La directora de Infraestructuras y Obras de Canaragua, Soraya Manjón Vega, afirma que Canarias debe anticiparse a sequías, borrascas y episodios extremos con tecnología, eficiencia energética y reutilización del agua.
La directora de Infraestructuras y Obras de Canaragua, Soraya Manjón Vega, afirma que el cambio climático no supone únicamente menos agua, sino una realidad «mucho más compleja», marcada por un péndulo entre la escasez y los episodios extremos. Señala que esta situación obliga a replantear la gestión hídrica en Canarias y a adaptar unas infraestructuras que fueron diseñadas para un escenario distinto, con balsas y presas pensadas para acumular agua ante sequías estacionales, cuando ahora esos periodos secos también se producen en invierno.
Manjón Vega sostiene que la prioridad no pasa solo por construir más infraestructuras, sino por modernizar las existentes, digitalizarlas y hacerlas más eficientes y resilientes. Explica que episodios como la borrasca Terese demuestran la necesidad de disponer de sistemas de alerta, comunicación y gestión capaces de anticiparse a lluvias persistentes y violentas. «Tenemos que tener esos sistemas de alerta y de comunicación», afirma, además de infraestructuras capaces de soportar tormentas y borrascas como las vividas recientemente.
La responsable de Canaragua subraya que la planificación futura debe incorporar la meteorología como un dato más dentro de la gestión del agua, aunque sea un factor imprevisible. Para ello, defiende dotarse de tecnología, analizar la información disponible y trabajar de forma coordinada. A su juicio, la anticipación es clave para afrontar sequías, escasez y episodios extremos en un contexto en el que el tiempo de reacción es cada vez menor.
Canarias como laboratorio del agua
Manjón Vega considera que Canarias puede convertirse, y en cierto modo siempre lo ha sido, en un laboratorio de soluciones para el agua. Recuerda el papel pionero del Archipiélago en desalación, especialmente en territorios como Fuerteventura y Lanzarote, y cita avances como la desaladora DesalRO, reconocida por su eficiencia energética. También destaca el desarrollo de sistemas de información hidrológica, alertas tempranas y nuevas tecnologías aplicadas al seguimiento y control del recurso.
La directora de Infraestructuras y Obras de Canaragua afirma que agua y energía van «totalmente de la mano» y que el reto de los próximos años consiste en ser más eficientes, reutilizar toda el agua depurada, convertir las depuradoras en «fábricas de agua» y lograr que la desalación consuma cada vez menos energía. Señala que también deben recuperarse residuos y aprovechar todos los recursos disponibles para garantizar agua tanto para la agricultura como para el abastecimiento. «El agua es finita y tenemos que gestionarla», afirma, antes de resumir el objetivo común: trabajar conjuntamente para que haya «agua para todos».