valle de La Orotava, Manuel Luis, destaca que la declaración protege un sistema vitivinícola «único en el mundo», ligado desde el siglo XVI a la identidad agrícola, paisajística y cultural del norte de Tenerife.

El presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Valle de La Orotava, Manuel Luis, afirma que la declaración del cordón trenzado como Bien de Interés Cultural inmaterial constituye «un hecho histórico» y «una gran alegría» para el sector vitivinícola de la comarca, después de «casi una década de trámites». Señala que el reconocimiento pone en valor un sistema de cultivo implantado en el siglo XVI y profundamente vinculado al desarrollo agrícola, cultural y socioeconómico del valle.

Un sistema único

Luis explica que el cordón trenzado es «único en el mundo» porque se trata de un sistema de conducción del viñedo muy distinto a las espalderas habituales. Detalla que nace de una vara plantada a pie franco, que crece año tras año y avanza longitudinalmente sobre el terreno a partir de una sola planta. Añade que este modelo se implanta históricamente por las necesidades de la malvasía, que requería una poda larga, y también por las características del terreno, ya que permite aprovechar zonas improductivas de piedra o roca desde pequeños puntos de tierra fértil.

El presidente del Consejo Regulador subraya además su valor paisajístico y humano. Afirma que «es una maravilla ver esos cordones, esas trenzas» ascendiendo por pendientes y muros, pero insiste en que su singularidad también reside en el esfuerzo que exige. «Es un sistema que no se puede mecanizar», señala, por lo que buena parte de las labores deben realizarse a mano y requieren conocimiento, dedicación y experiencia acumulada por generaciones de viticultores.

Relevo generacional y futuro

Manuel Luis sostiene que el cordón trenzado sigue vivo y que, tras años en los que también sufrió «el látigo de las modas» y la implantación de sistemas más mecanizables, en los últimos cinco o seis años las nuevas plantaciones han vuelto mayoritariamente a este modelo tradicional. Afirma que los productores se han concienciado y que se trata de un sistema productivo, arraigado y con mejores rendimientos que otros métodos de conducción.

El reconocimiento como BIC, añade, puede favorecer la difusión internacional del Valle de La Orotava y reforzar el turismo enológico y cultural, cada vez más interesado en técnicas singulares, bodegas y paisajes vitivinícolas. No obstante, advierte de que el principal reto del sector es el relevo generacional, porque se han perdido hectáreas de cultivo y las pequeñas explotaciones requieren mucho trabajo. Por eso reclama formación, incorporación de jóvenes, apoyo institucional y una mayor defensa de los productos locales, la economía circular y el kilómetro cero.