Rosa Escrig: «En Canarias hay muchísimos escenarios y muchísimo público para el teatro»

Equipo y elenco de 'Supersaurio' | Foto: Teatro Cuyás

Equipo y elenco de 'Supersaurio' | Foto: Teatro Cuyás

➤ «Sin embargo, hay un problema de falta de cultura teatral ➤ «La historia de muchos barrios siempre se cuenta desde el estigma» ➤ «Se están escribiendo grandes textos de teatro en las islas»

La directora, dramaturga y actriz Rosa Escrig denuncia la falta de programación estable para las producciones teatrales canarias pese al buen momento creativo de la escena isleña. La autora reivindica el recorrido de Supersaurio, la dimensión social de Polígono y el nivel alcanzado por intérpretes, compañías y dramaturgos en Canarias.

Rosa Escrig afirma que adaptar Supersaurio, la novela de Mergen El Medati, supone «un reto» y una decisión «muy kamikaze», porque la obra original tiene un lenguaje muy afilado, una estructura compleja y un universo generacional marcado por la precariedad, el humor ácido y el desencanto. La directora explica que, cuando Ángulo Producciones le encarga la dirección, se pregunta cómo llevar a escena una novela que transcurre durante varios años y que relata el ascenso de una joven dentro de un supermercado.

La creadora señala que la solución que encuentra es convertir la propuesta en un musical contemporáneo, alejado de los modelos convencionales. «Si queremos hacer un musical tipo Broadway, no va a funcionar porque ni hay presupuesto, ni somos Broadway, ni tiene que ver nada con nuestra propuesta», afirma. Por eso, defiende que la obra tenía que moverse en otros lenguajes, más próximos a la electrónica, el rap, el hip-hop o el trap.

Escrig dice que tanto ella como Nacho Martín, responsable del espacio sonoro, trabajan las letras con la intención de respetar al máximo la novela. Afirma que Supersaurio cuenta con muchos lectores fieles y que eso obliga a cuidar el material original. «Había que respetarlo», sostiene, al explicar que las canciones permiten introducir en la obra aspectos sociales de la novela que no encajaban fácilmente en el hilo dramático principal, como la vivienda, el turismo o el transporte.

La directora sostiene que esas canciones funcionan como una vía para mantener el tono ácido de la obra sin reducirla a una historia juvenil convencional. Afirma que había partes de la novela que «dramaturgicamente no servían para contar la historia», pero que resultaban fundamentales para conservar su mirada crítica. «Las canciones nos servían como excusa perfecta», señala.

La falta de programación

Escrig rechaza que el problema del teatro canario sea la falta de espacios o la ausencia de público. «Hay muchísimos escenarios y hay muchísimo público», afirma. A su juicio, el bloqueo se encuentra en la falta de voluntad política para programar producciones locales y en una cultura institucional que no siempre confía en los proyectos cercanos.

La dramaturga sostiene que existe «un problema de falta de cultura teatral» y lamenta que muchas obras canarias se queden en el camino pese a su calidad. Señala que programar teatro infantil o traer espectáculos de circuitos nacionales suele resultar más cómodo para muchas instituciones que apostar por una obra creada en las islas y vinculada al territorio.

La autora afirma que este problema se agrava cuando los proyectos nacen desde una perspectiva local o comunitaria, porque muchas veces no se entiende su alcance hasta que ya han demostrado su valor. «Cuánto más hay que hacer para que te programen», se pregunta, al referirse al recorrido de Polígono, obra finalista de los Premios Max y reconocida también en los Premios Réplica.

Escrig sostiene que la escena canaria sufre todavía un complejo que lleva a valorar más lo que viene de fuera que lo que se produce en las islas. Por eso considera especialmente importante que Polígono haya recibido reconocimiento estatal. «Desde fuera nos han dado esta palmadita en la mano diciendo, oye chicos, felicidades», afirma.

