La presidenta de la asociación, Mari Carmen Bonfante, advierte de los retrasos en las pruebas diagnósticas, la elaboración de informes y las intervenciones quirúrgicas, y reclama una reorganización del sistema sanitario que evite la angustia y los riesgos para las pacientes.
La presidenta de la Asociación de Cáncer de Mama de Tenerife (Ámate), Mari Carmen Bonfante, denuncia en El Espejo Canario los retrasos que sufren las pacientes oncológicas para acceder a pruebas diagnósticas, recibir sus resultados y someterse a intervenciones quirúrgicas. Según explica, el proceso puede prolongarse hasta cinco meses desde la aparición de los primeros síntomas hasta la operación. Una espera que considera especialmente preocupante en una enfermedad cuya evolución puede ser rápida y en la que el tiempo resulta determinante para el tratamiento.
Bonfante señala que uno de los principales problemas se encuentra en la elaboración de los informes de las pruebas radiológicas. Muchas pacientes acuden a sus revisiones con el especialista sin que estén disponibles los resultados de las exploraciones que ya se han realizado. Esto impide a los oncólogos valorar la evolución de la enfermedad y decidir posibles modificaciones del tratamiento. «La doctora le dice pues no puedo hacerte nada porque no sé cómo cambiarte el medicamento, ni sé cómo cambiarte el tratamiento», relata. La consecuencia es que las mujeres deben presentar reclamaciones y esperar una nueva cita.
Meses de incertidumbre
La presidenta de Ámate describe un recorrido asistencial en el que se acumulan las demoras: primero para conseguir una consulta de atención primaria, después para acceder al especialista, posteriormente para realizar las pruebas y recibir sus informes y, finalmente, para obtener fecha de intervención quirúrgica. Según sus estimaciones, el diagnóstico puede demorar tres meses o más y la operación otros dos. «No saben lo que estamos pasando nosotros en cinco meses. Es desolador», afirma.
Bonfante advierte también del sufrimiento psicológico que generan estas esperas, especialmente entre las mujeres que temen que su enfermedad esté avanzando mientras aguardan resultados. Explica que algunas pacientes necesitan medicación para dormir y que otras viven pendientes de cualquier cambio en su cuerpo. Insiste, no obstante, en que sus críticas no se dirigen a los profesionales sanitarios, cuya dedicación elogia, sino a la organización del sistema. «El personal es, vamos, fantástico todos. Pero luego el sistema no funciona», sostiene.
Reclama cambios en la organización sanitaria
La representante de Ámate reconoce que el Hospital Universitario de Canarias está adoptando algunas medidas para mejorar la situación, entre ellas la contratación de personal de radiología y la externalización de la elaboración de determinados informes diagnósticos. Confía en que estas iniciativas reduzcan los tiempos de espera, pero reclama una reorganización más profunda y cuestiona que la dirección de los hospitales dependa de criterios políticos.
Bonfante distingue estas deficiencias del funcionamiento del programa de detección precoz, que valora positivamente. Su preocupación, en este ámbito, se centra en las mujeres que no acuden a las mamografías cuando reciben la convocatoria. Según señala, alrededor del 25 % no se presenta a estas pruebas, en ocasiones por obligaciones familiares o porque no perciben síntomas. Por ello, insiste en la importancia de acudir a las revisiones y aprovechar los recursos gratuitos de prevención.
La presidenta de Ámate recuerda que la asociación acompaña a las pacientes, interviene ante las direcciones hospitalarias cuando se producen situaciones especialmente graves y las anima a presentar reclamaciones. Considera que esas quejas son necesarias para que las administraciones identifiquen los problemas y adopten soluciones. «La fuerza la tenemos nosotras», afirma, convencida de que las pacientes deben seguir exigiendo una atención sanitaria que no añada sufrimiento a la enfermedad.