Deme igualdad en la nómina

Francisco J. Chavanel

Día de aplausos, celebraciones, felicitaciones, y de alegría de secano… Todo el día igual, sin parar. Encendieras la radio que encendieras, pusieras la televisión que quisieras. Era un homenaje a la mujer, aunque no sé muy bien si sentido o aparente. Cientos de mujeres hablaban de sus vidas, de sus luchas, de sus pequeñas tragedias…, por el hecho de ser mujer tenías un salvoconducto para decirle a todos que en tu día mandabas tú, se decidía lo que tú querías, volvías a ser la reina…

Era como en los peores tiempos. Eras la reina de la casa, la reina de la familia, la reina de la tienda, y la reina que tenía más trabajo que nadie, la que vigilaba y se empeñaba con todas sus fuerzas en sacar a la familia adelante.

Era tu día y dos mujeres más asesinadas. Más o menos como todos los demás años. Crímenes sin castigo en el fondo porque la estadística no miente. Todos los años entre 40 y 50, camino de los cementerios, eliminadas de la misma manera. Mediante un puñal, una pistola, cualquier elemento pesado y tosco que sirva para dejarte sin aliento. Desde hace casi veinte años, la estadística repite los datos. Mueren más o menos el mismo número. Puede que la conciencia de la gente haya aumentado, puede que la conciencia de la mujer haya despertado, pero la conciencia del machista asesino y, sobre todo, aquel que odia todo lo que representa la libertad de la mujer, eso no ha mutado… Y hay que decirlo de una vez: eso es un fracaso.

Pero ese día, el de ayer, también era el día del papel de celofán y de un masajeo continuo, como si te estuvieran haciendo la pelota para que te callaras. Cuántos epítetos absurdos usados a capricho, cuánta exaltación de un heroísmo de heroínas despreciadas, cuánto verbo y cuánto adjetivo soltado con generosidad sospechosa sobre el cuerpo de quienes su existencia es vigilada desde que nacen hasta su muerte. ¿Creemos que utilizando palabras vacías para llenar un hueco profundo, abisal e histórico, vamos a calmar sus ansias de revancha, sus ganas de vivir, sus deseos de ser realmente iguales, vamos a eliminar toda una montaña de pequeñas y grandes distancias que llevan siglos así, inamovibles?

Aparecen Pedro Sánchez e Irene Montero. Ambos, profesando su fe hacia el feminismo, que aquí casi es el holograma de una nueva religión. Sin feminismo, no hay futuro para la humanidad, dice un inflado presidente y le hace un guiño a Montero sobre la ley de igualdad, que saldrá algún día, en esta legislatura, siempre que las pésimas relaciones de PSOE y Podemos aguanten. Sí es sí, dice ella. Sí es no, dice él, refugiado en un reciente informe del CGPJ.

Todos los datos apuntan a que el confinamiento ha supuesto otro grave retroceso para ellas. Es un latigazo mortal para muchos, pero el que sufren ellas aún es superior. Yo creo que ni siquiera hace falta ser feminista para ser justo. La justicia no tiene nada que ver ni con el sexo, ni con el género, ni con las condiciones imperativas de la condición humana. Hacer lo justo en cada momento es no pervertir el equilibrio, es creer en el ser humano, en todos, sean del color que sean, sean del sexo que sean. La igualdad es un derecho democrático y forma parte de la esencia de su creación. No sé qué hacemos siendo demócratas y no intentando ser iguales en nuestros derechos…

Ahora ellas están atontadas de elogios y carantoñas; igual les concedemos un poco de tregua, algo de paz, algo de engaño. Echémosles flores al pasar para que no se irriten, para que no se enfaden, para que aprendan que hay hombres en los que pueden confiar… Este Día de la Mujer es auténticamente agobiante. Tanta gente dándote ánimos y jaleándote, más o menos, la misma que mañana te dará la espalda hasta el año que viene.

Hay formas serias de avanzar, al margen de leyes donde los distintos lobbies feministas aprovechan para tirarse los trastos y dar esa imagen de división que tanto interesa en las cavernas. ¿Para cuándo una decisión del gobierno que conceda un sueldo decente, homologable al salario mínimo interprofesional, para las amas y amos de casa, para el miembro de la pareja que decida quedarse en el hogar a cuidar de los niños, de la familia, de su estabilidad? Esa es una decisión política de calado en favor de la igualdad… Es todo lo que necesitamos: la igualdad que no existe en nuestra convivencia porque las leyes no son iguales para todos…

Tengo más ideas… La brecha salarial entre hombres y mujeres está establecida en 230.000 millones de euros en España, más o menos el 18,5% del PIB. Sí, estamos de acuerdo, es un salto gigante… Pues bien: en esa desproporción se esconde un Everest de malos tratos, de tomar a seres humanos como si fueran esclavos, de robarles oportunidades, de quitarles carreras, autonomía, de hacerlas débiles frente a los que más cobran: los hombres. ¿Por qué no damos un paso en esa dirección? ¿Por qué no nos comprometemos a que hombres y mujeres cobren lo mismo por el mismo trabajo? Eso ayudaría muchísimo a lograr la tan ansiada igualdad. Eso evitaría tanta sardana, tanto baile regional, tanto masaje, tanta lisonja sin sentido, y todo este baile de máscaras en el que deviene el 8M.

Gestos. Hechos. Vamos a lo que importa. Vamos a lograr la igualdad por la vía de decisiones iguales para todos. Sí, ya sé, ahora no se puede hacer. Por la crisis, porque las empresas se mueren poco a poco, porque la palabra ‘esperanza’ ha huido de repente del planeta… Siempre hay un pero en todas las circunstancias donde la mujer puede avanzar de verdad.

Pero eso que se invoca no es cierto. Se puede hacer de dos maneras: o bien subiendo el sueldo de la mujer hasta llegar al sueldo del hombre, o bajando un poquito el del hombre hasta que llegue ahí el de la mujer. Se puede luchar contra la quiebra salarial si se quiere, si el hombre realmente está por la labor, si los que tienen el poder, los machos, se deciden a cogestionarlo con las mujeres, se puede hacer. Cada año, un pasito… No me dé las gracias por ser tan guapa, tan femenina, tan seria y tan buena gente. Deme las gracias en la nómina. Deme poder real, deme igualdad y entonces me creeré toda esta milonga de que somos las mejores un solo día al año.

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