La Asociación Travesía impulsa los días 3 y 4 de julio una representación interpretada por personas internas, ex internas y voluntarias para acercar la realidad penitenciaria a la sociedad.
El Centro Penitenciario Las Palmas 1 acoge los días 3 y 4 de julio la representación de Disculpen la espera, una obra teatral interpretada por personas internas, ex internas y voluntarias vinculadas al ámbito penitenciario. La iniciativa está impulsada por la Asociación Travesía, que utiliza la cultura, el arte y el acompañamiento como herramientas de inclusión, crecimiento personal y reinserción social.
El presidente de la entidad, Graziano Pellegrino, explica que el nombre de la asociación resume su propósito: ayudar a las personas a «atravesar distintas situaciones». En el caso de la prisión, afirma que se trata de acompañar el paso «desde dentro hacia fuera», pero también de abrir un camino inverso para que la ciudadanía conozca mejor una realidad marcada a menudo por el prejuicio. «Atravesar es esto, atravesar de una situación personal a otra, pero también crear puentes que puedan unir la sociedad con esta realidad», señala.
Pellegrino indica que el proyecto teatral se desarrolla mediante talleres semanales dentro de prisión y con un grupo exterior formado por ex internos, voluntarios y familiares. Aunque muchos participantes entran inicialmente en la actividad como una propuesta cultural o de ocio, sostiene que el rigor del teatro les obliga a estar presentes, conectar con las emociones y tomar conciencia de sí mismos. Según afirma, el escenario les permite preguntarse «quién quiero ser realmente» y comenzar procesos internos de cambio.
Una mirada distinta sobre las personas presas
El responsable de Travesía asegura que el público suele salir sorprendido por la calidad artística de las representaciones. La asociación busca que la obra alcance un nivel cercano al profesional, porque esa exigencia también devuelve dignidad a quienes actúan. Pellegrino afirma que los internos perciben que son capaces de hacer «algo grande, importante» y de generar un impacto real en quienes los observan. «Lo que han visto le parece tremendamente humano», dice sobre una de las reacciones más repetidas por los asistentes.
El trabajo, no obstante, se desarrolla en un contexto lleno de dificultades. Pellegrino recuerda que intervenir en un centro penitenciario exige permisos, autorizaciones y una adaptación constante a los límites propios de un sistema donde la seguridad es prioritaria. También señala que los traslados de internos pueden alterar el proceso artístico en cualquier momento. Aun así, defiende que el teatro provoca cambios visibles: personas que al principio miran al suelo comienzan a mirar a los ojos, ganan autoestima y se relacionan de otra manera dentro del grupo y fuera de él.
La obra también quiere romper estereotipos sobre las personas privadas de libertad. Pellegrino recuerda que en Gran Canaria hay alrededor de 2.000 personas presas y, por tanto, 2.000 familias afectadas. Por eso considera importante que la cárcel se abra a la comunidad y que la sociedad participe en la reinserción, tal como recoge la propia legislación penitenciaria. Las funciones están abiertas al público mediante inscripción previa, aunque las plazas actuales ya están completas. El proyecto cuenta con el impulso de la Fundación Mapfre Canarias, a la que la Asociación Travesía agradece su apoyo por segundo año consecutivo.