➤ «Retornamos a la sociedad una parte de lo que generamos» ➤ «Si hubiera muchas empresas y entidades de la sociedad civil con valores llevados a la práctica, el mundo cambiaría» ➤ «No pensaba que la gente me valoraba tanto y me tenía tanto aprecio»
El presidente honorífico de Cajasiete, Fernando Berge, afirma que el modelo cooperativo de la entidad demuestra que es posible desarrollar una actividad financiera competitiva sin renunciar al arraigo territorial, la obra social, el cuidado de los trabajadores y la cercanía con los clientes.
Fernando Berge, presidente honorífico de Cajasiete, sostiene que la trayectoria de la entidad financiera canaria es el resultado de una forma de entender la economía basada en el cooperativismo, la prudencia en la gestión y el compromiso con el territorio. Tras una vida profesional vinculada a la antigua Caja Rural, hoy Cajasiete, Berge asegura que la entidad ha sabido crecer, resistir la crisis y mantener una identidad propia en un sector marcado por la concentración bancaria y la pérdida de entidades financieras de raíz local.
«Un orgullo y una gran satisfacción»
Berge recibe la Medalla de Oro de Canarias de 2026 como «un orgullo y una gran satisfacción», aunque insiste en que el reconocimiento no debe entenderse como un mérito individual, sino como la consecuencia de «un trabajo que se ha hecho durante mucho tiempo». El directivo recuerda que su carrera profesional se ha desarrollado íntegramente en la entidad, en la que comenzó desde abajo, tras unas oposiciones para auxiliar administrativo a comienzos de los años ochenta.
El presidente honorífico explica que tuvo la oportunidad de conocer a los fundadores, Pedro Modesto Campos y Federico Isidro, y que esa experiencia marcó su forma de entender la institución. Señala que en 1990, cuando se produjo el relevo generacional por la jubilación de Federico Isidro, asumió responsabilidades directivas junto a Jerónimo Monge: él más centrado en la parte técnica y organizativa, y Monge en el ámbito comercial y de relaciones.
Berge afirma que se siente «casi abrumado» por las muestras de aprecio recibidas tras su jubilación. «No pensaba que la gente me valoraba tanto y me tenía tanto aprecio», señala, antes de subrayar que siempre se ha considerado «uno más» dentro de la organización. Añade que su despacho «siempre estaba abierto» y que el diálogo con los empleados ha sido permanente.
«Ni de derecha ni de izquierda ni de nada»
Fernando Berge rechaza encasillar a Cajasiete en categorías políticas y sostiene que la verdadera ideología de la entidad es el cooperativismo. «No es ni de derecha ni de izquierda ni de nada», afirma. A su juicio, el cooperativismo ha sido «desde siempre» la guía de Cajasiete, con valores como el trabajo en común, la ayuda mutua, la solidaridad y la solidaridad intergeneracional.
El presidente honorífico recuerda que Cajasiete desarrolla una actividad empresarial como cualquier banco y debe competir con grandes entidades financieras, pero subraya que su naturaleza cooperativa introduce una diferencia esencial. La entidad cuenta actualmente con más de 62.000 socios y, según explica, no reparte dividendos. «Todo lo que se gana» permanece en la propia organización, que lo considera excedentes y no beneficios, lo que permite capitalizar la entidad.
Berge destaca además que una parte de esos excedentes, el 15%, se destina al fondo de educación y promoción cooperativa, desde el que se financian actividades culturales, deportivas, asistenciales y de otro tipo, canalizadas también a través de la fundación de la entidad. Por eso resume el modelo con una idea central: «Retornamos a la sociedad una parte de lo que generamos».
Los trabajadores, en el centro
El presidente honorífico de Cajasiete sitúa a los trabajadores en el centro del funcionamiento de la entidad. Afirma que las personas son «lo más importante» y que esa convicción se traduce en condiciones laborales, formación, estabilidad y participación en los buenos resultados. Recuerda que Cajasiete tiene un sistema de retribución variable mediante el cual, si la entidad gana más dinero y funciona mejor, los trabajadores se benefician directamente sin esperar a la negociación de un convenio colectivo.
Berge señala que el año pasado el incremento de la parte variable supuso más del 30% de media del salario de los empleados. A ello suma ayudas y facilidades internas, así como un clima laboral que, según sostiene, explica que el absentismo sea «bajísimo» y que la rotación de personal sea muy reducida. «Es muy raro que se vaya» alguien, afirma.
A su juicio, el buen ambiente laboral no es un elemento accesorio, sino una condición para que la entidad funcione. «Si no hay un buen clima laboral y un buen ambiente, esto perjudica también a la entidad», señala. Berge recuerda también que durante la crisis financiera de 2008 se suspendió temporalmente la remuneración variable, pactada con la plantilla, y que esa decisión permitió no despedir a nadie, no aplicar expedientes de regulación de empleo, no cerrar oficinas y mantener el servicio.
