La patronal reclama al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria medidas contra el ruido menos perjudiciales para los negocios y advierte de que las restricciones pueden extenderse a nuevas calles.
El presidente de la Asociación de Restauración de Las Palmas de Gran Canaria, José Miguel Sánchez, critica el expediente municipal para obligar a cerrar a las 22.00 horas las terrazas de unos cinco establecimientos del entorno de la calle Sargento Llagas. La medida se aplicaría todos los días de la semana y reproduce la limitación impuesta anteriormente a una decena de locales de Joaquín Costa, Martínez de Escobar y Fernando Guanarteme.
Sánchez considera contradictorio que el Ayuntamiento defienda públicamente una ciudad con actividad y, pocas semanas después, adopte una resolución que reduce el horario de los negocios. «Por un lado, se dicen unas cosas y, por otro, se dice otra», afirma. También advierte de que los establecimientos seguirán abonando las mismas tasas por las terrazas, pese a disponer de menos horas para utilizarlas.
El representante empresarial sostiene que el cierre a las 22.00 horas constituye una medida desproporcionada y reclama que primero se estudien soluciones menos perjudiciales. Cita entre ellas los semáforos acústicos que alertan cuando aumenta el ruido, los paneles antirreverberación, las sombrillas y cerramientos adecuados o una mayor presencia policial para controlar los incumplimientos. «No son las herramientas adecuadas para poner un medio que tanto a los vecinos como a los dueños de los restaurantes les sea factible», señala.
Temor a un efecto dominó
Sánchez asegura que existe otra calle en la que también se tramita una reducción del horario y teme que las restricciones se extiendan progresivamente por la ciudad. «Esto es como una ficha de dominó que va cayendo y va rascando por todas las calles», advierte. Defiende que se diferencie entre los establecimientos que cumplen las normas y aquellos que provocan molestias, porque muchas terrazas pertenecen a restaurantes donde los clientes están cenando o conversando, y no participando en fiestas.
La asociación propone negociar horarios diferentes según el tipo de establecimiento, con un cierre más temprano para los restaurantes y una ampliación para los bares de copas, lo que permitiría reducir gradualmente el ruido. Sánchez también plantea habilitar zonas de ocio acordadas con los vecinos y critica que Las Palmas de Gran Canaria avance «a contracorriente» respecto a municipios como Gáldar, Guía, Arucas o Agaete, donde, afirma, la actividad hostelera y empresarial ha crecido mediante una gestión distinta.