➤ «Para elegir diez películas podemos haber visto hasta cuatrocientas» ➤ «El cine español es tímido, encorsetado en unos códigos que dificultan la innovación y la ruptura narrativa» ➤ «El consenso, que es bueno en política, en el arte no lo es»
El director del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, Luis Miranda, afirma que la 25ª edición del certamen, que se celebra del 23 de abril al 3 de mayo de 2026, mantiene su modelo consolidado de programación, aunque incorpora propuestas singulares que refuerzan su identidad como espacio de riesgo y descubrimiento cinematográfico.
Miranda explica que, pese al simbolismo de las “bodas de plata”, el festival no plantea una edición extraordinaria en términos de formato. «Tenemos un modelo muy establecido de programación», afirma, aunque sí reconoce que habrá guiños al aniversario, especialmente en la apertura y en la concesión de un premio de honor a un cineasta relevante del panorama internacional.
El director subraya que el festival apuesta por optimizar recursos y mantener una línea coherente con su trayectoria, basada en secciones competitivas, retrospectivas y espacios de encuentro con creadores.
Selección exigente y volumen de visionado
Uno de los aspectos más exigentes del certamen es el proceso de selección. Miranda detalla que para configurar la sección oficial, compuesta por diez largometrajes, el equipo puede llegar a visionar centenares de títulos. «Para llegar a esos diez a lo mejor se han visto 400», afirma.
A ello se suma el volumen de cortometrajes, que en algunos años supera los miles de visionados, lo que describe como una tarea “intoxicante” por la intensidad del proceso.
El director explica que las películas llegan a través de distintas vías: festivales internacionales, agentes de ventas o búsqueda activa del equipo, lo que configura una red constante de contactos dentro de la industria.
Estrenos y equilibrio programático
Miranda defiende la importancia de mantener el carácter de estreno en la sección oficial, como elemento esencial de cualquier festival que aspire a relevancia internacional. «Lo que va a concurso es estreno», afirma, aunque reconoce que existen debates internos sobre esta política.
Al mismo tiempo, el festival incorpora una sección panorámica que permite recuperar títulos destacados de otros certámenes, facilitando su acceso al público local cuando no cuentan con distribución comercial.
Experiencias cinematográficas radicales
El festival incluye propuestas que se alejan de los formatos convencionales, como la proyección de una película de más de siete horas, acompañada de sesiones de reflexión. Miranda considera que este tipo de iniciativas forman parte de la esencia del certamen. «El festival puede y debe permitirse ese tipo de experiencias un poco radicales», afirma.
También destaca la presencia de cineastas invitados y actividades paralelas, como encuentros profesionales y jornadas sobre el oficio cinematográfico.
Público y relevo generacional
Uno de los retos señalados por el director es atraer a público joven. Aunque reconoce que existe participación, advierte de una brecha generacional entre los creadores y los espectadores.
Como medida simbólica, el festival ofrece entrada gratuita a quienes cumplen 25 años, en consonancia con el aniversario del certamen, en un intento de incentivar la asistencia de nuevos públicos.
Una mirada crítica al cine actual
Miranda realiza una reflexión sobre la industria cinematográfica contemporánea, especialmente en el contexto español. «El cine español es tímido», afirma, aludiendo a la repetición de temas y enfoques condicionados por los modelos de financiación.
En este sentido, critica el peso del consenso en los procesos creativos. «El consenso, que es tan bueno en lo político, en el arte no es bueno», señala, defendiendo la necesidad de preservar la libertad artística frente a las dinámicas industriales.
Un trabajo continuo durante todo el año
El director explica que la organización del festival es un proceso que ocupa prácticamente todo el año, combinando labores de investigación, asistencia a otros festivales y análisis de posibles mejoras.
«Durante ocho meses es un trabajo de investigación y luego hay cuatro meses de gestión dura», afirma, destacando la complejidad de levantar cada edición del certamen.
En conjunto, Miranda presenta el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria como un espacio consolidado que, en su 25ª edición, mantiene su vocación de descubrimiento, reflexión y apuesta por un cine que desafía los límites convencionales.