El Gobierno central quiere combatir la soledad prolongada, que afecta a un 13,5% de personas

La Organización Mundial de la Salud ya advierte de que estamos ante un problema que puede convertirse en una cuestión de salud pública | Foto: Pixabay

La Organización Mundial de la Salud ya advierte de que estamos ante un problema que puede convertirse en una cuestión de salud pública | Foto: Pixabay

La presidenta del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, Matilde Fernández, explica que la aprobación del Marco Estratégico supone el primer paso para abordar un fenómeno que afecta a millones.

La presidenta del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, Matilde Fernández, explica que la aprobación del Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026-2030 supone el primer paso para abordar de forma coordinada un fenómeno que afecta a millones de personas en España. La nueva estrategia, aprobada por el Consejo de Ministros, busca detectar, prevenir y combatir las distintas formas de aislamiento social que afectan tanto a personas mayores como a jóvenes, personas con discapacidad o cuidadores. 

Fernández señala que el plan pretende coordinar a las distintas administraciones públicas y reforzar las iniciativas comunitarias para afrontar una realidad que, según los estudios disponibles, tiene cada vez mayor impacto social y sanitario.

Un fenómeno cada vez más visible

La presidenta del observatorio explica que la soledad no deseada afecta a una parte significativa de la población española. «La suma de los estudios de prevalencia nos habla de un 20% de personas que sienten soledad con mayor o menor intensidad», afirma.

Sin embargo, advierte de que el dato más preocupante es el de quienes sufren esta situación durante largos periodos de tiempo. «En torno a un 13,5% de personas sienten soledad durante más de dos años y ahí ya hay que empezar a ocuparse además de preocuparse», expresa.

Según señala, las causas y manifestaciones de este fenómeno varían según el entorno social. En las zonas rurales, explica, la soledad afecta con mayor frecuencia a los jóvenes, mientras que en las grandes ciudades el problema se concentra especialmente en las personas mayores.

También destaca que la situación se intensifica entre quienes viven solos tras la pérdida de la pareja o cuando los hijos abandonan el hogar. «A partir de los 75 u 80 años muchas personas se quedan solas porque enviudan o porque el núcleo familiar se dispersa», indica.

Un problema con impacto en la salud

Fernández subraya que la soledad no deseada no solo tiene consecuencias emocionales, sino también sanitarias y económicas. «La Organización Mundial de la Salud ya advierte de que estamos ante un problema que puede convertirse en una cuestión de salud pública», afirma.

Explica que las personas que sufren aislamiento social recurren con mayor frecuencia a los servicios sanitarios y consumen más medicamentos, especialmente relacionados con trastornos depresivos o ansiedad. «Muchas veces, en lugar de una pastilla, bastaría con dinámicas de grupo o actividades comunitarias», sostiene.

Además, señala que la soledad prolongada también tiene impacto en el ámbito laboral. «Cuando se cronifica puede provocar bajas laborales, reducciones de jornada o incluso excedencias», indica, lo que termina repercutiendo en la productividad económica.

Los cuatro ejes de la estrategia

El Marco Estratégico Estatal de las Soledades se articula en torno a cuatro grandes líneas de actuación consensuadas entre las administraciones públicas y organizaciones sociales.

Fernández explica que el primer eje se centra en la coordinación institucional y en el desarrollo de herramientas para medir y evaluar las políticas públicas destinadas a combatir la soledad.

El segundo eje apuesta por reforzar el tejido comunitario y las redes sociales de proximidad. «La soledad se combate haciendo comunidad, haciendo barrio y fortaleciendo los vínculos entre las personas», afirma.

El tercer ámbito de actuación se centra en reforzar las políticas sociales de proximidad, como los servicios de ayuda a domicilio o los recursos comunitarios de apoyo.

Finalmente, la estrategia incluye un cuarto eje orientado a continuar investigando el fenómeno y sus causas, con el objetivo de mejorar las respuestas institucionales.

Colectivos especialmente vulnerables

La presidenta del observatorio señala que el fenómeno de la soledad afecta a colectivos muy diversos, lo que obliga a diseñar políticas diferenciadas.

Uno de los grupos especialmente afectados es el de las personas con discapacidad. Fernández explica que este colectivo reclama una mayor inclusión social y educativa, así como el desarrollo de tecnologías accesibles que faciliten la participación social.

«Las personas con discapacidad insisten en que rompamos los estigmas y aprendamos a ponernos en los zapatos de los demás», afirma, señalando que la integración en la escuela, la universidad o el trabajo sigue siendo un reto pendiente.

También advierte de que los jóvenes experimentan niveles de soledad superiores a los que tradicionalmente se atribuían a las personas mayores, lo que ha llevado a realizar estudios específicos sobre la juventud.

Desigualdad y exclusión social

Fernández señala que la soledad está estrechamente relacionada con las desigualdades económicas y sociales. «Las personas que no llegan a fin de mes o que están en desempleo sienten más soledad que quienes tienen estabilidad», afirma.

Asimismo, indica que existen brechas de género, generacionales y territoriales en la experiencia de la soledad. «Hay más rostro de mujer en la soledad, tanto en edades jóvenes como en edades avanzadas», explica.

Otros factores que aumentan el riesgo de aislamiento son el fracaso escolar, el acoso escolar o la falta de integración de personas migrantes o con orientaciones sexuales diversas.

Recuperar la vida comunitaria

Para Fernández, una de las claves para afrontar este fenómeno pasa por reforzar la cultura comunitaria y la participación social. En su opinión, muchas de las estructuras tradicionales de convivencia se han debilitado con el paso del tiempo.

«Desde la asociación vecinal hasta el centro cultural o los medios de comunicación locales, todo eso forma parte de la vida comunitaria y hay que apoyarlo», afirma.

En ese sentido, considera que la lucha contra la soledad implica también fortalecer la democracia participativa y el tejido social de los barrios.

Pedir ayuda sin estigma

Fernández reconoce que todavía existe un cierto estigma social a la hora de reconocer la soledad o pedir ayuda. Según explica, muchos estudios muestran que las personas tardan en solicitar apoyo profesional.

«Cuando las personas piden ayuda las cosas empiezan a resolverse», señala, animando a recurrir a profesionales de la salud mental o a los recursos comunitarios disponibles.

Un horizonte para 2030

De cara a los próximos años, Fernández confía en que la estrategia permita mejorar el conocimiento del fenómeno y reducir las desigualdades que lo alimentan.

«En 2030 deberíamos demostrar que hemos ayudado a reducir las brechas económicas, sociales y generacionales que generan soledad», afirma.

En su opinión, el objetivo final debe ser construir sociedades más cohesionadas, donde las personas cuenten con redes de apoyo y participación que reduzcan el aislamiento y fortalezcan los vínculos sociales.