El Gobierno de Canarias y Amilobo trabajan para completar la documentación que permita reconocer oficialmente a este perro pastor ligado durante generaciones a la vida rural de la isla.
El Gobierno de Canarias y la Asociación para la Recuperación del Lobo Herreño, Amilobo, han comenzado a coordinar acciones para impulsar el reconocimiento oficial del lobito herreño como raza autóctona de Canarias, un objetivo que la entidad persigue tras más de tres décadas de trabajo para conservar este patrimonio genético, cultural e histórico de la isla de El Hierro.
El presidente de Amilobo, Manuel Pérez Ramírez, afirma que la asociación llega a esta fase «con el trabajo hecho» y que ahora necesita el apoyo de la Consejería de Agricultura, a través de la Dirección General de Ganadería, para reunir, ordenar y completar toda la documentación acumulada durante estos años. «Somos grupo étnico y ahora ya necesitamos pasar a raza», señala.
Un perro pastor vinculado a El Hierro
Pérez Ramírez explica que el lobito herreño es, ante todo, un perro pastor. Su función tradicional ha sido acompañar al ganado, especialmente cabras y ovejas, aunque también puede trabajar con vacas. Durante generaciones, sostiene, ha sido «el fiel aliado del pastor en la isla de El Hierro».
El presidente de Amilobo destaca que se trata de un animal adaptado a las condiciones de la isla: ágil, rústico, sin excesivo peso y con buenas aptitudes para el pastoreo. Esa combinación de resistencia y movilidad responde, según explica, a una forma de vida rural en la que el ganado se desplazaba mucho más que en la actualidad y requería perros capaces de acompañar ese movimiento.
La asociación mantiene controlado un censo de entre 40 y 50 ejemplares que trabajan de una forma u otra con ganado, además de otros perros localizados en la isla, en otras islas, en la Península e incluso en el extranjero. Pérez Ramírez subraya que el lobito herreño es un animal versátil, pero advierte de que no es un perro pensado para una vida sedentaria. Necesita actividad, ejercicio y una función, ya sea en el pastoreo, en tareas deportivas o en otras actividades operativas.
Estudios, censo y comité de razas
El proceso de reconocimiento exige acreditar que no se trata de un híbrido ni de una mezcla circunstancial, sino de una población con características propias. Pérez Ramírez explica que Amilobo comenzó con entrevistas a pastores de El Hierro para reconstruir la memoria oral sobre el perro y demostrar que su presencia en la isla no surge en los años ochenta, sino que se remonta, al menos, a finales del siglo XIX o comienzos del XX.
A ese trabajo se sumó después un estudio genético impulsado con apoyo del Cabildo de El Hierro. Según relata el presidente de Amilobo, un genetista de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria analizó muestras de 52 perros seleccionados por sus rasgos morfológicos, su carácter y sus aptitudes. «Ahí salió que era una raza propiamente dicha», afirma.
El siguiente paso será presentar ante el comité correspondiente toda la documentación: estudios, publicaciones, morfología, censo y datos acumulados por la asociación. Pérez Ramírez indica que el Comité de Razas tiene previsto reunirse en septiembre y que, si fuera necesario completar algún trámite adicional, el reconocimiento podría quedar encauzado para principios del próximo año.
Amilobo sostiene que la población actual permite seguir trabajando en la conservación, aunque insiste en que el reconocimiento oficial no será el final del proceso. La asociación quiere mantener el seguimiento de la raza, controlar la reproducción, evitar problemas de consanguinidad y garantizar que los ejemplares conserven tanto la morfología como el carácter funcional del perro pastor herreño.
Pérez Ramírez recuerda que recuperar una raza «no es coser y cantar» cuando se parte de pocos ejemplares. Por eso, afirma, el trabajo ha sido lento y ha requerido abrir líneas, fijar criterios y apoyarse en el conocimiento de los pastores. El objetivo, concluye, no es solo conseguir una declaración administrativa, sino asegurar que el lobito herreño siga vivo como parte de la identidad rural de El Hierro y del patrimonio ganadero de Canarias.