La alcaldesa de Mogán afirma que la visita del Pontífice al muelle de Arguineguín obliga a reflexionar sobre la dignidad de las personas migrantes y la responsabilidad política.
La alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, afirma que la visita del papa al muelle de Arguineguín ha sido «un regalo» y «una recompensa» al trabajo desarrollado por el municipio durante la crisis migratoria de 2020. Recuerda que la primera carpa se instaló el 20 de agosto de ese año y que el denominado Muelle de la Vergüenza fue desmantelado a finales de noviembre, tras meses de atención a las personas que llegaban a la costa grancanaria.
Bueno sostiene que la presencia del Papa y los testimonios escuchados durante el acto deben servir para «reflexionar» sobre lo que considera un fracaso de la política en términos de humanidad. Subraya que el pontífice centró su intervención en la dignidad y afirma que esa palabra fue repetida en numerosas ocasiones. «Dignidad que no hubo en el muelle de Arguineguín precisamente por parte de ese Gobierno de España», señala la alcaldesa.
Críticas al Gobierno y llamada a una reflexión diaria
La regidora acusa al Gobierno central de mantener una actitud hipócrita ante el discurso del papa sobre la migración. Afirma que no vio a representantes del Ejecutivo aplaudir una parte de la intervención en la que se apelaba a Europa, a los países de origen y tránsito y a la comunidad internacional. A su juicio, la presencia del presidente del Gobierno y de su séquito no tuvo el protagonismo que buscaba, porque el foco estuvo en el pontífice y en los testimonios de las personas migrantes.
Bueno también responde a las críticas recibidas desde sectores de la izquierda y reprocha que algunos dirigentes no acudieran al muelle de Arguineguín durante la crisis de 2020. En particular, recuerda que Pablo Iglesias formaba parte entonces del Gobierno de España como vicepresidente con competencias en Derechos Sociales y afirma que «ni siquiera vino» al muelle.
La alcaldesa considera que el mensaje del papa interpela a la ciudadanía más allá de la política inmediata. Sostiene que las personas suelen conmoverse en momentos concretos, pero después vuelven a su rutina, por lo que defiende una reflexión más constante sobre «qué es lo que queremos» y sobre la necesidad de apartarse del «ruido constante» y la crispación política. «Cuando viene un papa o viene un líder espiritual a decirnos y a hacernos ver que vamos por caminos equivocados es cuando reflexionamos», afirma.