El informe revela un sistema que funciona en la atención básica, pero presenta déficits en áreas especializadas, desigualdades territoriales y problemas de acceso para los colectivos más vulnerables.
El primer diagnóstico y análisis multisectorial de los servicios sociales en Canarias concluye que el sistema responde en su nivel más básico, pero arrastra carencias estructurales que limitan su desarrollo pleno y su capacidad de respuesta a situaciones complejas.
Un sistema que funciona en lo básico, pero con límites
La investigadora principal del estudio, Celsa Cáceres Rodríguez, señala que los servicios sociales «funcionan en el primer nivel», ofreciendo información y ayudas económicas a la población.
Sin embargo, advierte de importantes déficits en ámbitos especializados como la dependencia o la atención a personas con discapacidad. «Hemos identificado una serie de debilidades que se pueden ir solventando», explica, en referencia a la distancia existente entre la práctica actual y los objetivos de la ley de 2019.
Falta de inversión y condiciones laborales
Uno de los principales problemas detectados es la insuficiencia de recursos. Cáceres afirma que el sistema «necesita mayor inversión» para mejorar tanto las condiciones laborales de los profesionales como la calidad de la atención.
En este sentido, subraya que el personal trabaja en condiciones «no ideales», con limitaciones en salarios, formación o clima laboral, lo que repercute directamente en la capacidad de intervención.
Dificultades de acceso para los más vulnerables
El estudio pone el foco en las barreras de acceso que afectan a colectivos como las personas sin hogar o en situación de exclusión. «Hay personas que ni siquiera conocen que tienen derecho a recibir acompañamiento», indica Cáceres.
Para revertir esta situación, considera imprescindible reforzar el trabajo comunitario y aumentar las plantillas, de modo que se puedan detectar necesidades sobre el terreno.
Desigualdades entre territorios
El diagnóstico también evidencia disparidades entre islas y municipios. «Cada ayuntamiento tiene su propia impronta», señala la investigadora, lo que se traduce en diferencias en la organización y en aspectos como las condiciones salariales del personal.
Esta fragmentación dificulta la homogeneidad del sistema y pone de relieve la necesidad de una mayor coordinación entre administraciones.
Retrasos en dependencia y nuevos retos
En el ámbito de la dependencia, el informe confirma problemas ya conocidos, como las listas de espera. «Hay un retraso importante», afirma Cáceres, quien apunta a la necesidad de una revisión profunda del sistema.
Asimismo, introduce nuevos desafíos como la soledad no deseada, una realidad que emerge como demanda social, aunque todavía no está incorporada formalmente en la cartera de servicios.
Falta de planificación y exceso de urgencia
La investigadora advierte de una dinámica centrada en la respuesta inmediata. «Si nos quedamos solo en lo urgente, abandonamos lo importante», afirma.
Esta situación impide abordar los problemas de manera estructural, lo que provoca que muchas situaciones se repitan y cronifiquen.
Profesionales comprometidos y usuarios satisfechos
A pesar de las limitaciones, el sistema se sostiene en el compromiso de sus profesionales y en una percepción moderadamente positiva por parte de los usuarios. «Puntúan al sistema con un 5,8», señala Cáceres.
La investigadora destaca que esta valoración refleja una labor de contención eficaz, aunque advierte de que muchos usuarios no tienen alternativas, lo que condiciona su percepción.
Necesidad de datos y coordinación
Entre las recomendaciones, el estudio plantea la creación urgente de un sistema de información unificado y una historia social única. «Necesitamos datos para poder planificar sobre evidencias», subraya.
Sin estos instrumentos, advierte, el sistema seguirá funcionando de forma reactiva y sin capacidad de anticipación.
Refuerzo de plantillas en primera línea
Finalmente, el informe insiste en la necesidad de aumentar el personal en atención primaria. Cáceres apunta que la ratio actual es claramente insuficiente, lo que limita la intervención en profundidad. «El personal de primera línea es en este momento insuficiente», concluye.