➤ «No me conformo con lo que tenemos y seguramente tampoco me conformaré con lo que venga». ➤ «Las islas me habitan a mí, y eso es más que suficiente para mi respiración insular». ➤ «Muchos escritores no comprenden que la literatura no es un medio, sino un fin en sí mismo»
El novelista, ensayista y periodista Juancho Armas Marcelo expresa una profunda preocupación por el deterioro de la vida política española y reivindica la competencia, la capacidad de gestión y el servicio público frente a lo que considera una clase dirigente excesivamente preocupada por conservar el poder. En una entrevista en El Espejo Canario, el escritor sostiene que el debate político se ha convertido en una confrontación estéril que perjudica la confianza ciudadana. «No se trata de izquierdas ni de derechas», afirma, sino de «competencia, gestión, gobernabilidad, buena gobernanza, talento y servicio al ciudadano».
Armas Marcelo critica con dureza el comportamiento de los responsables políticos y lamenta que el Parlamento se haya transformado, a su juicio, en un escenario de enfrentamientos verbales que recuerda al patio de un colegio. Se identifica con lo que denomina la «Tercera España», una tradición intelectual que vincula con Francisco Ayala y que sitúa al margen de las divisiones partidistas. Reclama recuperar el diálogo, la libertad y la capacidad crítica de una sociedad que considera necesitada de una renovación profunda de sus dirigentes.
El reencuentro con Canarias
La reciente investidura de Armas Marcelo como doctor honoris causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria representa para el escritor un reconocimiento especialmente emotivo. Aunque ya había recibido esta distinción de la Universidad Latina de Panamá y de la Universidad Ricardo Palma de Perú, explica que el nombramiento de la institución grancanaria incorpora un componente sentimental que lo diferencia de los anteriores. Habla de proximidad, complicidad y, fundamentalmente, de reencuentro con unas islas con las que su relación ha atravesado distintas etapas.
El escritor recuerda que durante años mantuvo una relación difícil con determinados sectores de Canarias y que su carrera literaria se desarrolló fundamentalmente fuera del archipiélago. Sin embargo, considera que las circunstancias han cambiado y describe su situación actual como una especie de idilio recuperado. Evoca una reflexión de William Faulkner que resume su actitud ante la vida y la literatura: «Hay que durar». El reconocimiento académico, asegura, le proporciona nuevas fuerzas para continuar escribiendo y manteniendo sus vínculos con las islas.
Armas Marcelo explica que viaja frecuentemente a Canarias, especialmente a La Palma, aunque su residencia habitual se encuentre fuera del archipiélago. Su relación con el territorio, sostiene, no depende de la presencia física, sino de una pertenencia que forma parte de su identidad. «Aunque yo no habite las islas, las islas me habitan a mí», señala, en una de las reflexiones más personales de la conversación.
Mercedes Pinto inspira su nueva novela
Entre sus proyectos literarios destaca Cuatro veces mariposas, una novela en la que trabaja desde hace tiempo y que gira alrededor de la figura de Mercedes Pinto. Armas Marcelo explica que la escritora canaria, vinculada a su propia historia familiar, se ha convertido en una presencia constante en su imaginación. A partir de elementos biográficos reales ha construido un personaje literario, África Mercedes Rejón, que funciona como una suerte de alter ego de Pinto y que, reconoce, también puede contener aspectos de su propia personalidad.
El novelista sitúa parte de las raíces de esta historia en los veranos que Mercedes Pinto pasó en Agaete durante las primeras décadas del siglo XX. Recuerda el contraste entre las convicciones republicanas y libertarias de su padre y el ambiente tradicional y monárquico de su familia materna, vinculada al noroeste de Gran Canaria. Esa convivencia de dos concepciones de España alimenta una narración que ya alcanza aproximadamente las cuatrocientas páginas y que espera concluir en mayo del próximo año.
Aunque reconoce que lleva tiempo sin publicar una novela, insiste en que continúa escribiendo prácticamente todos los días. Su distancia respecto al mercado editorial responde a una decisión consciente. Considera que la industria del libro está excesivamente condicionada por las exigencias comerciales y que muchos autores confunden la literatura con un instrumento de promoción personal. A su juicio, la presión por publicar constantemente perjudica la calidad de las obras y reduce el tiempo necesario para alcanzar una verdadera madurez literaria.
La literatura frente a las exigencias del mercado
Armas Marcelo sostiene que el mundo editorial ha experimentado una pérdida de exigencia y de criterios de valoración. Considera que la desaparición de las jerarquías literarias favorece una confusión entre el reconocimiento comercial y la calidad artística. No cuestiona únicamente los mecanismos de promoción editorial, sino también la disposición de algunos escritores a adaptar su trabajo a las expectativas inmediatas del mercado.
Como ejemplo de sus criterios de lectura, comenta La península de las casas vacías, de David Uclés, una novela que considera apreciable, aunque no tan extraordinaria como su recepción podría sugerir. Explica que, al valorar una obra, concede mayor importancia a la construcción literaria que al argumento. También menciona Panza de burro, de Andrea Abreu, que ha leído en dos ocasiones. Se define, ante todo, como lector de novelas y explica que suele realizar una primera lectura seguida y otra más detenida, dedicada al estudio de los recursos narrativos.
Su lectura más reciente es una biografía de Mario Vargas Llosa escrita por Gerald Martin, que ha leído en inglés y cuya aparición esperaba desde hacía tiempo. El escritor describe a Vargas Llosa como una figura extraordinariamente cercana y anticipa que la obra suscitará un amplio debate cuando se publique en español. Esa lectura ha precedido a una nueva etapa de concentración en su propia novela.
García Márquez y Vargas Llosa, dos formas de genialidad
Preguntado por quién considera superior entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, Armas Marcelo evita establecer una jerarquía definitiva. «Si me preguntas cuál de los dos era un genio, te diría que García Márquez. Y si me preguntas cuál de los dos sabía más, te diría que Vargas Llosa», explica. Atribuye al colombiano una intuición verbal y literaria excepcional, mientras que destaca del peruano su conocimiento profundo de la literatura y de sus mecanismos de creación.
El novelista considera que la comparación constituye uno de los debates más fecundos de la literatura contemporánea en español. Recuerda que la cuestión reaparece constantemente en ferias, congresos y reuniones de escritores, y celebra que ambos autores continúen generando discusión después de su fallecimiento. Su permanencia, sostiene, reside en la importancia de unas obras que considera destinadas a sobrevivir a sus creadores.
Las rivalidades entre escritores
Armas Marcelo también aborda la ruptura personal entre García Márquez y Vargas Llosa y el episodio de violencia que terminó por simbolizarla. Considera lamentable aquel enfrentamiento y recuerda que la relación entre ambos había alcanzado una profundidad que superaba la amistad convencional. A su juicio, la separación tuvo consecuencias para el universo literario del boom latinoamericano y respondió a una combinación de circunstancias personales, ideológicas y rivalidades intelectuales.
En este contexto, critica Los genios, la novela de Jaime Bayly dedicada a aquel episodio, porque considera que aporta poco conocimiento literario y concede demasiado espacio a los aspectos anecdóticos de la disputa. Extiende su reflexión a las rivalidades históricas entre escritores y recuerda las tensiones que protagonizaron figuras como Faulkner, Hemingway y John Dos Passos. Para Armas Marcelo, estas confrontaciones revelan una dimensión conflictiva de la personalidad creadora, en la que intervienen los celos, el orgullo y la dificultad de abandonar una polémica una vez iniciada. Sin embargo, concluye que, por encima de las disputas y las biografías, lo verdaderamente perdurable son los textos.