➤ «El Cuyás es un teatro ultraperiférico, con lo que todo eso significa» ➤ «No programo solo lo que me gusta» ➤ «En Gran Canaria, y en todas las islas, hay compañías excelentes»
El director artístico del Teatro Cuyás, Gonzalo Ubani, afirma que afronta la nueva temporada del recinto grancanario desde la convicción de que un teatro público debe atender a públicos diversos, con gustos, edades y expectativas diferentes. «No tenemos público, tenemos públicos», señala al explicar una programación que combina teatro de texto, clásicos, comedia, danza contemporánea, nombres conocidos y producciones que, a su juicio, tienen calidad suficiente para responder a esa pluralidad.
Ubani cumple 25 años vinculado al Teatro Cuyás y asegura que no se arrepiente de haber aceptado aquel encargo. «En ningún momento, al contrario, soy la persona más feliz del mundo», afirma. El director artístico recuerda que llega al teatro para sustituir a Borja Puyol, entonces adjunto a la dirección, y que asume la responsabilidad artística tras la marcha de Manuel Gutiérrez en 2004.
El responsable del Cuyás vincula esa trayectoria a una idea de arraigo personal y cultural en Canarias. Dice que, después de un cuarto de siglo en la isla, se siente profundamente unido a un territorio en el que ha conocido a creadores y amigos ya desaparecidos, como José Antonio Ramos, Manolo Vieira, Alexis Ravelo o Lola Campos Herrero. «Nos sentimos muy arraigados», afirma, antes de señalar que ese vínculo pesa ya tanto como sus propios lugares de origen.
Ubani subraya que dirigir un teatro como el Cuyás exige saber exactamente dónde se está. «Somos un teatro ultraperiférico, con lo que todo eso significa», afirma. Esa condición obliga, según explica, a trabajar con mucha antelación, a prever costes y a resolver una logística especialmente compleja para traer espectáculos desde la Península, con transporte marítimo, aduanas y escenografías que deben llegar con margen suficiente para poder montarse.
Una temporada pensada con mucha antelación
La nueva temporada 2026-2027 del Teatro Cuyás comienza a mediados de septiembre, después de las fiestas del Pino, con una primera parte que se prolonga hasta finales de enero. Ubani explica que esta primera entrega incluye 14 espectáculos, antes de una segunda fase que irá de febrero a junio. La programación completa responde, según indica, a un trabajo de seguimiento continuo de proyectos, compañías, repartos y producciones.
El director artístico afirma que muchas obras deben contratarse antes incluso de su estreno. Esperar a verlas en escena puede significar llegar tarde, porque las agendas ya están cerradas o las producciones tienen una vida limitada. «Si esperas a que se estrene, ya vas tarde», señala. Por eso insiste en la importancia de tener «las antenas muy bien puestas» y de conocer no solo lo que va a pasar, sino también «lo que parece que va a pasar».
Entre los títulos destacados de la nueva temporada, Ubani menciona «Malquerida», con Aitana Sánchez-Gijón y «un reparto asombroso», como espectáculo inaugural. Afirma que, si hubiera esperado a su estreno en el Teatro Español, ya no habría podido incorporarlo a la programación del Cuyás. «Hay que programarlas, hay que ponerles fecha a ciegas», dice, aunque matiza que no se trata de una apuesta sin fundamento, porque los «mimbres» de la producción permiten prever su interés.
También destaca «El barbero de Picasso», una obra que considera llamada a funcionar bien por la combinación de texto, producción y reparto. Ubani subraya la presencia de Antonio Molero y Pepe Viyuela, así como la autoría de Borja Ortiz de Gondra, Premio Lope de Vega de Teatro, a quien el Cuyás programa por primera vez. La define como una producción «muy limpia, muy bonita y muy bien hecha» del Teatro Español.
Programar para públicos distintos
Ubani afirma que no programa únicamente aquello que le gusta a él, sino aquello que puede tener sentido dentro de un teatro público. «No programo solo lo que me gusta», señala. A su juicio, el Cuyás debe atender tanto a quienes buscan ver a intérpretes reconocidos como a quienes prefieren teatro clásico, danza contemporánea o comedias más populares. La dificultad, reconoce, está en intentar contentar «al menos» a casi todos, porque hacerlo con todos resulta imposible.
El director artístico defiende que esa diversidad no implica rebajar la exigencia. Sostiene que el compromiso del Cuyás es ofrecer espectáculos de calidad, aunque no todos respondan al mismo gusto. «No sé si te va a gustar o no, pero que es bueno, te lo garantizo», resume al explicar la línea de programación del teatro.
Ubani asegura que el prestigio acumulado por el Cuyás facilita hoy la llegada de compañías y producciones que antes había que convencer. Recuerda que traer a Mikhail Baryshnikov en 2002 fue una inversión simbólica y técnica, porque permitió demostrar que el teatro estaba preparado para asumir espectáculos de gran exigencia. «Nunca fue un gasto, sino que fue una inversión», afirma, al señalar que aquella visita abrió puertas ante compañías que dudaban de las posibilidades técnicas del recinto.
