El experto económico de Asufin Antonio Gallardo destaca que la llegada de este instrumento al comercio físico amplía las opciones de pago, aunque advierte de que aún falta pedagogía sobre las garantías del consumidor.
La expansión de Bizum al comercio tradicional supone, según el experto económico de Asufin Antonio Gallardo, un nuevo paso en la transformación de los hábitos de pago de los consumidores. Gallardo afirma que la evolución de esta herramienta ha sido «meteórica», al pasar de ser «una especie de monedero electrónico para hacer pequeños pagos entre particulares» a introducirse primero en el comercio online y ahora también en los puntos de venta físicos. Considera que el cambio es positivo para el consumidor, porque ofrece otra vía de pago sin depender necesariamente de una tarjeta, y también para los comercios, especialmente pequeños negocios y autónomos, que pueden encontrar en este sistema una alternativa más barata a las comisiones asociadas a las tarjetas.
Ventajas para clientes y comercios
Gallardo señala que Bizum puede beneficiar de forma especial al pequeño comercio, porque le permite reducir costes en operaciones de bajo importe. Recuerda que las comisiones de las tarjetas han bajado, pero siguen siendo un gasto que, acumulado en muchos pagos pequeños, tiene impacto en la cuenta de resultados. Por eso afirma que «al final ayuda a todos» y que al pequeño negocio le permite evitar costes que «les hacen mucho daño». Además, subraya que el sistema puede ser más rápido en la liquidación que las operaciones con tarjeta y que su uso encaja especialmente con consumidores jóvenes, acostumbrados a pagar con el móvil.
El experto de Asufin sostiene, en todo caso, que la implantación será progresiva. Advierte de que no todos los bancos ni todos los comercios activarán el sistema al mismo tiempo, por lo que al principio su presencia será limitada y funcionará casi como una fase piloto. Aun así, prevé que pueda ganar velocidad a lo largo del año, sobre todo cuando las grandes entidades financieras empiecen a ofrecerlo de manera más generalizada. Gallardo también recuerda que los comercios pueden fijar importes mínimos para aceptar tarjeta, por ejemplo por debajo de tres euros, y afirma que esa práctica es legal siempre que no se rechace el pago en efectivo.
Garantías y brecha digital
El principal reto, según Gallardo, está en explicar bien qué garantías tiene el consumidor cuando utiliza Bizum en una compra. Señala que con la tarjeta existe una percepción más clara de protección ante robos, fraudes o cargos indebidos, mientras que en los pagos inmediatos todavía falta información sobre los mecanismos de reclamación. Advierte especialmente del riesgo en el comercio electrónico, donde puede producirse una suplantación de identidad o un pago a una cuenta fraudulenta, y recuerda que cuando una transferencia inmediata llega a otra persona «muchas veces existe ese problema» para recuperar el dinero. Por eso insiste en que Bizum y otros sistemas similares deben trabajar más en la formación del usuario y en la claridad de sus garantías.
Gallardo también llama la atención sobre las personas mayores y el riesgo de que la digitalización financiera se convierta en obligatoria. Afirma que Asufin critica especialmente que las nuevas herramientas se presenten como una imposición y no como una opción voluntaria, porque existe «un déficit de formación» entre los usuarios menos habituados a la tecnología. Defiende que el futuro debe combinar efectivo, tarjeta y pagos digitales, sin eliminar alternativas, y plantea que el siguiente gran reto será evitar la fragmentación de soluciones nacionales. A su juicio, Bizum debería avanzar hacia sistemas europeos más universales, útiles más allá de España, pero siempre sin sustituir por completo otras formas de pago.