Las enfermedades cardiovasculares en las mujeres presentan síntomas menos evidentes y elevan su riesgo tras la menopausia

La doctora Sara Bordes en su despacho de Hospitales Universitarios San Roque | Foto: HUSR

La doctora Sara Bordes en su despacho de Hospitales Universitarios San Roque | Foto: HUSR

Sara Bordes, cardióloga de Hospitales Universitarios San Roque, advierte de que el infarto sigue infradiagnosticado en las mujeres y reclama más prevención, atención a los síntomas atípicos y controles específicos en cada etapa vital.

Las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de muerte entre las mujeres, aunque la mayoría de la población continúa asociando el infarto con un hombre de mediana edad. Sara Bordes, jefa de Cardiología de Hospitales Universitarios San Roque en Las Palmas de Gran Canaria, señala que el 74% de la población española desconoce esta realidad y advierte de que la mortalidad por infarto puede ser hasta diez veces mayor que la provocada por el cáncer de mama. La especialista atribuye esta falta de conciencia a que buena parte de la investigación médica tradicional se realiza con varones y al papel de cuidadora asumido por muchas mujeres, que «priorizan el cuidado de sus familiares y de su vida laboral muchísimo más allá del cuidado de su propia salud».

Bordes explica que alrededor del 80% de las mujeres que sufren un infarto presenta el clásico dolor torácico, pero en otros casos aparecen señales menos llamativas, como dificultad para respirar, cansancio anormal, dolor en la espalda, el cuello o la mandíbula, náuseas o sensación de indigestión. Estos síntomas pueden interpretarse erróneamente como ansiedad, estrés o un problema digestivo y retrasar la petición de ayuda. «Existe una máxima en cardiología que es que el tiempo es músculo», recuerda. La mujer tarda de media unos veinte minutos más que el hombre en consultar, lo que aumenta la pérdida de tejido cardíaco y el riesgo de secuelas.

El embarazo y la menopausia marcan el riesgo

Los principales factores de riesgo son comunes a ambos sexos: tabaquismo, hipertensión, colesterol elevado, diabetes, obesidad y sedentarismo. Sin embargo, la cardióloga identifica dos momentos especialmente relevantes en la vida de las mujeres. El primero es el embarazo, ya que problemas como la preeclampsia, la diabetes gestacional o determinados partos prematuros pueden anticipar una mayor probabilidad de padecer hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares años después. Estas mujeres deben mantener controles de tensión y glucosa durante el posparto y en las etapas posteriores.

El segundo momento es la menopausia, cuando el descenso de los estrógenos elimina parte de la protección cardiovascular existente durante la edad fértil. Este cambio favorece la acumulación de grasa abdominal, el aumento del colesterol, la resistencia a la insulina, la hipertensión y la diabetes. «La prevención hay que hacerla diez o veinte años antes de que suceda un infarto», subraya Bordes, que recomienda abandonar el tabaco, practicar ejercicio, cuidar la alimentación, controlar el peso y realizar revisiones periódicas de la tensión, la glucosa y el colesterol.

La especialista sostiene que hasta el 80% de las enfermedades cardiovasculares puede prevenirse y plantea tres líneas de actuación: concienciar a las mujeres sobre su propio riesgo, crear unidades multidisciplinares con cardiólogos, ginecólogos, endocrinos y otros profesionales, y aumentar su presencia en los estudios clínicos. «Ninguna mujer deja de ir a sus cribados oncológicos; de la misma manera, tiene que ser consciente de que puede padecer una enfermedad cardiovascular y actuar en consecuencia», concluye.