Marcos Gómez Sancho: «La mitad de los españoles no tiene acceso real a cuidados paliativos adecuados»

Marcos Gómez Sancho en los estudios de El Espejo Canario

Marcos Gómez Sancho en los estudios de El Espejo Canario

➤ «Somos el único país de Europa sin una titulación específica en cuidados paliativos» ➤ «La eutanasia no puede ofrecerse si antes no garantizas cuidados paliativos» ➤ «La forma en la que una persona muere determina el duelo de quienes se quedan»

El doctor Marcos Gómez Sancho, introductor de los cuidados paliativos en España y expresidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, advierte de las graves carencias estructurales del sistema sanitario español en la atención al final de la vida. Asegura que, pese a los avances científicos y sociales, España sigue sin garantizar un acceso equitativo a los cuidados paliativos, una situación que considera «incomprensible» y que tiene consecuencias directas en el sufrimiento de los pacientes y de sus familias.

La ausencia de un plan nacional

Gómez Sancho explica que los cuidados paliativos llevan casi cuatro décadas reclamando un plan nacional que garantice la igualdad entre ciudadanos, vivan donde vivan. «Tenemos 17 comunidades autónomas y el acceso depende del lugar de residencia», dice, y subraya que el Ministerio de Sanidad «nunca ha estado por la labor» de impulsar ese marco común, pese a las reiteradas demandas de los profesionales.

A su juicio, esta falta de planificación estatal contrasta con la realidad de otros países europeos y genera desigualdades profundas. «El 50 % de los enfermos españoles no tiene acceso a cuidados paliativos», afirma, una cifra que considera incompatible con cualquier discurso serio sobre derechos al final de la vida.

Canarias, una excepción dentro del sistema

Frente a ese panorama, el médico destaca la situación de Canarias como una excepción positiva. Recuerda que el Archipiélago cuenta con una estrategia autonómica de cuidados paliativos que él mismo coordinó, con financiación específica y planificación a medio plazo. «Aquí estamos razonablemente bien, incluso mejor que muchas comunidades peninsulares», asegura.

Detalla que esa estrategia contempló la incorporación de decenas de profesionales sanitarios y nuevas camas específicas, lo que permitió extender la atención también a las islas no capitalinas. «Fuimos pioneros y hoy recogemos el fruto del trabajo de mucha gente», añade, aunque matiza que aún queda camino por recorrer.

Sin especialidad, sin garantías

Uno de los puntos que Gómez Sancho considera más graves es la inexistencia de una especialidad o acreditación oficial en cuidados paliativos. «Llevamos 40 años peleando por esto y seguimos igual», lamenta. Aclara que España es el único país europeo que no exige una formación reglada para atender a pacientes en fase terminal.

El resultado, dice, es una situación de inseguridad para los enfermos. «Si un hospital quiere abrir una unidad de paliativos, no sabe a quién contratar», afirma, y denuncia que en ocasiones se recurre a personal sin formación específica. «Tenemos experiencias muy tristes», añade, insistiendo en que el acompañamiento al final de la vida exige profesionales especialmente preparados, no solo en lo técnico, sino también en lo humano.

Paliativos y eutanasia: dos planos distintos

El doctor es tajante al diferenciar los cuidados paliativos de la eutanasia. «No tienen nada que ver», afirma, y subraya que la propia ley de eutanasia establece que el paciente debe poder elegir entre ambas opciones. Sin embargo, advierte de una contradicción evidente: «No se puede elegir si no tienes acceso a paliativos».

En ese sentido, considera que ofrecer la eutanasia sin haber garantizado previamente una atención paliativa universal «cojea desde el punto de vista ético». Para Gómez Sancho, los cuidados paliativos no buscan acelerar ni retrasar la muerte, sino aliviar el sufrimiento y acompañar al paciente y a su entorno con dignidad.

Hablar de la muerte para morir mejor

Tras haber acompañado a miles de personas en sus últimos días, Gómez Sancho afirma que la sociedad española sigue negando la muerte. «Hemos pasado del tabú del sexo al tabú de la muerte», dice, y critica la llamada «conspiración del silencio», especialmente frecuente en las culturas latinas, donde la familia pide ocultar al enfermo la gravedad de su situación.

El médico sostiene que esa ocultación es perjudicial. «Antes o después el enfermo se entera», afirma, y explica que saber la verdad permite prepararse, despedirse y morir con serenidad. «He visto morir a muchas personas en paz, conscientes de lo que pasaba, y eso es una lección de vida», dice.

La muerte y el duelo de los que quedan

Gómez Sancho subraya que la forma de morir influye decisivamente en el duelo posterior de los familiares. «Cuando alguien muere sereno, sin dolor y pudiendo hablarlo, el duelo es mucho más llevadero», afirma. Por el contrario, las muertes marcadas por el sufrimiento, la negación o el dolor no controlado dejan heridas profundas en quienes sobreviven.

En este contexto, defiende la importancia del duelo y del luto como procesos humanos necesarios. «Compartir la pena la aligera», dice, y lamenta que la sociedad actual empuje a ocultar el dolor y a «pasar página» con demasiada rapidez.

Una mirada serena al final de la vida

Lejos de eludir el tema, Marcos Gómez Sancho habla de la muerte con naturalidad y sin dramatismo. Asegura que su experiencia profesional y personal le ha dado serenidad. «Cada vez tengo menos miedo», dice, convencido de que comprender el proceso de morir ayuda también a vivir mejor.

Su mensaje final es claro: hablar de la muerte, planificar los cuidados y garantizar una atención paliativa digna no es una cuestión ideológica, sino profundamente humana. «Ojalá la muerte tarde en llegar», concluye, «pero cuando llegue, que nos encuentre acompañados y bien cuidados».