François Moreno, tesorero del Consejo de la Juventud de Canarias, advierte de que la emancipación juvenil en Canarias se sitúa en torno al 15,5% y que tener empleo ya no garantiza poder abandonar el hogar familiar.
La juventud canaria no solo estudia y trabaja, sino que aun así continúa atrapada en casa de sus familias porque no encuentra una vivienda a la que poder acceder. Es el diagnóstico que realiza François Moreno, tesorero del Consejo de la Juventud de Canarias, a partir del último informe del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, que sitúa la tasa estatal de emancipación juvenil en el 14,5%, el dato más bajo desde que existen registros.
El representante juvenil señala que en Canarias la tasa se coloca ligeramente por encima, en torno al 15,5%, pero advierte de que esa cifra debe leerse con cautela porque incluye también a jóvenes llegados de fuera que se empadronan en las islas. Moreno sostiene que, para conocer la realidad específica de la juventud nacida en Canarias, habría que desagregar los datos y distinguir entre quienes han crecido en el archipiélago y quienes se incorporan después al padrón canario.
Una emergencia que ya ha comenzado
Moreno rechaza que se trate solo de una posible emergencia social y afirma que esa emergencia «ya ha empezado». Recuerda que la tasa de riesgo de pobreza afecta al 29,5% de la población joven en Canarias y que el paro juvenil ronda el 18%, datos que, a su juicio, obligan a las administraciones a actuar con estrategias específicas y urgentes.
El tesorero del Consejo de la Juventud de Canarias atribuye el desplome de la emancipación a la combinación de dos factores: un mercado laboral precario y un mercado de la vivienda inaccesible. Afirma que la juventud canaria es la generación más preparada, pero continúa atrapada en empleos de baja calidad, con ingresos insuficientes para hacer frente a alquileres que se mueven con frecuencia entre los 900 y los 1.200 euros mensuales.
Moreno señala que un joven en Canarias percibe de media unos 11.600 euros netos anuales, una cifra incompatible con las condiciones habituales que exige el mercado del alquiler: varias nóminas, ingresos superiores a 1.400 euros y garantías adicionales. Según expone, una persona joven que quisiera alquilar sola una vivienda en Canarias tendría que destinar el 126,1% de su sueldo, lo que convierte la emancipación individual en una posibilidad prácticamente imposible.
Tener trabajo ya no basta
El representante juvenil subraya que uno de los cambios más graves es que trabajar ha dejado de ser garantía de autonomía. «Tener empleo ya no es suficiente», afirma Moreno, que recuerda que cerca del 19% de los jóvenes ocupados sigue en situación de pobreza. Esa realidad, añade, impide construir un colchón económico, genera incertidumbre y afecta directamente a la salud mental.
Moreno vincula la falta de emancipación con la imposibilidad de desarrollar un proyecto vital propio. Señala que sin acceso a la vivienda se aplazan decisiones como vivir en pareja, formar una familia o planificar un futuro estable. Incluso advierte de casos de jóvenes de 30 o 33 años que, tras años intentando sostener un alquiler, se ven obligados a regresar a casa de sus padres porque la renta sube mientras el salario permanece congelado.
El tesorero del Consejo de la Juventud resume esa transformación social con una imagen: antes se hablaba de los «ninis», jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban; ahora, dice, aparecen los «sisis», jóvenes que sí estudian y sí trabajan, pero que aun así tienen que quedarse en casa porque no encuentran dónde irse.
Vivienda turística, barrios expulsivos y fuga de juventud
Moreno señala que la presión turística y el alquiler vacacional agravan la situación en Canarias. Afirma que muchos pisos que antes podían destinarse al alquiler residencial han salido del mercado y que esa dinámica aumenta la presión sobre los barrios, especialmente en las zonas más céntricas, no solo en los espacios turísticos tradicionales.
Según expone, los jóvenes canarios se ven expulsados de sus entornos y obligados a desplazarse hacia zonas más alejadas o, directamente, a plantearse la salida de la isla. Moreno advierte de que esta dinámica alimenta una fuga de juventud que empobrece socialmente al archipiélago y dificulta la retención del talento formado en Canarias.
El representante juvenil también destaca la brecha entre quienes cuentan con apoyo económico familiar y quienes no disponen de esa red. Señala que el acceso al alquiler depende cada vez más de avales, nóminas acumuladas y respaldo familiar, por lo que un joven sin esa ayuda queda prácticamente fuera del mercado.
Emanciparse a los 30, compartiendo vivienda
Moreno describe el perfil del joven que logra emanciparse en Canarias como una persona de unos 30 o 31 años, con empleo, estudios superiores y varios años de ahorro acumulado. Pero puntualiza que ya no se ahorra para la entrada de una vivienda en propiedad, sino incluso para poder afrontar los primeros pagos de un alquiler.
Además, explica que la emancipación rara vez se produce en solitario. Lo habitual es compartir vivienda con otra persona, y en muchos casos con más de dos. Moreno apunta que emanciparse en pareja empieza a parecer casi un escenario ideal, mientras se normalizan fórmulas de convivencia de tres o cuatro personas para poder asumir los costes.
A su juicio, esta situación traslada también la frustración al entorno familiar. Las familias ven que sus hijos se han formado, trabajan y se esfuerzan, pero continúan sin oportunidades reales para salir adelante. Moreno insiste en que no se trata de falta de voluntad individual, sino de un bloqueo estructural.
Más parque público y ayudas pensadas para el acceso
El Consejo de la Juventud de Canarias reclama aumentar el parque público de vivienda en régimen de alquiler y ajustar las ayudas públicas al verdadero problema: el acceso inicial a una vivienda. Moreno valora medidas como la reserva del 20% de las promociones públicas para jóvenes, pero considera que siguen siendo insuficientes.
Critica que muchas ayudas al alquiler exijan tener ya una vivienda o haber residido en ella durante un tiempo, cuando precisamente la principal dificultad es acceder al contrato. «¿Cómo puede un joven canario solicitar la ayuda de vivienda si no tiene esa vivienda?», plantea. Moreno sí destaca que el Bono Joven Canario permite solicitar la ayuda antes de disponer de la vivienda y presentar después la documentación, aunque señala que esta lógica no siempre se aplica en convocatorias de cabildos y ayuntamientos.
El representante juvenil insiste en que no basta con conceder pequeñas ayudas económicas para pagar el alquiler si no aumenta la disponibilidad real de viviendas. A su juicio, las políticas públicas deben orientarse a ampliar la oferta, regular mejor el uso del suelo, favorecer la construcción de vivienda y mejorar la calidad del empleo.
Cambiar empleo, vivienda y uso del suelo
Moreno afirma que para dejar de hablar de récords negativos dentro de cinco años será necesario actuar de forma coordinada en varios frentes. Defiende cambiar políticas de uso del suelo, permitir una mayor construcción de viviendas y desarrollar mejores políticas de empleo para transformar los trabajos precarios en empleos sólidos capaces de retener el talento canario.
El tesorero del Consejo de la Juventud advierte de que Canarias sigue creciendo en población mientras el territorio continúa siendo el mismo, por lo que reclama una planificación realista. Sostiene que no basta con aumentar el número de viviendas si al mismo tiempo falla el empleo, y tampoco basta con mejorar el empleo si no hay vivienda accesible.
Moreno concluye que la emancipación juvenil se ha convertido en uno de los grandes problemas sociales de Canarias porque afecta al presente y al futuro de toda una generación. Jóvenes formados, trabajadores y con voluntad de desarrollar un proyecto de vida propio se encuentran bloqueados por salarios insuficientes, alquileres inasumibles y una oferta de vivienda cada vez más estrecha.