El miedo al urólogo retrasa el diagnóstico precoz del cáncer de próstata

Intervención de próstata en Hospitales Universitarios San Roque | Foto: HUSR

Intervención de próstata en Hospitales Universitarios San Roque | Foto: HUSR

La Dra. Andrea Noya de Urointec, Servicio de Urologia y Cirugía Robótica de Hospitales Universitarios San Roque, recuerda que el cáncer de próstata suele ser silencioso en sus fases iniciales y recomienda revisiones anuales desde los 50 años, o desde los 45 si hay antecedentes familiares.

La Dra. Andrea Noya de Urointec, Servicio de Urologia y Cirugía Robótica de Hospitales Universitarios San Roque, afirma que el cáncer de próstata exige una especial atención preventiva porque es una enfermedad «silente» en sus fases iniciales. Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Próstata, que se conmemora el 11 de junio, la especialista insiste en que «si no se busca, no se encuentra y por consiguiente no se diagnostica», por lo que considera imprescindibles los controles periódicos.

Noya señala que todo varón mayor de 50 años debería acudir una vez al año al urólogo para una revisión que incluya una analítica con PSA, exploración física y otras pruebas complementarias. En el caso de los hombres con antecedentes familiares directos de cáncer de próstata, recomienda adelantar esos controles a los 45 años. La especialista advierte de que, cuando la enfermedad da síntomas, suele encontrarse ya en una fase avanzada, con dolor óseo generalizado, cansancio, imposibilidad para orinar y «un pronóstico horrible».

La uróloga explica que las revisiones pueden incluir analítica de sangre y orina, flujometría para valorar la calidad del chorro urinario, entrevista clínica y exploración física. Dentro de esta última se encuentra el tacto rectal, una prueba que, según afirma, arrastra una mala fama injustificada. «Son literalmente 10 segundos y no es doloroso», señala. A su juicio, el mayor enemigo del hombre frente al diagnóstico no es siempre la enfermedad, sino «el propio miedo que tienen muchas veces a venir a la consulta».

Hábitos saludables y tratamientos más precisos

Noya subraya que, junto a las revisiones, llevar una vida saludable ayuda a reducir factores de riesgo. Cita especialmente el tabaquismo y el sobrepeso, dos problemas con alta prevalencia en las islas, y recomienda ejercicio físico regular. Precisa que no existe una conducta concreta que desencadene por sí sola la mutación celular, pero sí «papeletas» que se acumulan con los años y sobre las que conviene actuar.

La especialista insiste en que la edad es un factor clave, por lo que repite la necesidad de «chequearse, chequearse y volver a chequearse». Afirma que el objetivo actual ya no es solo curar el tumor, sino hacerlo preservando la calidad de vida del paciente. En ese sentido, destaca que los tratamientos han avanzado para reducir secuelas como la incontinencia urinaria o la pérdida de función sexual.

En fases iniciales, Noya señala tres opciones principales: la vigilancia activa en casos muy seleccionados, la radioterapia y la cirugía. Desde su punto de vista, la cirugía robótica permite actualmente mayor precisión para preservar vasos y nervios relacionados con la continencia y la erección. En cambio, cuando la enfermedad se extiende a ganglios, huesos u otros órganos, el abordaje pasa a ser sistémico, con tratamientos oncológicos como quimioterapia, hormonoterapia u otras medicaciones orientadas a prolongar la vida, mejorar la calidad de vida y frenar la progresión. Por eso, recalca, «el objetivo es que no lleguemos a esa fase».