Una psicóloga alerta del impacto de las redes sociales en la autoestima de menores y pide limitar su uso

Redes sociales | Foto: Pixabay

Redes sociales | Foto: Pixabay

Daida Hernández advierte de que la exposición temprana a plataformas digitales afecta al desarrollo emocional, favorece la ansiedad y fomenta una dependencia basada en la aprobación externa.

La psicóloga Daida Hernández señala que las redes sociales se han convertido en un «escaparate» que influye directamente en la construcción de la autoestima, especialmente en niños y adolescentes. Explica que uno de los pilares del autoconcepto es la autoimagen y que la exposición continua a vidas idealizadas provoca comparaciones constantes con modelos irreales.

Según expresa, a diferencia de generaciones anteriores —que se comparaban con su entorno cercano— los jóvenes actuales lo hacen con personas de todo el mundo, lo que incrementa la presión estética y emocional. 

Señales de alerta en menores

Hernández indica que existen indicadores que pueden advertir de que la autoestima está siendo dañada, como la incapacidad para mostrarse sin filtros, la ansiedad, el insomnio o cambios en la conducta. Añade que en niños pequeños estas señales pueden manifestarse de forma indirecta, por ejemplo mediante hábitos nerviosos o dificultades emocionales.

Subraya la importancia de la comunicación familiar para detectar estos problemas, ya que sin diálogo resulta difícil conocer cómo viven los menores su experiencia digital.

La trampa de los likes

La especialista afirma que los sistemas de aprobación social —me gusta, seguidores o comentarios— generan un refuerzo inmediato similar al de conductas adictivas. Explica que los jóvenes pueden terminar vinculando su valor personal a esa respuesta externa, lo que debilita la autoestima y fomenta la necesidad constante de validación.

En su opinión, este mecanismo empuja a muchos usuarios a proyectar una imagen que no se corresponde con la realidad para obtener reconocimiento. 

Exposición temprana y cerebro inmaduro

Hernández considera que los menores no están preparados para gestionar la sobreinformación y los estímulos digitales. Señala que la corteza prefrontal —responsable del autocontrol— no termina de desarrollarse hasta bien entrada la juventud, lo que dificulta autorregular el tiempo de uso o resistir el atractivo de las plataformas.

Por ello, sostiene que la exposición precoz acelera ciertos procesos sin implicar una verdadera madurez emocional, sino una sobrecarga de estímulos para la que el cerebro aún no está preparado.

Contenidos inapropiados y riesgos añadidos

La psicóloga advierte también del acceso temprano a contenidos adultos, incluida la pornografía, que puede distorsionar la educación afectivo-sexual y adelantar procesos emocionales. Además, alerta sobre la hipersexualización y la presión estética que sufren especialmente las niñas en redes sociales.

Considera que estos factores, sumados al uso comercial de la imagen de menores, constituyen un problema que debería estar regulado con mayor firmeza. 

Adicción digital y dificultad para desconectar

Hernández explica que el uso de la tecnología puede convertirse en adicción cuando sustituye otras actividades cotidianas, genera ansiedad al desconectarse o provoca miedo a quedarse fuera de lo que ocurre en línea. Añade que muchas personas utilizan las pantallas como regulador emocional para evitar afrontar problemas o emociones incómodas.

También advierte de que el consumo continuo de contenidos breves entrena al cerebro para buscar recompensas inmediatas, lo que reduce la capacidad de atención y aumenta la sensación de aburrimiento ante tareas más prolongadas.

Claves para familias y prevención

Como recomendaciones, la psicóloga propone que los padres se informen sobre las plataformas que utilizan sus hijos, establezcan límites de uso y ofrezcan alternativas de ocio no digital. Asimismo, insiste en la necesidad de fomentar la comunicación y de actuar como modelo, ya que los menores imitan el comportamiento de los adultos.

Hernández concluye que la tecnología no es negativa en sí misma, pero sí requiere educación, límites y reflexión social sobre el tipo de relación que se desea mantener con ella. A su juicio, la prevención es la mejor herramienta para evitar problemas de salud mental derivados del uso excesivo de redes sociales.