El sismólogo y director del Instituto Geográfico Nacional en Canarias, Itahiza Domínguez, explica que el repunte sísmico indica movimiento de fluidos, pero descarta señales de una intrusión magmática.
El sismólogo y director del Instituto Geográfico Nacional en Canarias, Itahiza Domínguez Cerdeña, afirma que los últimos enjambres sísmicos registrados en el entorno del Teide forman parte de un repunte de actividad iniciado en febrero, aunque insiste en que no hay señales que apunten a una erupción a corto plazo. Explica que en aquel mes se detectaron «siete enjambres sísmicos seguidos en un par de semanas» y que en las últimas semanas se ha producido «un pequeño repunte», con un nuevo episodio similar, aunque «de menor intensidad».
Domínguez señala que la clave está en interpretar conjuntamente los datos sísmicos, la deformación del terreno y las emisiones de gases. En este momento, subraya que «no hay deformación rápida del terreno» y, por tanto, «no hay una intrusión magmática». Añade que los terremotos registrados son muy pequeños, generalmente de magnitud inferior a 1 o alrededor de 2, y «nada comparable con lo que vivimos en La Palma», donde antes de la erupción hubo seísmos sentidos por la población, deformaciones de varios centímetros en pocos días y emisiones de gases.
El responsable del IGN indica que la actividad volcánica sí ha aumentado respecto a años anteriores y que no ha vuelto a los niveles previos a febrero, pero precisa que este episodio no modifica la evaluación científica actual. «No hay un cambio en la probabilidad de erupción a corto plazo», afirma, aunque recalca que hay que mantener la vigilancia porque no se sabe cuánto durará el proceso ni qué evolución puede tener a medio o largo plazo.
Las señales que preocuparían
Domínguez explica que uno de los indicadores más importantes sería que los terremotos empezaran a migrar hacia la superficie. Actualmente, señala, se localizan a unos 10 o 12 kilómetros de profundidad, bajo la base de la isla de Tenerife. Si esos movimientos se desplazaran hacia arriba, con magnitudes superiores, deformación rápida del terreno y emisiones de gases más relevantes, entonces sí podrían indicar una evolución distinta del sistema volcánico.
El sismólogo recuerda que una eventual erupción en Tenerife no tendría por qué producirse en el Teide. Afirma que «lo más probable» sería una erupción basáltica y estromboliana en alguna de las dorsales de la isla, especialmente hacia Teno o hacia La Esperanza. También aclara que el aumento de CO2 en el cráter del Teide no implica que una futura erupción vaya a producirse en el sistema central, sino que esa zona funciona como una vía natural de salida de gases. Por eso pide acudir a fuentes oficiales frente a rumores o interpretaciones alarmistas: «La información oficial siempre viene de las cuentas oficiales».