Uno de cada cinco estudiantes canarios presenta malestar emocional en un entorno cada vez más digital

Presentación del informe Infancia, adolescencia y bienestar digital en Canarias | Foto: Gobierno de Canarias

Presentación del informe Infancia, adolescencia y bienestar digital en Canarias | Foto: Gobierno de Canarias

Unicef alerta de que el primer móvil llega a los 10,7 años y reclama acompañamiento familiar, formación escolar y algoritmos seguros para proteger a los menores.

La presidenta de Unicef Comité Canarias, Rosa Gloria Suárez, advierte de que el acceso temprano e intensivo a la tecnología afecta al bienestar físico y psicológico de niños y adolescentes. El informe Infancia, adolescencia y bienestar digital en Canarias revela que el 21% del alumnado presenta síntomas claros de malestar emocional, frente al 14,2% nacional. «Ese uso temprano, intensivo y sin acompañamiento tiene una afectación no solamente en la salud física, sino también en la salud mental y en la convivencia», afirma. El estudio, realizado entre 1.460 escolares de 10 a 20 años, sitúa en 10,69 años la edad media de acceso al primer teléfono inteligente y constata que el 71,1% del alumnado de quinto y sexto de Primaria ya dispone de móvil propio.

Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana desde edades muy tempranas: el 96,8% está registrado en al menos una y el 87,6% utiliza tres o más. El informe señala también que el 71,1% habla con desconocidos a través de internet, el 22,9% queda presencialmente con personas conocidas exclusivamente en línea y el 12,3% recibe proposiciones sexuales de adultos, porcentaje que alcanza el 15,5% entre las chicas. El primer contacto con la pornografía se produce, por término medio, a los 11,48 años. «Cuanto más tarde, mejor, porque están mucho más maduros», sostiene Suárez sobre el acceso al mundo digital.

Acompañamiento, límites y regulación

La responsable de Unicef considera fundamental que las familias se formen, conozcan los riesgos y acompañen a sus hijos durante las distintas etapas. Solo la mitad de los menores asegura que sus padres hablan con ellos sobre los peligros de internet y un 30% señala que sus progenitores utilizan el teléfono durante las comidas familiares. «Los padres tienen que entender que tienen ellos que poner normas, poner límites», declara Suárez, quien recomienda evitar que los menores duerman con el móvil en la habitación debido al uso nocturno de las redes sociales, los videojuegos y otras plataformas.

Los centros educativos también deben formar al alumnado para buscar y gestionar información, comunicarse con seguridad y analizar críticamente los contenidos. Suárez reclama capacitación digital para el profesorado, sistemas efectivos de verificación de edad y elevar de 14 a 16 años el acceso a las redes sociales. También propone controlar las cajas de recompensa de los videojuegos, que pueden favorecer comportamientos vinculados al juego online, y respalda la campaña «Algoritmo Seguro Ya!» para exigir a las empresas tecnológicas diseños que no atrapen a los menores ni los expongan a contenidos perjudiciales.

Suárez insiste en que la tecnología ofrece grandes oportunidades para acceder al conocimiento, estimular la creatividad y mantener relaciones sociales, por lo que no debe considerarse el origen del problema. «La tecnología en sí es siempre buena», afirma, pero alerta de que el uso intensivo y sin acompañamiento puede deteriorar la salud mental. La solución, añade, exige la implicación de administraciones, empresas, centros educativos, familias y los propios menores: «No es una cosa de una persona, ni de una norma, ni de una ley que nos venga como una losa y que nos prohíba, sino de una concienciación colectiva, dinámica y constante».