La flor de sal de Salinas del Carmen revalida el título de mejor sal marina de Canarias en Agrocanarias 2026

La flor de sal de Salinas del Carmen revalida el título de mejor sal marina de Canarias en Agrocanarias 2026 | Foto: Gobierno de Canarias

La flor de sal de Salinas del Carmen revalida el título de mejor sal marina de Canarias en Agrocanarias 2026 | Foto: Gobierno de Canarias

La producción artesanal de Fuerteventura consigue también el reconocimiento a la mejor sal marina ecológica y una gran medalla de oro. El galardón coincide con el relevo generacional de los salineros que mantienen vivo este oficio tradicional.

La flor de sal de las Salinas del Carmen, en el municipio de Antigua, Fuerteventura, ha sido elegida mejor sal marina de Canarias 2026 en el Concurso Oficial Agrocanarias, organizado por el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA). El producto, elaborado artesanalmente por Proasur Cultural Management, obtiene por segunda edición consecutiva este reconocimiento, además de la distinción a la mejor sal marina ecológica y una gran medalla de oro. En esta entrevista en El Espejo Canario, la gestora cultural de Proasur, Eva Somaza, expresa su satisfacción por unos premios que reconocen tanto la calidad del producto como la conservación de una actividad tradicional.

Somaza destaca especialmente que los galardones llegan en un momento de relevo generacional. El maestro salinero Juan Manuel se jubiló el pasado mayo, después de años dedicado a transmitir los conocimientos de un oficio que requiere experiencia y una estrecha relación con las condiciones naturales. Dos nuevos salineros se han incorporado a la explotación y han participado en la producción premiada. «Es un reconocimiento a todo ese trabajo de siglos y por supuesto, a un oficio en vías de extinción prácticamente», afirma.

Doscientos años de tradición artesanal

Las Salinas del Carmen, declaradas Bien de Interés Cultural en 2002, mantienen un sistema de producción tradicional en el que no se utiliza maquinaria. Somaza explica que el trabajo comprende mucho más que la recolección de sal durante el verano: incluye el mantenimiento de unas instalaciones con dos siglos de historia, la reparación artesanal de sus estructuras y el control de las mareas, el viento y la concentración salina del agua.

La gestora cultural subraya que se trata de una producción pequeña, en la que prima la calidad frente a la cantidad. La flor de sal se obtiene sin tratamientos químicos, blanqueantes ni estabilizantes y se envasa manualmente. Considera que los premios ayudan a distinguir este producto de las sales industriales y permiten valorar el esfuerzo humano, la sostenibilidad y el patrimonio cultural que representa.

Un museo que acerca el oficio a las nuevas generaciones

Además de producir sal, las instalaciones ofrecen visitas guiadas, talleres y actividades divulgativas que permiten conocer directamente el trabajo de los salineros. Somaza asegura que los visitantes cambian considerablemente su percepción del producto cuando descubren cómo se obtiene y el esfuerzo que requiere mantener la explotación.

Especial importancia tiene el programa educativo, que lleva unos siete años funcionando y recibió durante el último curso a cerca de 900 escolares. Las actividades se adaptan a diferentes edades, desde niños de tres años, e incluyen itinerarios didácticos, talleres artísticos, conocimiento del entorno natural y experiencias de recogida de sal junto a los trabajadores. «Hacemos mucho, mucho hincapié en la sal, en las salinas, en las aves, en todo lo que es el entorno y también un poco en la sostenibilidad», explica Somaza.

La responsable cultural considera que estas experiencias contribuyen a despertar el interés por los oficios tradicionales y a garantizar su transmisión a las nuevas generaciones. El objetivo es que el museo funcione también como un espacio educativo donde los visitantes comprendan el valor histórico, ambiental y económico de las salinas de Fuerteventura.