Una Venezuela golpeada por la tragedia y por el desmoronamiento del Estado

La UME en Venezuela | Foto: Ministerio de Defensa

La UME en Venezuela | Foto: Ministerio de Defensa

El profesor universitario Virgilio Armas afirma que la población se siente abandonada por las autoridades y que la devastación ha dejado una profunda huella humana en Caracas y La Guaira.

El profesor universitario venezolano Virgilio Armas afirma que Caracas vive aún bajo el impacto humano de la tragedia registrada en La Guaira, con la llegada de damnificados y heridos a la capital y con testimonios que, según señala, reflejan una situación especialmente dura entre las víctimas. «Una de las cosas que más me ha pegado es que hay mucha gente amputada», afirma, aludiendo a personas que quedaron atrapadas bajo toneladas de cemento.

Armas señala que en los centros de acopio se percibe una fuerte hostilidad hacia las autoridades, porque muchos afectados consideran que no se está facilitando la ayuda. Asegura que hay denuncias de confiscación de material reunido para los damnificados y de obstáculos para acceder a la zona del desastre. En su opinión, la tragedia ha puesto al descubierto «el desmoronamiento» del Estado venezolano y su pérdida de capacidad institucional y de coordinación.

Voluntarios, escombros y templanza

El profesor explica que, aunque Caracas no sufrió la destrucción más grave, sí presenta una afectación masiva en edificios, con paredes dañadas, escaleras deterioradas, pisos comprometidos y posibles daños estructurales. Añade que cuadrillas de ingenieros voluntarios están revisando inmuebles y que numerosas personas han tenido que abandonar sus viviendas y dormir en parques o plazas hasta que se determine si pueden regresar con seguridad.

Armas subraya que la forma más inmediata de ayudar es colaborar en los centros de acopio, organizando donaciones, distribuyéndolas y cargándolas en camiones, mientras que las labores de búsqueda y retirada de escombros requieren especialización y conllevan riesgos. Relata que intentó sumarse como voluntario a la remoción de escombros en tres edificios derrumbados cerca de su vivienda, pero no pudo hacerlo por las restricciones y la peligrosidad de la tarea.

El profesor admite que la situación está pasando factura emocional a quienes, aunque no han sufrido directamente la tragedia, permanecen pendientes de las noticias, las redes sociales y los testimonios de conocidos fallecidos. Aun así, defiende la necesidad de mantener la calma y la templanza: «Los que no sufrimos directamente la tragedia estamos precisamente para ayudar».