El aula de timple pasa de cinco a más de 40 alumnos y atrae sobre todo a personas adultas

Germán López en el set de El Espejo Canario en la Escuela Municipal de Música, Danza y Teatro de Telde

Germán López en el set de El Espejo Canario en la Escuela Municipal de Música, Danza y Teatro de Telde

Germán López destaca el valor social de una enseñanza flexible que permite cumplir el sueño de aprender el instrumento sin exámenes ni aspiraciones profesionales.

El timplista y profesor de la Escuela Municipal de Música, Danza y Teatro de Telde Germán López explica que el aula específica de timple comienza con «cuatro o cinco alumnos» y cuenta actualmente con «40 o 42». El músico recibe la propuesta de crearla como «un regalo», ya que permite enseñar el instrumento como solista y no únicamente dentro de una parranda o un grupo folclórico. Su alumnado reúne a personas de distintas edades y procedencias, aunque predominan los adultos.

Muchos estudiantes llegan después de posponer durante décadas su deseo de tocar. «Yo no me quiero morir sin aprender a tocar el timple», le confiesan personas que ya concluyen su vida laboral o terminan de criar a sus hijos. López afirma que inicialmente acuden con pudor por no poseer conocimientos musicales, pero progresan gracias al «cariño» y el «corazón» que dedican a las clases. La escuela les ofrece una formación no reglada, sin exámenes ni programas rígidos, adaptada a quienes no desean convertirse en profesionales.

El profesor destaca la participación de más de una veintena de alumnos en una actividad del proyecto Isla de Timple celebrada en la ermita de San Pedro Mártir. Mientras López conduce una charla sobre la historia y evolución del instrumento, los estudiantes interpretan las piezas musicales e incluso continúan ensayando por iniciativa propia una vez finalizadas las clases. «La música sirve para unir, es un arma de construcción masiva», sostiene. A su juicio, el entusiasmo por aprender, la convivencia y la cohesión del grupo deben ocupar un lugar central en la enseñanza.

Un instrumento universal

López reivindica el legado de su maestro José Antonio Ramos, con quien comienza a estudiar a los cinco años. «José está muy vivo, su legado está muy vivo», afirma. El músico defiende el timple como un instrumento universal capaz de dialogar con otras culturas sin renunciar al folclore, sus raíces ni su historia. Recuerda que Ramos impulsa el primer timple electroacústico y posteriormente el primer modelo MIDI, innovaciones que facilitan su incorporación a bandas y grandes escenarios: «Lo importante muchas veces no está en el instrumento, sino en las personas que lo tocan».

Esa apertura lleva a López a realizar siete giras por Estados Unidos, con actuaciones en espacios como el Lincoln Center de Nueva York, además de dos recorridos por China y conciertos en numerosos países europeos. Paralelamente, mantiene su vocación docente y desarrolla proyectos como Un timple en mi cole. En el ámbito discográfico presenta Maridaje, grabado junto al pianista Augusto Báez y compuesto para propiciar «volver a la calma, mirar un poco hacia adentro, reflexionar». El artista define el resultado como «un trabajo muy honesto» concebido para acompañar momentos de sosiego.