El timplista Germán López indica que no se puede «amar ni valorar lo que se desconoce», por lo que el primer paso es que el alumnado entre en contacto con el instrumento.
La enseñanza del patrimonio musical canario da otro paso con la puesta en marcha del proyecto piloto Un timple en mi cole, una iniciativa impulsada por la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias que incorpora al timplista Germán López como docente colaborador. El objetivo es claro: acercar el timple al alumnado de Educación Infantil y Primaria como parte viva de la identidad cultural del archipiélago y convertirlo en un recurso educativo cotidiano dentro del currículo escolar.
El timple entra en el aula
López explica que el proyecto nace desde el área de innovación educativa y patrimonio, con la voluntad de introducir el timple en el horario lectivo de música, no como una actividad puntual o complementaria, sino como parte del trabajo habitual del centro. «Yo me adapto al horario del colegio y entro en el aula con el profesorado de música», señala, destacando que el proyecto incluye también formación para los docentes, de manera que puedan continuar el trabajo cuando él no está presente.
El timplista subraya que esta integración es clave para que el instrumento deje de percibirse como algo ajeno o excepcional y pase a formar parte de la experiencia educativa diaria del alumnado.
Identidad, tradición y futuro
Para Germán López, el timple es uno de los grandes elementos identitarios de Canarias y su presencia en la escuela es una forma de garantizar su continuidad. «Si queremos que forme parte de la sociedad, tiene que entrar desde la base, desde la educación de los más pequeños», afirma.
El proyecto no se limita al aprendizaje técnico del instrumento, sino que se utiliza para acercar al alumnado al repertorio tradicional, a las costumbres y a la memoria familiar vinculada a la música popular. López destaca que el timple sirve también como instrumento «universal», capaz de integrarse en distintas efemérides y actividades del curso escolar, más allá del folclore estrictamente tradicional.
Curiosidad y descubrimiento
El timplista reconoce que no todo el alumnado parte del mismo interés por el instrumento, pero considera que ese es precisamente uno de los grandes retos del proyecto. «Uno no puede amar algo que desconoce», dice, insistiendo en la importancia del primer contacto.
Según relata, el momento en que los niños y niñas tienen el timple en las manos y hacen música juntos suele ser revelador. «Es muy bonito ver sus caras cuando descubren que pueden expresarse a través de la música», afirma, convencido de que esa experiencia deja una huella, independientemente de que en el futuro sigan o no vinculados al instrumento.
Un recurso educativo estable
López defiende que el timple debería tener una presencia estable en el currículo educativo canario, al igual que durante décadas la tuvo la flauta dulce. En ese sentido, valora el esfuerzo de la administración por dotar a los centros de instrumentos y por implicar a lutieres de las islas en su fabricación, garantizando que el proyecto tenga una base material sólida.
«No tiene sentido un proyecto educativo sin timples en las aulas», señala, destacando que esta apuesta institucional es imprescindible para que la iniciativa tenga continuidad y pueda extenderse a otros centros y a otras islas.
Música, emoción y convivencia
Más allá del patrimonio cultural, Germán López pone el acento en el valor emocional y social de la música. Afirma que tocar el timple favorece la expresión, la convivencia y el bienestar del alumnado, y cita ejemplos cotidianos como interpretar el Cumpleaños feliz en clase cuando un compañero cumple años. «Eso no va a pasar en ningún otro lugar del mundo», dice, reivindicando la singularidad del instrumento.
Para el timplista, la música no solo transmite tradición, sino que crea comunidad y genera experiencias compartidas que refuerzan los vínculos entre los estudiantes.
Un proyecto con vocación de continuidad
Aunque Un timple en mi cole se desarrolla este curso como proyecto piloto en varios centros de Las Palmas de Gran Canaria, López confía en que pueda ampliarse progresivamente al conjunto del archipiélago. «Ojalá tenga una larga vida y todos podamos disfrutar del timple durante muchos años», afirma.
Convencido de que en las aulas de hoy pueden estar los músicos del mañana, Germán López ve en esta iniciativa una oportunidad para sembrar identidad, creatividad y amor por la música canaria desde la infancia.