➤ «Hay una propuesta social, económica y cultural que nace de los valores del Evangelio» ➤ «La solidaridad, el perdón y el encuentro con el hermano desamparado no tienen límites» ➤ «La religión sigue presente porque es algo propio del ser humano»
El obispo de la Diócesis Nivariense, Eloy Alberto Santiago, afirma que la visita del papa León XIV a Canarias constituye un momento histórico para el conjunto de las islas y una oportunidad para poner en primer plano la dimensión social de la fe, especialmente ante la realidad migratoria. El prelado sostiene que el mensaje del Pontífice no se limita al ámbito espiritual, sino que interpela también a la vida pública, a la convivencia y a la defensa de la dignidad humana.
Un programa centrado en la acogida y la integración
Eloy Alberto Santiago explica que el papa desarrollará en Tenerife una agenda marcada por el contacto con las realidades de acogida, integración y participación social. El obispo señala que León XIV llegará al aeropuerto de Tenerife Norte y se desplazará al dispositivo de Las Raíces, «para conocer la realidad de este dispositivo de acogida», que llegó a alcanzar las 4.000 personas y en el que actualmente residen unas 600.
Tras esa visita, el Pontífice acudirá a la plaza del Cristo de La Laguna, donde mantendrá un encuentro con las entidades de Iglesia que trabajan en la acogida e integración de las personas migrantes. Santiago afirma que allí escuchará varios testimonios y pronunciará unas palabras antes de desplazarse hacia el Obispado por la calle Viana, donde estarán presentes personas mayores, usuarios de centros de la diócesis y personas con discapacidad o capacidades diversas.
El obispo indica que, después de una breve pausa en el Obispado, el papa se trasladará a Santa Cruz de Tenerife para celebrar la misa en la dársena de Los Llanos. Confía en que la ciudadanía, creyente y no creyente, pueda vivir la jornada como «un momento histórico» y conservar el recuerdo de haber estado presente en Tenerife durante la visita papal.
Un papa cercano y un mensaje que trasciende lo religioso
Santiago afirma que la respuesta social a la visita del papa en España le sorprende en parte, aunque reconoce que era previsible una acogida positiva. Señala que las imágenes muestran que la gente «se ha volcado» y que el Pontífice aparece contento, cercano y capaz de conectar con la población no solo por el contenido de sus discursos, sino también por sus gestos.
El obispo destaca el «lenguaje no verbal» de León XIV, al que ve con una expresión de «humildad, de sencillez, pero de cercanía». Afirma que el papa rompe protocolos, acoge a los niños, los bendice, se muestra sonriente y emocionado, y considera que todo eso ayuda a comprender mejor su figura, «no solo en sus palabras, sino también en su persona y en sus gestos».
Santiago sostiene que el papa no pretende dictar políticas, pero sí puede ofrecer valores y criterios desde una posición de referencia internacional que no está vinculada a un partido o a un país concreto. Afirma que cuando habla de la defensa del ser humano, de la paz y de otros elementos fundamentales de la vida social, se advierte que la fe no se reduce a una dimensión espiritual, porque «también tiene una componente social».
La dimensión social de la fe
El obispo subraya que la tradición cristiana ha influido profundamente en la cultura europea y en la forma de entender la política, el derecho y la sociedad. A su juicio, el reto actual consiste en recuperar grandes valores que están presentes en la historia europea, pero que hoy parecen «relegados» u «olvidados».
Santiago afirma que la fe «no se impone, pero se propone» y que de ella nace «una propuesta social, una propuesta económica, una propuesta cultural» vinculada a los valores del Evangelio y de la tradición cristiana. En ese sentido, considera que el mensaje del papa puede ayudar a reabrir un debate sobre la dignidad humana, la paz, la acogida y la responsabilidad social.
El obispo entiende que la visita del papa se produce en un tiempo de incertidumbre y de sensación de impotencia ante los conflictos y las fracturas sociales. Sin embargo, defiende que la respuesta no debe ser el repliegue, sino la recuperación de una mirada más profunda sobre el ser humano y sobre las necesidades espirituales, éticas y comunitarias de la sociedad.
Una sociedad necesitada de sentido
Santiago afirma que en el ser humano existe una «dimensión trascendental» que ha estado presente desde el origen de la humanidad. Sostiene que en determinadas épocas se intenta ocultar o minusvalorar esa dimensión, pero tarde o temprano vuelve a hacerse visible, especialmente cuando las cosas materiales, el progreso o el bienestar no bastan para dar sentido a la vida.
El obispo vincula esa carencia con una crisis más amplia de la sociedad contemporánea. Señala que el aumento de los problemas de salud mental, la depresión y los intentos de suicidio entre jóvenes muestran que existe una «crisis antropológica» relacionada también con el descuido de la dimensión espiritual. Aclara que esa dimensión puede expresarse de distintas formas, católicas, protestantes, orientales o de otro tipo, pero insiste en que se trata de una realidad humana que no puede negarse.
Santiago concluye que, aunque a lo largo de la historia ha habido gobiernos totalitarios que han intentado suprimir la religión, no han conseguido eliminarla. «La religión sigue presente», afirma, porque es «algo propio del ser humano» desde el punto de vista antropológico.