El director de la Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino, Jesús Castaño, presenta dos exposiciones que relacionan la obra de Martín Chirino con sus raíces insulares, la memoria aborigen y el diálogo con las vanguardias europeas.
El Castillo de la Luz acoge hasta el 30 de agosto el proyecto expositivo «Inspiraciones y reencuentro», una muestra que vincula la obra de Martín Chirino con las pintaderas del Museo Canario, junto a «Homenaje a Marinetti. La velocidad en infinitivo», dedicada a una de las series escultóricas del artista grancanario. El director de la Fundación de Arte y Pensamiento Martín Chirino y comisario de ambas exposiciones, Jesús Castaño, afirma que la propuesta permite contextualizar el trabajo del escultor desde su identidad canaria y su relación con la modernidad artística.
El origen canario de la espiral
Castaño explica que «Inspiraciones y reencuentro» nace de una colaboración con el Museo Canario y parte de un vínculo biográfico y artístico esencial: la primera exposición de Chirino tuvo lugar en esa institución, junto a Manolo Millares y Rita Escobio. Pero, además, el escultor se sintió atraído desde niño por las pintaderas y por las formas circulares presentes en el mundo aborigen canario, que acabarían influyendo en su interpretación de la espiral y del viento.
El comisario señala que la muestra permite enfrentar las espirales de Martín Chirino con su origen visual e histórico. Aunque precisa que las pintaderas no son estrictamente espirales, sino círculos concéntricos o excéntricos, sostiene que al situarlas junto a la obra del escultor «se entiende perfectamente la lectura del viento» que desarrolló Chirino. La exposición reúne obras del artista en diálogo con un conjunto de diez pintaderas cedidas por el Museo Canario.
Castaño reivindica a Chirino como uno de los grandes embajadores culturales de Canarias, junto a figuras como Millares u Óscar Domínguez, pero advierte de que todavía queda mucho trabajo por hacer para que su legado sea conocido en su propia tierra. Recuerda que el escultor dejó obras monumentales en Las Palmas de Gran Canaria y en otras islas, y lamenta que muchos escolares desconozcan todavía nombres fundamentales de la cultura canaria como Tomás Morales, Pérez Galdós, Millares o el propio Chirino.
A su juicio, esa tarea debe ser compartida por las instituciones educativas y culturales. Castaño recuerda el lema de Chirino, «de Canarias al mundo», y defiende la necesidad de construir una relación más consciente con los creadores propios. «Hay que hacer patria de la tierra, de la que pisas», afirma, al comparar la situación canaria con la de otros territorios donde los referentes artísticos se hacen visibles desde el primer contacto con la ciudad o la isla.
Marinetti, la velocidad y el hierro
La segunda exposición, «Homenaje a Marinetti. La velocidad en infinitivo», forma parte de la línea de trabajo de la Fundación Martín Chirino para estudiar por series la obra del artista. Castaño explica que este ciclo es pequeño, integrado por 17 esculturas, pero lo considera «vital» dentro de su trayectoria porque aparece cuando Chirino, tras haber atrapado la espiral, busca expandirla mediante el concepto de velocidad.
El comisario aclara que la relación de Chirino con el futurismo no es una adhesión ideológica ni estética completa, sino una apropiación plástica de una idea concreta. Marinetti, fundador del futurismo, no era artista plástico sino poeta, y formuló una teoría de la velocidad que buscaba liberar el lenguaje de sus estructuras convencionales. Castaño recuerda que Marinetti proponía eliminar elementos de la sintaxis para dejar el verbo en infinitivo, como forma de intensificar el movimiento.
Chirino traslada esa noción a la escultura mediante piezas de hierro que parten de una estructura en forma de U, incorporan una curva de aceleración y se proyectan hacia el espacio «como si fuese al infinito». Castaño explica que el artista convierte un material fuerte y pesado en algo leve, casi una rúbrica expandida. La serie, iniciada en los años noventa y prolongada hasta 2017, apenas dos años antes de la muerte del escultor, muestra cómo Chirino sigue explorando la relación entre materia, espacio y movimiento hasta el final de su vida.
El proyecto se completa este año con un homenaje a Manolo Millares con motivo del centenario de su nacimiento. La Fundación ha reunido un grupo de arpilleras procedentes de distintas instituciones para establecer un diálogo entre la obra de Millares y la de Chirino. Castaño considera que el aniversario de un artista universal como Millares debía dejar «un poquito de huella en su tierra natal» y subraya que las exposiciones del Castillo de la Luz buscan precisamente reforzar esa memoria cultural compartida.