Del estadio a Venezuela, de la vivienda al Papa y de las borrascas al «ghosting», el programa despide una temporada cargada de actualidad, discusiones, risas, conexiones caídas y mucha radio.
El Espejo Canario baja este miércoles 29 de julio el telón de su temporada 2025-2026, la número 28 de su historia, después de un año en el que ha pasado prácticamente de todo. Hubo gobiernos que cayeron, conexiones que también cayeron, ministros que comparecieron, borrascas con nombre propio, candidatos que no terminaban de ser candidatos y entrevistados que descubrieron en directo que la radio es el lugar perfecto para decir aquello que quizá convendría haber pensado dos veces.
El resumen de la temporada, construido por Alexandra Rodríguez y Nast Santana con paciencia de orfebre y muchas horas de escucha, recorre doce meses de actualidad a toda velocidad. Venezuela, Estados Unidos, la guerra, la inmigración, la vivienda, el turismo, la financiación de Canarias, las infraestructuras, los accidentes ferroviarios, la corrupción y el futuro político de España se suceden en un montaje en el que las grandes declaraciones conviven con los lapsus, las interrupciones y esas frases que solo pueden producirse cuando se enciende la luz roja del estudio.
Del Estrecho al estadio
La temporada empezó mirando al mundo y terminó mirando al Estadio de Gran Canaria. Por el camino hubo amenazas de bloqueo, combustibles disparados, crisis internacionales, catástrofes, debates sobre la ecotasa, discusiones sobre la vivienda vacacional y varias aproximaciones creativas a la lengua inglesa.
También hubo tiempo para preguntarse quién posee realmente Canarias, por qué no resulta rentable construir viviendas, qué significa ser socialista, quién será candidato en 2027 y cuántas borrascas pueden encontrarse simultáneamente sobre el Archipiélago sin que nadie pierda definitivamente la paciencia.
El programa siguió de cerca los principales asuntos políticos del año, con comparecencias parlamentarias, acusaciones de corrupción, informes policiales, dimisiones reclamadas y desmentidos que, en ocasiones, eran desmentidos antes incluso de terminar de formularse. Como es tradición, nadie salió completamente indemne.
Entre discusión y discusión, El Espejo Canario volvió a demostrar que la actualidad más seria puede convivir con una inesperada clase sobre los memes, el descubrimiento del significado de «ghosting» o una invitación a recorrer determinadas calles en condiciones que este resumen prefiere no recomendar oficialmente.
Una radio con goteras, pero sin silencios
La técnica también aportó algunos de los grandes momentos de la temporada. Hubo llamadas que se cortaron, colaboradores que desaparecieron de la línea, saludos repetidos, comienzos que tuvieron que volver a empezar y alguna confusión entre los buenos días, las buenas tardes y la conveniencia de seguir hablando.
Nada de eso impidió que el programa saliera adelante. La radio en directo tiene estas cosas: uno puede preparar una entrevista durante horas y terminar preguntando dónde cayó Iván, si han caído los dos o si la borrasca Teresa llegará antes o después de Samuel.
El resumen final tampoco se libra de la crítica interna. Tras doce minutos de montaje, el director, Francisco Javier Chavanel, reconoce el mérito de condensar todo un año, pero deja claro que hay «demasiada música de fondo y demasiado ruido». Una valoración constructiva seguida, por supuesto, de la advertencia de que nadie espere que semejante esfuerzo «termine reflejándose en la nómina».
«Ha sido un trabajo de miguitas», explica el equipo. Miguitas de entrevistas, titulares, discusiones, noticias, errores, carcajadas y momentos que, reunidos, permiten reconstruir una temporada imposible de resumir y que, pese a todo, ha terminado resumida.
Las despedidas
No todo fueron risas. El programa recordó a algunas de las grandes figuras de la cultura y la música fallecidas durante el año y despidió a personas especialmente queridas por la familia de El Espejo Canario.
Entre las ausencias que deja esta temporada está la de Paco Pons, cuyo nombre forma ya parte de la memoria del programa. Su marcha deja uno de esos silencios que la radio no sabe llenar del todo («Arrorró Rocío grano largo, el arroz que nunca se pasa»), porque hay personas que permanecen mucho después de que su voz deje de escucharse. El Espejo Canario lo despide con cariño, gratitud y el recuerdo de todo lo compartido.
También echaremos de menos a Segundo Almeida, uno de los fundadores de la idea que dio origen al programa. «Nosotros no estaríamos aquí sin aquella llamada», recuerda Francisco Javier Chavanel en uno de los momentos más emotivos del montaje.
También hubo palabras para familiares de integrantes del equipo y para quienes dejaron una huella personal y profesional difícil de borrar. En una temporada dominada tantas veces por la urgencia, la radio permitió detenerse, recordar y acompañar.
El equipo médico habitual
Nada de esto sería posible sin el «equipo médico habitual», que durante toda la temporada ha ayudado a interpretar la actualidad, discutirla, ponerla en duda y, cuando ha sido necesario, elevar ligeramente la temperatura del estudio.
Lo integran Fayna Fraile, Marian Álvarez, Lito Mesa, Enrique Rey-Pitti, Valentín Auyanet, Paco Rodríguez, Iván García y Javier Moreno. Ocho voces distintas, ocho formas de mirar la realidad y una considerable capacidad para sobrevivir a las preguntas, interrupciones y cambios de rumbo del director.
En la parte técnica y de producción han estado Alex Rodríguez, Nast Santana, María Nieto y Fayna Fraile, responsables de que las voces lleguen, las llamadas entren, los cortes aparezcan y el programa continúe incluso cuando todo parece indicar que alguien —o todos— ha caído de la conexión. En administración, Yaiza Nieto ha mantenido bajo control esa parte de la radio que no se escucha, pero sin la cual tampoco habría nada que escuchar.
Al frente, dirigiendo y presentando, Francisco Javier Chavanel, que termina la temporada como la empezó: pidiendo atención, reclamando que nadie se pierda nada y dispuesto a embarcarse en otra discusión antes de que termine de sonar la sintonía.
El Espejo Canario se marcha este miércoles de vacaciones después de una temporada intensa, imprevisible y, por momentos, inclasificable. Volverá con nuevas noticias, nuevas polémicas y probablemente alguna conexión que se caerá justo cuando alguien esté a punto de revelar lo más importante.
Hasta entonces, queda el resumen: doce minutos para recordar un año entero y 28 temporadas para confirmar que la radio sigue siendo cojonuda.