La psicóloga Miriam Álvarez recuerda en el Parlamento la estrecha relación entre la pobreza y el fracaso escolar.
Más de 91.000 niños y niñas viven en situación de pobreza en Canarias, una realidad que trasciende la falta de recursos materiales y que impacta de forma directa en su desarrollo emocional, cognitivo y en su salud. Así lo explica Miriam Álvarez Lorenzo, profesora titular y doctora en Psicología de la Universidad de La Laguna, quien advierte de que esta situación «vulnera las necesidades y el bienestar de la infancia» y arrastra consecuencias a corto, medio y largo plazo.
Una pobreza que va más allá de lo material
Álvarez subraya que la pobreza infantil no se limita a la carencia económica, sino que implica una restricción de derechos y oportunidades. «Hablamos de una problemática muy compleja que va más allá de la carencia material», afirma, señalando que estos menores crecen en condiciones que limitan su desarrollo integral y su capacidad de participar en igualdad de condiciones en la sociedad.
En este sentido, advierte de que la exposición continuada a estas circunstancias sitúa a los niños y niñas en una posición de vulnerabilidad estructural que condiciona su trayectoria vital.
El impacto del estrés crónico
Uno de los factores más preocupantes es el estrés crónico asociado a la pobreza. La experta explica que este se transmite tanto de forma directa como a través del entorno familiar. «El estrés que sufren los padres impacta en la dinámica familiar y en la interacción con los hijos», señala, añadiendo que los propios menores también experimentan estrés por la imposibilidad de cubrir sus necesidades o por situaciones de exclusión social en el ámbito escolar.
«Estamos hablando de un estrés que puede cronificarse», indica, recordando que en etapas tempranas del desarrollo este fenómeno puede afectar a la adquisición de habilidades y competencias clave, con consecuencias que se prolongan en el tiempo.
Fracaso escolar y desigualdad
Álvarez confirma la relación entre pobreza infantil y dificultades en el ámbito educativo. «Existe una relación directa entre pobreza y fracaso escolar», afirma, aludiendo a datos que evidencian cómo los menores en situación de vulnerabilidad presentan mayores tasas de abandono y peores resultados académicos.
A su juicio, esta realidad pone de manifiesto que el sistema educativo no está garantizando la igualdad de oportunidades, ya que el origen socioeconómico sigue siendo un factor determinante en el rendimiento escolar.
Barreras en el acceso al ocio y al desarrollo
La especialista destaca también la importancia del acceso al ocio, la cultura y el tiempo libre como elementos esenciales en el desarrollo infantil. «No son un lujo, son fundamentales», señala, advirtiendo de que los menores en situación de pobreza tienen menos oportunidades de acceder a actividades que favorecen la socialización y el aprendizaje.
Además, apunta que estos niños y niñas suelen residir en entornos con menos recursos comunitarios, lo que agrava aún más las desigualdades.
La importancia de la educación temprana
Álvarez insiste en el papel clave de la educación de 0 a 3 años como herramienta para favorecer la movilidad social. Sin embargo, advierte de que no basta con ampliar la cobertura, sino que es imprescindible garantizar la calidad del servicio. «No se está invirtiendo lo suficiente», afirma, subrayando que esta etapa es decisiva para el desarrollo posterior de los menores.
En este sentido, defiende la necesidad de contar con ratios adecuadas y condiciones laborales que permitan una atención individualizada.
La parentalidad positiva y el papel de las políticas públicas
La experta introduce el concepto de «parentalidad positiva», que define como un modelo de crianza basado en el respeto a los derechos de la infancia y en la respuesta adecuada a sus necesidades. No obstante, advierte de que muchas familias en situación de pobreza carecen de los recursos necesarios para ejercerla.
«Las familias necesitan apoyo», señala, insistiendo en que la responsabilidad no recae únicamente en los padres, sino también en las administraciones y en la sociedad en su conjunto. Factores como la precariedad laboral, la falta de conciliación o el acceso a la vivienda dificultan este ejercicio.
Necesidad de medidas estructurales
Álvarez valora positivamente la creación de la comisión parlamentaria sobre pobreza infantil, en la que recientemente participó, y destaca la receptividad de los grupos políticos. Sin embargo, advierte de que es necesario avanzar en medidas concretas y sostenidas en el tiempo.
«Hay una evidente necesidad de mejorar servicios y recursos», concluye, apelando a una intervención integral que permita romper el ciclo de la pobreza y garantizar un desarrollo pleno para la infancia en Canarias.