Paloma Tudela, responsable del Área de Educación del Tenerife Espacio de las Artes (TEA), defiende que la función pedagógica es «fundamental» dentro de cualquier institución cultural
El área educativa del TEA actúa como puente entre las exposiciones y la ciudadanía con talleres, visitas y programas inclusivos que buscan romper el miedo al arte actual y acercarlo a escolares, familias y colectivos diversos.
Paloma Tudela, responsable del Área de Educación del Tenerife Espacio de las Artes (TEA), defiende que la función pedagógica es «fundamental» dentro de cualquier institución cultural. «El departamento de educación es el que hace de nexo entre la institución y los públicos», afirma.
Su equipo se encarga de diseñar estrategias para que los contenidos del museo, ya sean exposiciones, colecciones o actividades, conecten con perfiles muy distintos de visitantes. «Buscamos la manera de generar programas que establezcan comunicación entre el museo y los públicos, porque hay muchísimos tipos de públicos», explica.
Educar para acercar
Aunque el término pueda sonar académico, Tudela lo reivindica sin complejos. «Me gusta mucho la palabra educación porque es una herramienta para cambiar las cosas», dice.
En la práctica, esa labor se traduce en dos líneas principales: por un lado, facilitar el acceso al lenguaje del arte contemporáneo, que a menudo resulta lejano; por otro, utilizar las propias obras como herramientas educativas en contextos escolares o sociales.
«Puedes tener las mejores obras del mundo, pero si no se establece una conexión con el público, no sirven de nada», resume.
Escolares, familias y diversidad funcional
El programa abarca desde visitas de centros educativos —un público «cautivo», como ella misma reconoce— hasta actividades para familias, talleres de fin de semana, recorridos comentados o iniciativas dirigidas a personas con discapacidad.
«Trabajamos con distintos grados y tipos de discapacidad y usamos las obras como herramientas para la educación», detalla.
El reto consiste en adaptar el discurso a cada grupo. «A lo mejor en una mañana pasas de niños de cinco años a estudiantes de arquitectura o a personas con autismo. Tienes que cambiar el chip constantemente», señala.
Para ella, más allá de la formación académica, son claves las habilidades humanas: saber comunicar, empatizar y generar confianza.
Romper el miedo al arte contemporáneo
Uno de los objetivos centrales es desmontar prejuicios. Tudela detecta que muchas personas no visitan museos de arte actual porque creen que «no es para ellas».
«El arte contemporáneo es el arte de ahora, habla de los problemas y las cuestiones que nos afectan hoy», insiste.
A su juicio, parte del rechazo nace del desconocimiento. «En el instituto apenas se llega a las vanguardias históricas. Si lo último que conoces es Picasso, que murió en 1973, hay un desfase enorme», explica.
Por eso, el equipo contextualiza, traduce conceptos y actúa como mediador. «Si utilizas un lenguaje que nadie ha explicado, no puedes pedir al público que conecte», añade.
Pequeñas victorias
Aunque muchos alumnos acuden obligados, la satisfacción llega cuando alguno cambia de actitud. «Si consigues enganchar a uno o a una, ya merece la pena. Esa sensación te dura semanas», confiesa.
Esas «pequeñas victorias» son las que alimentan su vocación. «A mí me dicen de dirigir un museo y digo que no. Prefiero esto. Me encanta lo que hago», asegura.
Arte para entender el presente
Tudela subraya que no se trata de imponer gustos, sino de generar comprensión y respeto. «Puede que no te guste una obra, igual que no te gusta un tipo de música, pero si entiendes de qué habla, la respetas», afirma.
Frente a los grandes maestros del pasado, reivindica el papel de los creadores actuales. «Leonardo da Vinci es maravilloso, pero no hablaba de los problemas de hoy. Los artistas contemporáneos sí», concluye.
Desde esa convicción, el Área de Educación del TEA continúa actuando como puerta de entrada a un museo que aspira a ser, más que un espacio expositivo, un lugar cotidiano para la ciudadanía.