El presidente de la Fundación Canaria El Buen Samaritano, Pepe Hernández, alerta del aumento de jóvenes y personas en extrema vulnerabilidad, reclama una mejor planificación pública y defiende los pisos tutelados como una vía eficaz de integración social.
El presidente y fundador de la Fundación Canaria El Buen Samaritano, Pepe Hernández, advierte de que la entidad atraviesa un momento de fuerte sobrecarga asistencial. La fundación atiende de forma estable a unos 160 jóvenes y, en la actualidad, acompaña además a cerca de 30 chicos en situación de extrema vulnerabilidad, muchos de ellos recién cumplidos los 18 años y abocados a la calle tras salir del sistema de protección de menores.
Hernández explica que numerosos jóvenes rechazan ser derivados a otros territorios donde no tienen vínculos ni redes de apoyo, lo que incrementa la presión sobre los recursos sociales en Canarias y agrava su situación de inseguridad y miedo.
La mayoría de edad, un punto crítico
Uno de los principales problemas, según relata, se produce al alcanzar la mayoría de edad. La falta de claridad en las fechas de nacimiento y los procedimientos administrativos provoca que muchos jóvenes queden de un día para otro fuera del sistema, sin alternativa habitacional ni respaldo familiar. «Se genera un comienzo de año especialmente duro, con chicos desesperados buscando un lugar donde poder estar», señala.
Desde la fundación se trabaja para ofrecer una respuesta inmediata, aunque reconoce que los recursos son limitados frente a una demanda creciente.
Acompañamiento jurídico y formación
El trabajo de la entidad se centra en itinerarios de inserción a medio y largo plazo. Hernández detalla que el acompañamiento comienza con la regularización jurídica y administrativa, un proceso que puede prolongarse durante años. Paralelamente, la fundación ofrece formación profesional básica, aprendizaje del idioma y desarrollo de habilidades personales, con el objetivo de facilitar el acceso al empleo cuando la situación legal lo permite.
Este proceso implica una permanencia mínima de dos años en los recursos de la entidad, hasta que los jóvenes logran cierta estabilidad económica que les permita emanciparse.
Más organización y menos confrontación política
Para Pepe Hernández, el principal fallo no es la falta de recursos, sino la ausencia de planificación y coordinación. Considera que existe margen para gestionar mejor la realidad migratoria y social si hubiera mayor voluntad política y cooperación entre administraciones y tercer sector. «No se trata de parches ni de decisiones de emergencia, sino de diseñar una estrategia estable», subraya.
También critica los discursos alarmistas y de rechazo que, a su juicio, alimentan la xenofobia y distorsionan la realidad. Recuerda que la mayoría de estas personas llegan con el objetivo de trabajar y contribuir, no de delinquir.
Los pisos tutelados, un modelo que funciona
Uno de los proyectos clave de la fundación es la gestión de pisos tutelados o de autonomía. Actualmente, la entidad acompaña 14 hogares en los que los jóvenes viven de forma independiente, con seguimiento educativo y social continuo. El modelo fomenta la responsabilidad, la convivencia y la preparación para la emancipación definitiva.
Hernández destaca que la experiencia demuestra que, con pocos medios pero con acompañamiento constante, es posible avanzar hacia la integración social sin conflictos vecinales ni problemas de convivencia.
Una llamada a la corresponsabilidad
El presidente de la Fundación Canaria El Buen Samaritano concluye con un mensaje directo a instituciones y ciudadanía: entender que formamos «una sola familia humana». A su juicio, asumir esa idea permitiría avanzar hacia políticas más eficaces y una sociedad más cohesionada, donde ninguna persona quede abandonada a la exclusión.