Purificación Muñoz, radióloga de Hospitales Universitarios San Roque, aclara que la ecografía es una técnica complementaria, desmonta los principales mitos sobre la mamografía y recuerda la importancia de los controles periódicos.
La radióloga Purificación Muñoz, de la Unidad de Imagen de Mama de Hospitales Universitarios San Roque en Vegueta, afirma que la mamografía continúa siendo el método principal para el estudio de la patología mamaria dentro de los programas de cribado. Señala que no existe una prueba “totalmente o únicamente fiable”, pero subraya que las sociedades científicas sitúan la mamografía como la herramienta fundamental para la detección precoz.
Muñoz explica que la ecografía tiene un papel importante, pero siempre complementario. Su utilidad aumenta en mujeres con mamas densas, una situación más frecuente en pacientes jóvenes o premenopáusicas, donde puede mejorar la detección de algunas lesiones. Sin embargo, advierte de que es una técnica dependiente del operador y que puede generar falsos positivos, por lo que “nunca se debe utilizar la ecografía como el primer método en el cribado poblacional”.
La especialista indica que ambas pruebas aportan información distinta. La mamografía detecta buena parte de los cánceres más frecuentes, especialmente carcinomas ductales y lesiones con microcalcificaciones, mientras que la ecografía permite diferenciar mejor entre lesiones sólidas y líquidas, valorar quistes, nódulos benignos y la región axilar, además de ayudar en los llamados cánceres ocultos o de intervalo.
Dolor, radiación y edad de los controles
Purificación Muñoz sostiene que uno de los mitos más frecuentes es que la mamografía es una prueba dolorosa. Aclara que puede producir una molestia puntual durante unos segundos, pero insiste en que suele ser tolerable y que el beneficio de someterse al cribado supera ampliamente ese malestar breve. “El beneficio que genera realizarse una mamografía es mucho mayor”, afirma.
La radióloga también desmonta el temor a la radiación. Señala que la dosis recibida en una mamografía digital o en una tomosíntesis es “mínima” e “insignificante”, y recuerda que el riesgo de no someterse al cribado es muy superior al asociado a la prueba. Según explica, la radiación equivale aproximadamente a la exposición ambiental recibida durante un periodo limitado de días.
Muñoz recuerda que las recomendaciones sitúan el cribado poblacional, con carácter general, a partir de los 40 años y hasta los 75, con controles anuales o bienales según las características de cada paciente. Añade que las mujeres mayores de 75 años con buen estado de salud también deben seguir controlándose, y que en pacientes con alto riesgo familiar puede adelantarse el seguimiento alrededor de diez años respecto a la edad habitual de inicio.