El cineasta tinerfeño José Alayón y el luchador y actor Tomasín Padrón nos hablan de la cinta, que llega a las salas de cine el próximo 30 de enero.
El largometraje La Lucha, dirigido por el cineasta tinerfeño José Alayón, llega a las salas de cine el próximo 30 de enero tras un intenso proceso creativo y un rodaje íntegramente desarrollado en Fuerteventura. La película propone una mirada íntima y profundamente emocional a la lucha canaria, no solo como deporte tradicional, sino como metáfora vital y elemento central de la identidad cultural del Archipiélago.
La obra, que se presenta estos días en preestreno, nace de un reencuentro personal del director con la lucha canaria, una disciplina que formó parte de su infancia y que, años después, volvió a interpelarlo desde un lugar mucho más profundo. «Fue un reenamoramiento muy fuerte. Volví a un terrero después de muchos años y sentí la necesidad de hacer una película, casi preguntándome cómo algo tan potente no había sido llevado antes al cine», explica Alayón.
Más que un deporte: una metáfora de la vida
Aunque la lucha canaria vertebra el relato, La Lucha se aleja del enfoque deportivo convencional. El film se adentra en los conflictos personales de sus protagonistas, utilizando el terrero como un espacio simbólico donde se reflejan el duelo, la resistencia y la necesidad de afrontar las pérdidas. La historia gira en torno a una familia marcada por la muerte de la madre, eje emocional del hogar, y por la incapacidad del padre para superar ese luto.
A ese conflicto se suma el personaje de Miguel, interpretado por el luchador majorero Tomasín Padrón, un veterano de la arena que se enfrenta al final de su carrera deportiva. «La lucha en el terrero y la lucha cotidiana están profundamente conectadas. No se puede huir siempre de los conflictos; cuanto más se retrasan, más pesan», subraya el director.
Luchadores reales, emociones reales
Uno de los rasgos más singulares del proyecto es la elección de luchadores reales como intérpretes. El proceso de casting se prolongó durante casi dos años y permitió al equipo sumergirse en el universo humano y emocional de la lucha canaria. En el caso de Tomasín Padrón, su incorporación al reparto fue progresiva y estuvo marcada por una intensa conexión emocional durante las pruebas: «El personaje se parece mucho a mí. Por eso quizá fue más sencillo interpretarlo», reconoce el luchador, que admite que el rodaje supuso un reto físico y emocional inesperado.
Alayón buscaba intérpretes capaces de conectar con sus propias vivencias. «Interpretar no es fingir, es abrir una puerta emocional. Tomasín lo hizo desde el primer momento», afirma. Esa apuesta por la autenticidad se trasladó también a la puesta en escena: sudor real, esfuerzo físico auténtico y una cámara que se aproxima a los cuerpos para captar respiraciones, tensión y desgaste.
Fuerteventura, paisaje y cuerpo
La elección de Fuerteventura como escenario no fue casual. Durante el proceso de investigación, el director encontró en la isla una relación especialmente intensa con la lucha canaria y una energía colectiva que terminó de dar forma al proyecto. «Hay algo muy poderoso en esos terreros y en la pasión que se vive allí», explica.
El paisaje majorero, árido y antiguo, dialoga visualmente con los cuerpos de los luchadores. «Me interesaba ese paralelismo entre las montañas de Fuerteventura y los cuerpos curtidos de los luchadores veteranos», apunta Alayón, destacando la carga poética de esa relación entre territorio e identidad.
Un cine que interpela
Lejos de ofrecer respuestas cerradas, La Lucha invita al espectador a entrar en un universo emocional y cultural muy cercano a la realidad canaria. «No me interesa un cine que dé conclusiones, sino uno que haga sentir», resume su director. El resultado es una película que mira de frente a una de las tradiciones más arraigadas del Archipiélago para hablar, en realidad, de la condición humana.
Con su estreno en cines el 30 de enero, La Lucha se presenta como una de las apuestas más personales del cine canario reciente y como un homenaje sincero a la lucha canaria, entendida no solo como deporte, sino como memoria, resistencia y forma de estar en el mundo.