Estela Carmona: «Venezuela es hoy un país empobrecido por una dictadura»

Rodolfo Espino y Estela Carmona Urdaneta en los estudios de El Espejo Canario

Rodolfo Espino y Estela Carmona Urdaneta en los estudios de El Espejo Canario

➤ «Para los venezolanos que lo hemos perdido todo, la detención de Maduro es un momento de enorme felicidad» ➤ «La economía venezolana se derrumba por una dependencia extrema del petróleo y una oleada masiva de nacionalizaciones» ➤ «El narcotráfico se convierte en el sostén final de un régimen sin reservas ni credibilidad internacional»

El colapso de Venezuela, las claves económicas que explican su deriva autoritaria y el impacto del nuevo escenario geopolítico marcado por el regreso de Donald Trump centran el análisis que realizan Rodolfo Espino, profesor universitario de Hacienda Pública, y Estela Carmona Urdaneta, profesora jubilada de Economía Aplicada de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en una conversación que combina experiencia académica, memoria personal y lectura crítica del presente internacional 

Un país rico llevado a la pobreza

Estela Carmona explica que Venezuela es un ejemplo extremo de cómo un país con enormes recursos naturales puede terminar empobrecido. «Es un país altamente dependiente del petróleo, con un 60 o 70 % de sus ingresos ligados a ese recurso», dice, y subraya que esa dependencia impide históricamente la diversificación económica. Cuando los precios del crudo caen, añade, «el país entra en crisis porque no tiene otros motores productivos».

Recuerda que antes del chavismo ya existían desigualdades, pero también crecimiento económico, inversión en educación y sanidad y una macroeconomía «muy sólida». Ese equilibrio se rompe con el agotamiento del modelo y el estallido social del Caracazo, que abre la puerta, afirma, «a la llegada de opciones radicales que terminan capturando el poder».

Nacionalizaciones y colapso productivo

La economista señala que el chavismo inicia una oleada masiva de nacionalizaciones que acaba paralizando el país. «Se nacionalizan empresas eléctricas, siderúrgicas, de aluminio, de cemento y del sector agroalimentario», afirma, y añade que la mayoría de esas empresas quiebran o quedan inoperativas. A su juicio, «la economía no puede soportar una nacionalización tan masiva sin capacidad de gestión ni incentivos».

El caso de PDVSA resume, según Carmona, el desastre general. «Despiden a los técnicos y directivos cualificados y los sustituyen por personas elegidas por su lealtad política», dice. El resultado, afirma, es una industria sin mantenimiento, sin inversión y con una producción mínima, muy lejos de su potencial.

Empobrecimiento y control social

Carmona describe un país donde los salarios se hunden y la vida cotidiana se vuelve inviable. «Un profesor universitario cobra entre 20 y 30 dólares al mes», afirma, y relata cómo la población vive sin saber cuánto costarán los productos básicos de un día para otro. A ese empobrecimiento se suma, añade, «un control absoluto de los medios de comunicación y de las telecomunicaciones».

Según su análisis, la nueva élite económica está formada por dirigentes chavistas y altos mandos militares, mientras el resto de la población pierde poder adquisitivo y derechos. «Confiscan las empresas privadas y cambia por completo la estructura social», dice.

Narcotráfico y supervivencia del régimen

Ante la falta de reservas, las sanciones internacionales y el endeudamiento con potencias como China o Rusia, Carmona afirma que el régimen busca vías alternativas de financiación. «El narcotráfico se convierte en un sostén clave del sistema», sostiene, especialmente para garantizar la lealtad de las Fuerzas Armadas. En su opinión, ese entramado explica la resistencia del régimen pese al colapso económico.

La detención de Maduro y la esperanza

Desde una vivencia personal marcada por el exilio, Carmona reconoce que la detención de Nicolás Maduro provoca una reacción de alivio y esperanza entre los venezolanos. «Para quienes hemos sufrido este régimen, es una gran noticia», afirma, incluso aunque se cuestionen las formas desde el punto de vista del derecho internacional. «Después de perder el país, ese debate moral queda en segundo plano», añade.

Se muestra muy crítica con la actitud del Gobierno español y con el papel de José Luis Rodríguez Zapatero. «No he estado de acuerdo con negar que en Venezuela hay una dictadura», dice, y asegura que existe una profunda desconfianza entre los venezolanos hacia esas mediaciones.

El petróleo y el nuevo desorden internacional

Carmona vincula el presente venezolano con el nuevo escenario global. Explica que la supuesta transición hacia las energías renovables se ve ahora frenada por una «nueva guerra del petróleo», comparable a la de los años setenta. «El petróleo vuelve a ser un recurso estratégico central», afirma, y recuerda que Venezuela podría concentrar hasta el 30 % de las reservas mundiales.

Advierte, sin embargo, que sin garantías jurídicas y estabilidad institucional será difícil atraer grandes inversiones. «Las empresas necesitan reglas del juego claras», dice, aunque reconoce que el potencial del crudo venezolano sigue siendo enorme si se gestiona con tecnología y criterios profesionales.

Transiciones políticas y riesgos internos

Rodolfo Espino coincide en que el escenario abierto es complejo. Señala que la transición venezolana no será inmediata y alerta del riesgo de violencia interna. «Una parte de la población está armada y organizada en milicias afines al régimen», afirma, lo que obliga a extremar la cautela para evitar una guerra civil. A su juicio, ese factor explica la estrategia gradual de Estados Unidos.

Espino considera que la posible caída de otros regímenes aliados, como Cuba o Nicaragua, tendría un impacto simbólico y político profundo en América Latina y en la izquierda internacional.

Una lección económica y política

Ambos profesores coinciden en que Venezuela ofrece una lección clara. «Alejarse del mercado, destruir los incentivos y sustituir la gestión profesional por criterios ideológicos es nefasto», afirma Carmona. Espino añade que el caso venezolano demuestra cómo los fallos del Estado pueden agravar los fallos del mercado hasta provocar un colapso total.

Desde el rigor académico y la experiencia vital, ambos concluyen que la reconstrucción del país será larga y compleja, pero insisten en que solo podrá asentarse sobre instituciones sólidas, seguridad jurídica y una economía diversificada que evite repetir los errores del pasado.