El vicepresidente del Cabildo subraya que se dedicó «el triple de tiempo» a preparar la actuación que a ejecutarla
El vicepresidente y consejero de Obras Públicas e Infraestructuras, Arquitectura y Vivienda del Cabildo de Gran Canaria, Augusto Hidalgo, atribuye a la planificación previa y, especialmente, al trabajo de los operarios el éxito de la reforma del viaducto del Guiniguada, una intervención que se completa durante agosto en apenas 17 días pese a afectar a una de las vías con mayor intensidad de tráfico de la Isla.
Hidalgo explica en El Espejo Canario que el resultado no es fruto de la improvisación y destaca que la preparación de los trabajos ocupa mucho más tiempo que su ejecución. «Tampoco es lo normal que una obra de este tipo hayamos dedicado el triple de tiempo a prepararla que a ejecutarla», afirma.
El consejero sostiene que esa preparación es precisamente uno de los factores que permite cumplir los plazos y absorber los imprevistos habituales en una intervención de estas características. «Yo creo que ha sido casi por eso el que fuéramos capaces de hacerlo en el tiempo previsto», señala.
Los trabajos obligaron durante agosto a alterar de manera sucesiva el tráfico en los dos sentidos de la Circunvalación de Las Palmas de Gran Canaria, por donde pasan alrededor de 120.000 vehículos diarios. Pese al impacto que podía tener el cierre parcial de una infraestructura de esta importancia, la intervención concluye en un tiempo muy inferior al que inicialmente podía temerse.
Una ejecución en dos fases
Hidalgo explica que la operación se dividió en dos grandes fases, correspondientes a cada uno de los sentidos de circulación. «Creo que la primera fase se hizo en nueve días», apunta, antes de señalar que la segunda requirió algo más de tiempo debido a las características del otro puente.
«Fue un poquito más el segundo puente, también era más largo y con la complicación de que la curva era mayor y por tanto era más difícil de hacer», precisa.
La rapidez de la ejecución cobra especial relevancia por el impacto que cualquier prolongación de los trabajos podía provocar sobre la movilidad de la capital grancanaria y del conjunto de la Isla. El propio Hidalgo reconoce que ese era uno de los aspectos que más le preocupaban durante agosto.
El vicepresidente insular insiste, sin embargo, en que el cumplimiento del calendario no responde únicamente a que la planificación fuera correcta. Dentro de todo el dispositivo organizado previamente hubo un elemento humano cuyo rendimiento superó las previsiones: «La clave estuvo en los soldadores», afirma.
De cinco a veinte soldadores
El Cabildo reforzó de manera muy importante el número de trabajadores destinados a una de las tareas esenciales de la intervención. «Teníamos que trabajar cinco soldadores, pusimos 20», explica Hidalgo.
También se modificó el sistema empleado para acelerar el proceso. «Les cambiamos a propano el combustible que utilizaban para soldar para tener el doble de calor y por tanto hacerlo el doble de rápido», señala.
La decisión permitió aumentar el ritmo de los trabajos, pero coincidió con uno de los episodios meteorológicos más adversos del verano. Hidalgo recuerda que el comienzo de las obras coincide prácticamente con el inicio de la canícula y con temperaturas especialmente elevadas.
«El pico de calor de agosto empezó justo el día que empezó la obra», indica. La desaparición de la habitual nubosidad sobre la zona deja a los trabajadores expuestos a temperaturas que rondaban los 35 grados mientras realizaban una labor que requiere trabajar a muy poca distancia de una fuente de calor extraordinariamente intensa: «Tenían que trabajar con mil grados a 30 centímetros de distancia», relata.
El calor pone a prueba la obra
Las condiciones llegan a ser tan duras que Hidalgo reconoce que temió que los trabajos puedan verse interrumpidos por razones de seguridad laboral: «Hubo un momento que yo pensé que nos paraban la obra por salud laboral», afirma.
El consejero asegura que presencia personalmente parte de esas jornadas y explica que los trabajadores tienen que alternar periodos breves de actividad con descansos para soportar las temperaturas.
Pese a esas dificultades, la productividad de los operarios terminó convirtiéndose en uno de los factores determinantes para adelantar el calendario. «Lo único que no estaba parametrizado era la capacidad de trabajo de los soldadores y por lo tanto fueron a una velocidad increíble», sostiene Hidalgo.
Ese rendimiento permitió que una actuación concebida para desarrollarse durante agosto avance con mayor rapidez de la inicialmente prevista y que el cambio de un sentido de circulación al otro se produzca antes de lo programado.
Dos días especialmente complicados
La rapidez de las obras no evita, sin embargo, que las restricciones tengan consecuencias importantes sobre el tráfico. Hidalgo recuerda que los estudios realizados antes de comenzar ya anticipan una fuerte congestión porque decenas de miles de vehículos tienen que buscar itinerarios alternativos: «Los modelos que habíamos hecho daban que iba a haber un tráfico muy, muy denso», explica.
