El Castillo de San José combina patrimonio, gastronomía y excelencia en el servicio para consolidar el espacio como referente cultural y culinario en Lanzarote.
El encargado del Castillo de San José, Francisco Dorta, y el jefe de sala de los Centros de Arte, Cultura y Turismo, Sergio Betancort, destacan que el recinto no es solo una pinacoteca de referencia, sino también un espacio gastronómico en plena evolución.
Ambos coinciden en que trabajar en los centros implica una responsabilidad especial: «Nuestra actividad es primar al turista y al cliente», señalan, subrayando el nivel profesional del equipo humano.
Objetivo: alcanzar la estrella Michelin
Uno de los grandes retos del restaurante es lograr el reconocimiento de la guía Michelin. Dorta asegura que el objetivo está claro: «Vamos a por la estrella Michelin», afirma, convencido de que el trabajo realizado en los últimos años sitúa al centro en esa línea.
El responsable explica que ya cuentan con el aval de la guía Repsol y que el siguiente paso es consolidar un modelo que integre cocina, sala, ambiente y servicio, elementos clave para este tipo de distinciones.
Cocina de proximidad y producto local
La base de la propuesta gastronómica es el producto de cercanía. Dorta insiste en que la carta se construye a partir del kilómetro cero, priorizando proveedores locales y adaptándose a la disponibilidad del mercado.
«El día que no hay género, no hay plato», resume, poniendo como ejemplo el cherne fresco, uno de los productos estrella que depende directamente de las condiciones del mar.
Entre los platos más demandados menciona elaboraciones consolidadas que se mantienen en carta por su éxito entre los clientes.
Evolución de la restauración
El equipo reconoce que el nivel de exigencia del cliente ha cambiado significativamente en los últimos años, lo que ha obligado a una adaptación constante.
«Hoy el cliente exige más y tenemos que cumplir sus expectativas», explica Dorta, señalando que la hostelería actual requiere estándares más elevados en todos los aspectos.
Esta evolución se produce además en un entorno singular, ya que el restaurante se ubica en un Bien de Interés Cultural, lo que limita las intervenciones y obliga a compatibilizar innovación con conservación.
La sala y el servicio como claves
Sergio Betancort destaca que el éxito no depende solo de la cocina, sino del conjunto de la experiencia. El servicio en sala, la atención al cliente y el ambiente forman parte esencial del proyecto.
En este sentido, subraya la importancia de preservar la identidad del espacio: «Tenemos que custodiar el legado de César Manrique», afirma, insistiendo en que cualquier cambio debe respetar la esencia original.
Organización y trabajo en equipo
El funcionamiento del restaurante implica una estructura consolidada, con equipos que trabajan prácticamente todos los días de la semana para atender tanto el servicio de almuerzos como el de cenas.
En cocina, una docena de profesionales se encarga de mantener el nivel de calidad, adaptando la carta según la temporada y la disponibilidad de productos.
Vinos y proyección internacional
La oferta vinícola combina referencias locales con denominaciones de origen nacionales e internacionales, buscando equilibrar identidad y diversidad.
Betancort señala que el vino de Lanzarote ha mejorado notablemente y puede competir en calidad con otras regiones, aunque reconoce la necesidad de ofrecer variedad para atender a un público global.
Un proyecto que mira al futuro
El equipo del Castillo de San José afronta el futuro con el objetivo de consolidar su posicionamiento como espacio cultural y gastronómico de primer nivel.
La combinación de patrimonio histórico, propuesta culinaria y vocación de excelencia sitúa al centro en una posición estratégica dentro de la oferta turística de Lanzarote, con la aspiración de alcanzar nuevos reconocimientos sin perder su identidad.