Germán Carlos Suárez: «Es mentira que empresarios canarios vamos a Dakhla a perjudicar al Puerto de Las Palmas»

Germán Carlos Suárez en los estudios de El Espejo Canario

Germán Carlos Suárez en los estudios de El Espejo Canario

➤ «No vamos a vestir un santo para desvestir otro: crecer fuera no significa empobrecernos aquí» ➤ «La incertidumbre en el transporte marítimo no tiene por qué ser mala; a veces abre oportunidades» ➤ «No tener gas natural licuado en el Puerto de Las Palmas es hoy una debilidad competitiva»

La actividad portuaria en Canarias cerró 2025 con un balance positivo y afronta 2026 en un contexto marcado por la incertidumbre global, los cambios geopolíticos y el debate político interno sobre el futuro del Puerto de Las Palmas. Así lo afirma Germán Carlos Suárez, presidente de Astican, que defiende una visión pragmática del sector marítimo, rechaza las acusaciones de deslealtad empresarial vertidas en los últimos días y alerta de los riesgos de trasladar la polarización política al ámbito económico.

Un año positivo, aunque sin triunfalismos

Suárez asegura que 2025 ha sido «un buen año» para el Puerto de Las Palmas y para las actividades empresariales vinculadas a su entorno, aunque evita calificativos excesivos. Dice que no ha sido «el mejor de todos», pero sí se mueve «en baremos de buen año», lo que permite mirar al futuro con cierta estabilidad. En ese horizonte, subraya que la incertidumbre seguirá siendo un factor estructural del transporte marítimo internacional.

La incertidumbre como oportunidad

Lejos de transmitir temor, el presidente de Astican afirma que la incertidumbre «no tiene por qué ser mala» para el sector. Sostiene que los cambios imprevistos pueden generar oportunidades si se saben leer y aprovechar. Pone como ejemplo el cierre del canal de Suez tras los ataques hutíes, que derivó tráfico hacia rutas alternativas y benefició directamente al Puerto de Las Palmas. «La clave está en prepararte cuando la ola va a favor para que no te arrase cuando cambie», afirma.

El viaje a África y la acusación de deslealtad

Uno de los ejes centrales de la entrevista es la polémica abierta tras un artículo del presidente del Cabildo de Gran Canaria sobre supuestos intereses empresariales canarios en el puerto africano de Dakhla. Suárez es tajante y dice que esa acusación parte de «una gran mentira» trasladada al ámbito político. Afirma que no existe ninguna operación para potenciar un puerto africano en detrimento de Canarias y califica de «triste» que se sugiera que empresarios locales trabajen contra sus propios intereses.

«Pensar que una familia que lleva cuatro generaciones vinculada al Puerto de Las Palmas va a ir a una hora y media de aquí a crear competencia para perjudicarse a sí misma no tiene ningún sentido», afirma. Explica que los viajes a la zona responden a un ejercicio de responsabilidad empresarial para conocer proyectos que, con o sin participación canaria, ya están en marcha y que pueden convertirse en competencia real en el futuro.

Pragmatismo empresarial frente a polarización política

Suárez encuadra esta polémica en un clima de creciente polarización política que, a su juicio, se está intentando trasladar al mundo empresarial. Afirma que la economía no puede funcionar desde parámetros ideológicos y que las decisiones empresariales deben basarse en el análisis de riesgos, oportunidades y mercado. «Si polarizamos también la actividad empresarial, nos empobrecemos todos», sostiene.

En ese sentido, dice que la clase política «no está para decirle a los empresarios dónde tienen que invertir» y considera que muchas de estas polémicas responden a luchas partidistas internas más que a una reflexión real sobre la economía portuaria.

Invertir fuera no es empobrecer dentro

El presidente de Astican rechaza la idea de que participar en proyectos internacionales suponga debilitar el tejido económico local. Afirma que ningún empresario del puerto va a «vestir un santo para desvestir otro» y que el objetivo siempre es crecer sin descapitalizar el Puerto de Las Palmas. Pone como ejemplo operaciones recientes de grandes grupos logísticos españoles en Marruecos y defiende que son decisiones lógicas tanto desde el punto de vista estratégico como financiero.

El gas natural licuado como debilidad del puerto

Uno de los análisis más contundentes de Suárez se centra en la falta de infraestructuras de gas natural licuado (GNL) en el Puerto de Las Palmas. Aclara que no habla de generación eléctrica, sino de almacenamiento y suministro de combustible para barcos. Afirma que no disponer de esta capacidad es «una debilidad clara», ya que el 80% de los nuevos buques construidos el último año con combustibles alternativos utilizan GNL.

«El mercado es el que habla, nos guste o no», dice, y advierte de que si el puerto no se adapta a esta realidad perderá escalas en favor de otros enclaves. Añade que en el futuro habrá que adaptarse también a nuevos combustibles como el metanol o el amoníaco, pero insiste en que negarse ahora al GNL supone perder competitividad inmediata.

Geopolítica, Trump y el canal de Panamá

Preguntado por el contexto internacional y el impacto de una nueva presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, Suárez relativiza los riesgos. Explica que en el caso del canal de Panamá se ha impuesto el pragmatismo y que las tensiones iniciales se han reconducido mediante acuerdos indirectos. Dice que Trump inicia las negociaciones «muy arriba» para luego llegar a su objetivo real y que Panamá ha sabido manejar esa dinámica.

En cuanto a Canarias, afirma que no ve amenazas directas ni movimientos que afecten al Puerto de Las Palmas y pide no sobredimensionar escenarios hipotéticos. «A veces hablamos más y damos más importancia a cosas que no existen», sostiene.

Memoria, identidad y orgullo empresarial

La entrevista concluye con una referencia al libro Astican 1965-2025, que repasa la historia del astillero. Suárez explica que la obra no ha sido promovida por la empresa, sino por un antiguo trabajador, y subraya el valor emocional de ver reflejada la trayectoria de varias generaciones de empleados y directivos. Dice que sentir el cariño de antiguos trabajadores «no tiene precio» y resume en esa imagen su visión del tejido portuario: arraigo local, mirada larga y decisiones guiadas por la realidad del mercado, no por el ruido político.