El vicepresidente insular señala que resultó imposible absorber sin consecuencias el desplazamiento de entre 40.000 y 50.000 vehículos hacia otras vías, especialmente hacia la Avenida Marítima y las conexiones alternativas.
Las mayores dificultades, sin embargo, no se produjeron exactamente en las franjas que inicialmente se habían considerado más problemáticas. «Es verdad que nosotros pensábamos que más a primera hora de la mañana y eso no fue tanto y se produjo sobre todo al mediodía», afirma.
Hidalgo identifica fundamentalmente dos jornadas especialmente complicadas, ambas en lunes.
La primera jornada especialmente complicada coincidió con el comienzo efectivo de las restricciones para muchos conductores después del corte realizado el domingo. El consejero considera que una parte importante de la congestión respondió al denominado efecto despiste, es decir, a conductores que mantuvieron inicialmente su recorrido habitual pese a las numerosas advertencias realizadas previamente.
«El lunes y el segundo día un 30% de los que van a la carretera van despistados», explica.
El túnel de San José duplicó el tráfico
Una parte de esos vehículos tuvo que ser reconducida hacia el túnel de San José, que experimentó un aumento extraordinario de la circulación: «El túnel de San José se multiplicó por dos el tráfico de un día normal», afirma Hidalgo.
El comportamiento cambió rápidamente. Según explica, al día siguiente el volumen extraordinario de vehículos en ese itinerario alternativo cayó aproximadamente a la mitad, una evolución que interpreta como demostración de que los conductores adaptaron sus desplazamientos después de la primera jornada. «El segundo día se recondujo la situación», señala.
A partir de ese momento persistió una elevada densidad de tráfico durante las jornadas laborables, pero la circulación resultó más asumible que durante el primer episodio de congestión.
El segundo momento crítico llegó con el cambio anticipado de los trabajos al otro puente. El avance de las obras permitió modificar antes de lo previsto el sentido afectado por el corte, pero volvió a alterar los hábitos que los conductores habían adquirido durante los días anteriores.
Un accidente agravó el segundo corte
A esa circunstancia se sumó además un accidente ocurrido precisamente en una de las horas de máxima circulación.
Hidalgo recuerda que la coincidencia de ambos factores provocó una situación especialmente complicada en la salida sur de Las Palmas de Gran Canaria. «Fue bastante duro porque la presión fue llamativa», reconoce.
El consejero sitúa el momento de máxima dificultad entre las dos y las tres de la tarde, cuando las retenciones alcanzaron una longitud considerable.
Esas dos jornadas constituyeron, según su balance, los principales momentos críticos de unas semanas en las que los usuarios fueron adaptando progresivamente sus recorridos. «Durante la semana, llamativamente, incluso el viernes, se reconfiguró un poco el tráfico aunque había mucha densidad», explica.
El comportamiento de los conductores y la reorganización de los desplazamientos permitieron así reducir parcialmente el impacto de una operación que inevitablemente obligaba a trasladar a otras carreteras decenas de miles de movimientos diarios.
«Nuestra obsesión era que termináramos durante agosto»
Más allá de esas dificultades puntuales, Hidalgo sostiene que desde el principio el objetivo prioritario fue impedir que la actuación se prolongara más allá de agosto, el mes elegido precisamente para reducir sus consecuencias sobre la movilidad. «Nuestra obsesión era que termináramos durante agosto», afirma.
El resultado superó incluso esa expectativa. La organización de los trabajos, el incremento de los medios humanos, el sistema utilizado para acelerar las soldaduras y el rendimiento de los trabajadores permitieron completar en apenas 17 días una intervención que había generado una enorme preocupación por su posible repercusión sobre una vía utilizada diariamente por alrededor de 120.000 vehículos.
Hidalgo destaca especialmente la importancia de haber dedicado a la preparación de la actuación mucho más tiempo que a su propia ejecución. Según explica, esa planificación detallada fue uno de los factores que permitió reducir los plazos en una obra de elevada complejidad técnica y logística.
Dentro de ese dispositivo, concede un protagonismo especial a los trabajadores que actuaron directamente sobre el viaducto durante algunas de las jornadas más calurosas del verano. La velocidad alcanzada por los soldadores, afirma, fue precisamente la variable que los cálculos previos no podían anticipar y que terminó permitiendo acelerar la intervención.
El balance dejó así una obra concluida durante agosto, dos episodios de congestión especialmente intensa y una adaptación progresiva del tráfico a los itinerarios alternativos. Para Hidalgo, el elemento decisivo estuvo finalmente en un factor que no podía calcularse por completo de antemano: la capacidad de los trabajadores para mantener un ritmo de ejecución superior al previsto incluso bajo temperaturas extremas.