El enólogo Miguel Ángel Arellano defiende una elaboración respetuosa con la uva y el territorio, en un contexto de vendimias cada vez más tempranas y condiciones climáticas cambiantes.
El enólogo de la bodega Stratvs, Miguel Ángel Arellano, explica que su labor comienza en el campo y se extiende durante todo el año, aunque la vendimia marca el momento clave del proceso.
«Lo que te traen del campo hay que tratarlo como se merece e intervenir lo menos posible», señala, destacando la importancia de preservar las cualidades naturales de la uva.
Arellano defiende el uso de levaduras autóctonas y rechaza técnicas que puedan «enmascarar» el vino, apostando por reflejar la identidad del suelo y del territorio.
Vendimias más tempranas y nuevos gustos
El enólogo indica que las vendimias se están adelantando debido al aumento de las temperaturas y a la evolución del gusto del consumidor.
«Ahora se buscan vinos más ligeros», explica, lo que obliga a recoger la uva antes para mantener una mayor acidez y reducir el grado alcohólico.
Variedades y singularidad insular
La bodega trabaja principalmente con malvasía volcánica, una variedad que Arellano describe como «muy aromática» y bien adaptada al entorno de Lanzarote.
También cultivan listán blanco y negro, así como otras variedades como Diego o Syrah, aunque el objetivo es mantener un producto diferenciado: «No podemos competir en precio, tenemos que vender algo original», afirma.
El peso del clima y el suelo volcánico
Arellano subraya que las condiciones climáticas son determinantes en la producción. La escasez de lluvias o la humedad de los alisios influyen directamente en la viña.
«La cepa vive muchas veces de la humedad que aportan los vientos», explica, recordando que el viñedo de Lanzarote está adaptado a condiciones extremas.
Además, destaca que el entorno volcánico aporta características únicas al vino, como la salinidad y la mineralidad.
Una cosecha prometedora
De cara a la campaña actual, el enólogo se muestra optimista y apunta a una «cosecha histórica», con abundancia de uva en las parras.
No obstante, advierte de riesgos como el mildiu, una enfermedad que puede afectar al viñedo en condiciones de humedad y temperatura elevadas.
Un trabajo duro y artesanal
Arellano describe el trabajo en la viña lanzaroteña como «casi medieval», debido a la dureza del terreno y a la necesidad de realizar muchas tareas de forma manual.
«Es un trabajo muy duro», afirma, subrayando las dificultades que implica cultivar en un paisaje volcánico, pero también el valor añadido que aporta al producto final.
El enólogo concluye que la clave está en respetar el origen y aprovechar la singularidad de Lanzarote para ofrecer vinos con personalidad propia.