El Parlamento canario aborda el papel de la imagen y el protocolo en la comunicación institucional

Juan Luis Maury-Verdugo | Foto: EEC

Juan Luis Maury-Verdugo | Foto: EEC

El jefe de Protocolo del Parlamento de Canarias, Juan Luis Maury-Verdugo, defiende que la imagen, la comunicación no verbal y la organización de los actos son claves para transmitir respeto y cercanía.

El jefe de Protocolo del Parlamento de Canarias, Juan Luis Maury-Verdugo García, afirma que el protocolo, la comunicación y la imagen institucional son herramientas esenciales para proyectar credibilidad, respeto y coherencia en la vida pública. La Cámara autonómica acogió recientemente una jornada de la Asociación Española de Protocolo centrada en la comunicación, la imagen y las relaciones institucionales, con especial atención al papel del lenguaje visual en los actos públicos.

Maury-Verdugo explica que la jornada forma parte de la actividad periódica de la Asociación Española de Protocolo, que cuenta con delegación territorial en Canarias, y que tiene entre sus objetivos mantener el contacto entre profesionales, favorecer la formación continua y compartir conocimientos en un ámbito que evoluciona al ritmo de la sociedad.

La imagen como primer mensaje

El jefe de Protocolo del Parlamento de Canarias sostiene que la imagen es el primer mensaje que se transmite en cualquier relación interpersonal. Afirma que, antes incluso de que una persona hable, ya comunica algo a través de su presencia, su vestimenta, sus gestos y su manera de situarse en un espacio institucional.

Por ello, considera especialmente importante cuidar la imagen en el ámbito público. No se trata, según indica, de una cuestión superficial, sino de una parte fundamental de la comunicación institucional. La forma en la que se reviste un acto, el ceremonial que lo acompaña y la manera en que participan sus protagonistas contribuyen a construir la percepción que la ciudadanía tiene de las instituciones.

Maury-Verdugo señala que el protocolo ayuda a ordenar esa comunicación y a dotarla de coherencia. La imagen institucional, afirma, debe estar alineada con aquello que se representa, porque en un acto público no comparece solo una persona, sino también la institución a la que pertenece.

Más allá de los actos oficiales

El responsable de Protocolo recuerda que, en sentido estricto, el protocolo se refiere a la norma regulada, especialmente en lo relativo a la ordenación de autoridades, las precedencias y otros aspectos formales. Sin embargo, admite que el término se ha ampliado y se utiliza también para hablar de buenas maneras, comportamiento social, etiqueta y formas de relación.

Maury-Verdugo explica que puede hablarse incluso de un protocolo social cuando se aplican determinadas normas de comportamiento en bodas, actos familiares o encuentros sociales. En el terreno oficial, en cambio, existen ámbitos con reglas específicas, como el eclesiástico, el militar, el judicial o el académico.

Aun así, afirma que todos ellos comparten una base común: la preparación del acto, la organización, la definición de un esquema y la adecuación de cada elemento al contexto. Las diferencias aparecen en las normas propias de cada ámbito, especialmente en cuestiones de precedencia, vestimenta o ceremonial.

La responsabilidad del anfitrión

Maury-Verdugo sostiene que no es necesario que todos los invitados a un acto tengan conocimientos de protocolo, pero sí es obligación del organizador facilitarles la información necesaria. El anfitrión debe indicar de forma clara la etiqueta adecuada, el desarrollo previsto del acto, la ubicación de las autoridades y, en su caso, el orden de las intervenciones.

El jefe de Protocolo del Parlamento explica que la labor profesional consiste precisamente en anticipar esas cuestiones para que el acto se desarrolle con naturalidad. El anfitrión conoce y valida el diseño general, pero los detalles técnicos quedan en manos de los responsables de protocolo.

En su opinión, una buena organización evita incomodidades y permite que cada persona sepa qué se espera de ella. Esa previsión es especialmente importante en actos oficiales, donde la colocación, los saludos, las intervenciones y la imagen general forman parte del mensaje institucional.

Comunicar en una sociedad inmediata

Maury-Verdugo afirma que el protocolo y las relaciones institucionales cobran aún más importancia en un contexto político y social polarizado. A su juicio, cualquier acto público debe prepararse teniendo en cuenta que también debe comunicarse y proyectarse adecuadamente.

El responsable de Protocolo señala que las redes sociales y las nuevas tecnologías han cambiado el ritmo de los actos institucionales. La inmediatez obliga a pensar no solo en lo que ocurre en la sala, sino también en cómo se retransmite, se fotografía, se comparte y se interpreta fuera de ella.

Advierte de que, en la actualidad, si un acto no se comunica casi en tiempo real, puede parecer que no ha existido. Por eso, insiste en que la preparación, el desarrollo y la difusión deben estar coordinados para que el mensaje llegue de forma clara y correcta.

El valor de la comunicación no verbal

El jefe de Protocolo del Parlamento destaca la importancia del lenguaje corporal en la comunicación institucional. Afirma que las posturas, la forma de caminar, la manera de sentarse, los gestos, las expresiones faciales y el contacto físico transmiten información sobre una persona y sobre lo que representa.

Maury-Verdugo señala que la comunicación no verbal influye directamente en la credibilidad. Un saludo, un apretón de manos, un abrazo o la distancia con otra persona pueden reforzar o debilitar el mensaje que se quiere trasladar.

Por ello, defiende que los representantes públicos deben ser conscientes de que comunican en todo momento. No solo lo hacen cuando intervienen ante un micrófono, sino también cuando escuchan, esperan, saludan o se relacionan con otros asistentes.

Tradición, modernidad y adecuación

Maury-Verdugo considera que la tradición institucional puede convivir con la modernidad y la cercanía, siempre que se respete la adecuación al contexto. Afirma que la vestimenta no debe entenderse únicamente como una cuestión personal, sino también como una forma de expresar lo que se representa y el lugar en el que se está.

El jefe de Protocolo sostiene que no es lo mismo acudir a un acto social informal que asistir a un acto oficial en una institución pública. En cada caso, la forma de vestir y comportarse debe responder a las circunstancias concretas.

También advierte de que se puede fallar tanto por defecto como por exceso. Una vestimenta demasiado informal puede resultar inadecuada en un acto solemne, pero un traje riguroso y excesivamente formal también puede desentonar en un encuentro social más relajado. La clave, afirma, está en saber adaptarse al entorno.

Una herramienta al servicio de la institución

Maury-Verdugo defiende que el protocolo no es rigidez ni mero formalismo, sino una herramienta para ordenar la vida institucional y facilitar la relación entre personas, cargos e instituciones. Su función, afirma, es ayudar a que los actos transmitan respeto, claridad y coherencia.

El jefe de Protocolo del Parlamento de Canarias considera que este trabajo resulta especialmente importante en instituciones que representan a toda la ciudadanía. En ellas, cada gesto, cada imagen y cada decisión organizativa contribuyen a reforzar o debilitar la confianza pública.

La jornada celebrada en el Parlamento de Canarias permitió, según explica, reflexionar sobre esa dimensión comunicativa del protocolo y sobre la necesidad de actualizar conocimientos en una sociedad en la que la imagen institucional se proyecta de manera inmediata y permanente.