Polígono y la memoria de Jinámar

La directora explica que Polígono nace tras dos años de trabajo con testimonios de vecinos y vecinas, especialmente de los primeros residentes del barrio de Jinámar. La obra se apoya también en la tesis La isla interior, de Federico González Ramírez, un trabajo que, según afirma, cambia por completo la dirección del proyecto que estaba escribiendo inicialmente.

Escrig afirma que se enamora de esa historia porque permite contar no solo Jinámar, sino también la realidad de muchos barrios construidos en la periferia a finales de los años ochenta. Sostiene que el caso de Jinámar conecta con otras experiencias similares, como las Tres Mil Viviendas, el Pozo del Tío Raimundo o la Cañada Real, porque todas comparten una misma lógica de alejamiento, concentración de población vulnerable y falta de servicios.

La autora recuerda que muchas familias llegan a viviendas más amplias que las que habían tenido antes, pero se encuentran con un barrio levantado «en mitad de la nada», sin agua, luz, colegios, servicios sanitarios, comercio de proximidad ni transporte. Por eso cita la definición de Federico González Ramírez y habla de «una isla dentro de una isla».

Escrig señala que Polígono combina memoria vecinal, realismo mágico, humor, surrealismo y elementos de ciencia ficción. Explica que la obra parte de la llegada de un astronauta norteamericano al barrio, vinculado a la estación de la NASA en Maspalomas, y lo cruza con la historia de vecinos que participan en un movimiento comunitario que culmina en la manifestación de 1984, cuando marchan desde Jinámar hasta la capital para exigir mejoras.

Una deuda con los barrios

La dramaturga defiende que Polígono debería representarse en el Teatro Pérez Galdós porque los vecinos de Jinámar tienen derecho a ver su historia en un escenario central de la ciudad. Afirma que Las Palmas de Gran Canaria mantiene una deuda simbólica con esos barrios, cuya memoria se ha contado demasiadas veces desde la marginalidad.

«La historia de estos barrios siempre se cuenta desde el estigma», afirma. Escrig sostiene que también hay que contarla desde la experiencia de la gente trabajadora, de quienes hacen lo que pueden con lo que tienen alrededor y luchan por mejorar su comunidad. Rechaza que la mirada sobre estos espacios se limite a figuras como «el matado o el drogadicto» y reivindica otra forma de narrar la periferia.

La autora explica que Polígono moviliza a un equipo amplio, con nueve actores, una menor, técnicos y vecinos que acompañan el espectáculo. Señala que, pese a haber realizado varias funciones y haber salido ya a Tenerife y Fuerteventura, la obra todavía no ha tenido el recorrido que debería en el conjunto de las islas.

Escrig afirma que este tipo de producciones suelen girar al menos por todos los territorios del archipiélago y lamenta que todavía haya municipios que no la hayan programado. Aun así, destaca que el público que la ve la abraza y la aplaude, porque conecta con una memoria colectiva que no pertenece solo a Jinámar, sino a muchas periferias.

El nivel del teatro canario

La directora sostiene que Canarias vive un momento de gran calidad teatral, tanto en la escritura como en la interpretación. Afirma que iniciativas como Canarias Escribe Teatro contribuyen a mejorar los textos y a consolidar una generación de autores con propuestas más ambiciosas y reconocibles.

«Se están escribiendo grandes textos de teatro aquí en Canarias», afirma. Escrig sostiene que esa mejora no surge de forma espontánea, sino de un proceso de años en el que también resulta clave la profesionalización de la profesión y el papel de la Escuela de Actores de Canarias.

La dramaturga defiende que el teatro canario puede compararse sin complejos con el que se hace en otras comunidades autónomas, incluida Madrid. «No tenemos que tener ningún tipo de miedo porque nos podemos comparar a quien sea», afirma.

Escrig concluye que el nivel de los actores ha subido de forma extraordinaria y que también han crecido la calidad de los textos, las ideas y la ambición escénica. «Somos gente buena, somos buenos», afirma, al reivindicar una escena canaria que, a su juicio, solo necesita más confianza institucional y más programación.