Reclaman que Educación aparte del aula a una profesora por descalificaciones, gritos y conductas que en nada beneficia el desarrollo de los menores.
José Ángel García, padre de uno de los alumnos afectados del CEIP La Rambla, en Santa Cruz de Tenerife, denuncia que varias familias llevan tiempo advirtiendo de la conducta de una docente del centro, a la que atribuyen descalificaciones, gritos, trato autoritario y comportamientos que, según afirma, afectan especialmente a niños de nueve y diez años, incluidos menores con necesidades específicas. García sostiene que la situación ha sido trasladada tanto a la dirección del colegio como a la Consejería de Educación y pide que la profesora sea apartada del aula y destinada a otras funciones.
Un proyecto inclusivo cuestionado por la práctica diaria
García comienza su intervención subrayando que es «un acérrimo defensor de la escuela pública» y que valora el proyecto inclusivo del CEIP La Rambla, al que considera «maravilloso». Explica que el centro trabaja con un modelo en el que niños con diversidad funcional comparten aula con otros alumnos «de una manera muy natural», algo que, en su opinión, forma parte de una educación en valores que merece ser protegida.
Sin embargo, afirma que la actuación de esta docente «no encaja con ese modelo». Según relata, la profesora descalifica y ningunea a los alumnos, especialmente a aquellos que por sus necesidades especiales hacen las tareas de manera distinta o necesitan más tiempo. García asegura que se producen comentarios como «tú no sabes leer» y que en ocasiones se aparta a niños de la actividad normal de la clase porque requieren una atención adicional para seguir el ritmo.
El padre sostiene que estas conductas tienen un efecto directo sobre la autoestima de los menores. Recuerda que se trata de niños de nueve o diez años que ya son conscientes de sus dificultades y que se preguntan por qué a ellos les cuesta leer, resolver una multiplicación o aprender las tablas mientras otros compañeros avanzan con más facilidad. Ante esa realidad, afirma, el entorno escolar debería ser «más propicio» y no un espacio en el que alguien «neutraliza a los niños» o los trata con una metodología que, a su juicio, parece «del antiguo régimen».
García explica que muchas familias no quieren dar públicamente su nombre por miedo a represalias o a que sus hijos queden señalados. Indica que algunas temen que sus niños sufran consecuencias dentro del centro y que otras arrastran situaciones familiares que podrían hacerlas parecer conflictivas. Él, en cambio, asegura que habla «como portavoz de los padres» y que comparece «sin miedo» porque lo que dice «no falta a la verdad».
Quejas ante el centro y Educación
El padre afirma que la dirección del colegio conoce la situación «por diferentes canales». Señala que las familias intentaron actuar primero de forma cordial y correcta, dirigiéndose directamente a la docente cuando comprobaron que las conductas se repetían con sus hijos y con otros alumnos. Posteriormente, varios padres trasladaron quejas a la dirección, aunque, según sostiene, algunos correos y reclamaciones fueron respondidos y otros no.
García reconoce que hubo momentos en los que parecía que la situación se había reconducido y que la profesora actuaba de manera correcta con los niños. Pero sostiene que esa mejora fue solo temporal y que después volvieron las descalificaciones y los episodios que los menores no entendían. Entre ellos menciona la ruptura de manualidades delante de los alumnos, acompañada de expresiones como «esto no es lo que yo esperaba».
García confirma que hay alumnos que han abandonado el centro porque sus familias no han encontrado otra solución. «Ella sigue, pero los alumnos se marchan», resume durante la conversación. La petición de los padres es que la Consejería «tome cartas en el asunto» y que la docente deje de impartir clase a estos niños. García plantea que, si las circunstancias del aula la sobrepasan, pueda ser destinada a tareas administrativas u otras funciones, mientras otro profesor asume la atención del grupo. «El proyecto es un proyecto ilusionante, motivador, que iba a las mil maravillas hasta que apareció esta docente en la ecuación», afirma.