➤ «La política antes no era un modo de vida, tenías que tener tu profesión para garantizar tu independencia» ➤ «Cuanto más se sube en la estructura judicial, más influyen factores extrajurídicos» ➤ «Hay magistrados que, si quieren hacer política, deberían tener las agallas de presentarse a las elecciones» ➤ «Saavedra me pidió disculpas y yo las acepté»
El magistrado jubilado y exdirigente socialista Arcadio Díaz Tejera reflexiona en esta entrevista en El Espejo Canario sobre la evolución de la política, el funcionamiento de la justicia y su propia trayectoria personal. A sus 72 años, recién jubilado de la carrera judicial, asegura que continúa implicado en la vida pública a través de conferencias, actividades formativas y debates sobre ciudadanía y democracia.
Una jubilación que no supone retirarse
Díaz Tejera explica que su salida de la carrera judicial responde exclusivamente al límite de edad establecido por la ley. «Me jubilan al cumplir los 72 años, pero yo habría seguido trabajando incluso gratis», afirma.
El magistrado sostiene que profesiones de carácter intelectual como la judicatura permiten mantener una actividad prolongada si se conservan las capacidades físicas y mentales. «Un juez no necesita pulso como un cirujano; necesita capacidad de reflexión para redactar una sentencia», dice.
Actualmente dedica parte de su tiempo a impartir conferencias en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y a colaborar con iniciativas educativas destinadas a fomentar la participación cívica entre jóvenes. Según explica, su objetivo es estimular el interés por la vida pública. «Lo que intento es que a los jóvenes no les domine la indiferencia hacia la política», señala.
Los años de militancia y la transición democrática
Díaz Tejera recuerda su participación política durante los años de la transición. Militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria del Archipiélago Canario (MIRAC), integrado posteriormente en la Unión del Pueblo Canario, con la que llegó a ser consejero del Cabildo de Gran Canaria entre 1979 y 1983.
Asegura que aquellos años estuvieron marcados por un clima de debate político muy intenso y por una concepción distinta del compromiso público. «En aquella época la política no era un modo de vida. Tenías tu profesión y la política era una lucha por cambiar la sociedad», afirma.
El exmagistrado considera que en aquel momento predominaban la ilusión y la esperanza. «Estudiábamos y trabajábamos para convencer a la gente en las asambleas, en los barrios o en los centros de trabajo», explica.
La evolución de los partidos políticos
En su análisis del panorama político actual, Díaz Tejera sostiene que la política ha cambiado profundamente. A su juicio, los partidos han reducido los espacios de debate interno y han incrementado las dinámicas de obediencia a las direcciones.
«Antes había grandes debates y asambleas donde se discutía todo. Ahora ese debate se ha ido estrechando cada vez más», afirma.
El exdirigente socialista cree que los partidos tienen hoy menos capacidad para afrontar los grandes desafíos globales. «La crisis política es muy profunda y los instrumentos que tenemos para abordarla cada vez son más pequeños», asegura.
Entre los retos actuales menciona el cambio climático, las crisis energéticas, los movimientos migratorios y los conflictos geoestratégicos internacionales.
El episodio con Jerónimo Saavedra
Durante la conversación también aborda el episodio político que marcó su carrera dentro del PSOE canario, cuando en 2007 fue apartado de la candidatura a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria en favor de Jerónimo Saavedra.
Díaz Tejera explica que con el paso del tiempo superó aquel conflicto y que ambos mantuvieron conversaciones posteriores en las que Saavedra le pidió disculpas. «Jerónimo me pidió disculpas y yo las acepté», afirma.
El magistrado recuerda que mantuvieron posteriormente una relación cordial. «Quien conocía a Jerónimo lo quería», asegura, al tiempo que expresa su reconocimiento hacia la figura del exalcalde y expresidente del Gobierno de Canarias.
El caso judicial que más le marcó
Preguntado por los asuntos más difíciles de su carrera judicial, Díaz Tejera no menciona los casos técnicamente complejos, sino uno que le dejó una profunda huella personal.
Relata que se trató de un proceso penal relacionado con una menor en el que él defendía una condena, mientras que los otros dos magistrados de la sala se inclinaron por la absolución.
«Yo creía a la niña y no pude convencer a mis compañeros», afirma. Explica que aquella situación le generó un gran sentimiento de fracaso profesional. «Para mí fue un fracaso pedagógico, por no haber sabido convencerlos», dice.
El magistrado reconoce que durante meses se despertaba de madrugada pensando en los argumentos que podría haber utilizado para cambiar el criterio de sus compañeros.
Independencia judicial y presiones
Díaz Tejera también reflexiona sobre el funcionamiento de la justicia española. Asegura tener una alta consideración profesional por la mayoría de jueces con los que ha trabajado en primera y segunda instancia.
Sin embargo, advierte de que en niveles más altos del sistema judicial pueden influir factores externos. «Cuanto más se sube en la estructura judicial, más influyen factores extrajurídicos», afirma.
El magistrado considera que algunos jueces pueden verse tentados a intervenir en debates políticos desde su posición institucional. «Si alguien quiere hacer política, lo honesto es presentarse a las elecciones», señala.
Críticas a decisiones judiciales recientes
En la entrevista también expresa su desacuerdo con algunas decisiones judiciales recientes relacionadas con el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
Díaz Tejera sostiene que el comunicado emitido por la Fiscalía en ese caso era «legal, legítimo y necesario». Aunque aclara que respeta las resoluciones judiciales, insiste en que discrepa de ellas. «Es una sentencia que respeto y acato, pero discrepo cariñosamente», afirma.
Tras su jubilación, el magistrado asegura que continuará participando en el debate público desde la libertad que ahora le otorga no ejercer funciones judiciales. «Cuando tenía la toga debía ser más prudente; ahora puedo expresar mis opiniones con mayor libertad», concluye.