El director artístico también explica que el Cuyás no alquila la sala para actividades artísticas ajenas a su programación. Dice que sí puede acoger congresos u otro tipo de actos no artísticos, pero no conciertos o espectáculos programados por terceros. La razón, afirma, es preservar una línea reconocible ante el público: quien se sienta en la sala no tiene por qué distinguir si aquello forma o no parte de la responsabilidad artística del teatro.
El coste de traer cultura a Canarias
Ubani señala que la primera parte de la temporada tiene un coste aproximado de entre 330.000 y 335.000 euros en cachés, es decir, en honorarios para las compañías por los espectáculos contratados. Recuerda, sin embargo, que ese importe no refleja el coste real de programar en Canarias, porque al caché hay que sumar transporte de carga, desplazamientos del personal, alojamiento y otros gastos derivados de la lejanía.
El director artístico afirma que, en un teatro situado en una ciudad peninsular, muchas compañías podrían desplazarse por carretera y regresar a dormir a casa. En Canarias, en cambio, la producción se encarece de forma notable. «A mí el caché, no es que no me importe, pero es que a mí me importa mucho más la pasta que estoy calculando antes de haber producto el caché», señala para explicar que el coste logístico puede duplicar la inversión inicial.
Pese a ello, Ubani defiende que la cultura sigue siendo barata en relación con su impacto. Las entradas del Cuyás, indica, tienen precios políticos, con un máximo de 23 euros y tarifas inferiores que pueden llegar hasta los seis euros. El objetivo, afirma, es que el acceso al teatro no dependa exclusivamente de la capacidad económica del espectador.
El responsable del Cuyás admite que el público normalmente no piensa en todo ese coste cuando se levanta el telón, ni tiene por qué hacerlo. Lo importante, señala, es que la función empiece a su hora y que el espectáculo esté a la altura. Pero insiste en que detrás de cada obra hay una maquinaria económica y logística compleja, especialmente en un territorio insular.
La escena canaria, en igualdad de condiciones
Ubani afirma que una de las cosas de las que se siente más orgulloso en sus 25 años en el Teatro Cuyás es haber visto crecer, y en algunos casos nacer, a compañías canarias de gran nivel. «Aquí en esta isla y en este archipiélago hay compañías excelentes», asegura. A su juicio, la calidad de actores, autores y creadores de Canarias está al mismo nivel que la de muchos espectáculos que llegan desde la Península.
El director artístico rechaza la idea de programar a las compañías locales como si fueran una cuota menor o un espacio separado. Señala que en otros territorios los teatros se ven obligados a reservar bloques específicos para compañías locales que no siempre están al nivel del resto de la programación, pero afirma que ese no es el caso de Canarias. «No es el caso», insiste.
Ubani destaca también la fortaleza de la creación literaria y escénica en las islas. Recuerda una experiencia vinculada a un aniversario del Cuyás, cuando se quiso elaborar un recital con poetas canarios y la selección se volvió casi imposible por la cantidad de autores disponibles. «Aquí poetas hombres y mujeres hay para aburrir», afirma, al subrayar la dimensión del talento poético en Canarias.
En ese contexto, valora el trabajo de creadoras como Rosa Escrich, de quien destaca proyectos como «Supersaurio» y «Polígono». Sobre esta última obra, que ve en el Teatro Guiniguada, afirma que le parece «un proyecto maravilloso» y «una delicia», y se muestra abierto a que pueda tener recorrido en el Cuyás, aunque recuerda que Escrich ya mantiene una relación frecuente con el teatro y con otros espacios escénicos de la isla.
Un edificio con historia y posibles mejoras
Ubani recuerda que el Teatro Cuyás procede de una antigua sala de cine adaptada, lo que condiciona algunas de sus posibilidades técnicas. Señala que tiene un foso, pero de dimensiones limitadas, más adecuado para repertorios pequeños que para grandes formaciones orquestales. Por eso explica que, cuando el Teatro Pérez Galdós estuvo cerrado y el Cuyás acogió ópera, hubo que resolver montajes muy complejos en un espacio que no estaba originalmente concebido para ello.
El director artístico reconoce que el edificio tiene ya años y que hay aspectos que deben renovarse. Entre las posibles mejoras, menciona el cambio del patio de butacas para colocarlas en tresbolillo y mejorar la visibilidad. Explica que no se trata de una intervención imposible, aunque implicaría perder algunas localidades.
Ubani considera que el Cuyás conserva una fuerte carga emocional para muchos espectadores, tanto por su etapa como cine como por su consolidación posterior como teatro. Recuerda que Las Palmas de Gran Canaria tiene una larga tradición musical, operística y teatral, reforzada por el paso histórico de grandes compañías e intérpretes antes de cruzar hacia América.
El director artístico sostiene que esa cultura teatral se percibe desde el inicio de la nueva etapa del Cuyás. Afirma que existe un público «ávido» de propuestas culturales, capaz de llenar salas y de acudir a actividades muy distintas cada fin de semana. Para Ubani, esa respuesta confirma que el teatro no trabaja en el vacío, sino en una ciudad con memoria escénica y con una demanda cultural real.