Atención personal
Berge reconoce que la presencia física de los clientes en las oficinas bancarias ha disminuido mucho por el avance de la digitalización. Señala que la gente joven utiliza de forma habitual Ruralvía, la banca por Internet de la entidad, y que la mayoría de las operaciones ya no requieren acudir a una sucursal.
Sin embargo, afirma que esa menor afluencia no elimina la necesidad de una atención personal de calidad. Al contrario, considera que cuando un cliente acude a una oficina es porque tiene un problema o una necesidad concreta, por lo que hay que escucharlo y buscar una solución. Esa atención, dice, forma parte de la «forma diferencial de hacer banca» de Cajasiete.
Asumir riesgos
Sobre el uso de algoritmos en la concesión de préstamos, Berge admite que existen sistemas de información que analizan muchos datos y orientan la decisión. No obstante, precisa que esos sistemas «no son absolutos». Explica que, aunque el algoritmo pueda indicar una negativa, la entidad analiza otros factores, como la trayectoria de la persona, su seriedad o las circunstancias humanas y personales que rodean cada caso.
«El algoritmo te habla de temas de números y económicos», afirma, pero añade que «luego hay temas humanos y personales que son distintos». Por eso sostiene que, en ocasiones, hay que asumir riesgos para ayudar a una persona que atraviesa una dificultad concreta.
Problemas estructurales no resueltos
El presidente honorífico de Cajasiete analiza también la situación económica general y sostiene que España vivió entre los años ochenta y el año 2000 un periodo de progreso y transformación vinculado a la entrada en la Unión Europea, la liberalización económica y la apertura al exterior. Sin embargo, considera que desde la crisis de 2008 el país arrastra problemas estructurales que no se han resuelto.
Berge afirma que la macroeconomía puede mostrar buenos datos y que las empresas están ganando mucho dinero, pero advierte de que el coste de la vida y, especialmente, el precio de la vivienda, se han convertido en un obstáculo para muchas familias. «Los ingresos no están acordes a los precios de la vivienda», señala, antes de añadir que los alquileres «también se han disparatado».
A su juicio, el problema tiene su origen en la falta de inversión pública en vivienda e infraestructuras desde 2008. «Eso es lo que estamos pagando ahora», afirma. Berge advierte de que esta situación no se resolverá «de la noche a la mañana» y que requerirá tiempo.
El directivo también defiende que no todo el crédito hipotecario concedido antes de la crisis debe analizarse únicamente desde la crítica. Recuerda que muchas personas accedieron a una vivienda gracias a préstamos que financiaban el 100% de la compra y que hoy tienen esas viviendas amortizadas o pagan cuotas muy bajas, sin depender de alquileres disparados. Reconoce que algunas personas perdieron su casa, pero sostiene que fueron «una gran minoría» frente al conjunto de familias que pudieron consolidar una propiedad.
Prudencia y liquidez
Berge afirma que Cajasiete afrontó la crisis financiera de 2008 desde una posición saneada, capitalizada y con una elevada solvencia. Esa situación permitió a la entidad aprovechar oportunidades en un momento en que muchas cajas de ahorro desaparecieron o fueron absorbidas. Según explica, la entidad no dependía de los mercados internacionales porque su filosofía era «prestar lo que somos capaces de captar de nuestros clientes».
A su juicio, esa prudencia evitó los problemas de liquidez que afectaron a otras entidades. Recuerda que la crisis coincidió, además, con un periodo clave para Cajasiete: en 2005 se inauguró la nueva sede social y se produjo el cambio de nombre, mientras que en 2007 comenzó la expansión hacia la provincia de Las Palmas tras no alcanzarse un acuerdo de fusión con la antigua Caja Rural de Canarias.
El presidente honorífico recalca que, tras la desaparición o absorción de otras entidades, Cajasiete queda como la única entidad financiera canaria de su tipo. «Lo único que queda somos nosotros», afirma, antes de subrayar que la entidad ha resistido todas las crisis y ha ido ganando cuota de mercado.
Cuotas de mercado
Berge señala que Cajasiete tiene actualmente una cuota de mercado del 15% en la provincia de Santa Cruz de Tenerife y del 8% en el conjunto de Canarias, tanto en créditos como en depósitos. El objetivo, afirma, es superar el 10% regional, una meta que considera ya muy cercana y que permitiría reforzar las economías de escala necesarias para competir con grandes entidades.
La expansión en la provincia de Las Palmas comenzó en 2007 con la apertura de la primera oficina. Hasta 2018, la entidad abrió 18 oficinas en Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura. Berge reconoce que la entrada en algunas islas ha sido más compleja porque el sector agrario, origen histórico de la entidad, tiene allí menos peso que el turismo, dominado en buena medida por grandes empresas y grupos de fuera de Canarias.
Aun así, afirma que Cajasiete está concentrando recursos en la provincia de Las Palmas, aumentando la plantilla y abriendo nuevas oficinas. Además, destaca la futura sede en el antiguo edificio Maya, en Las Palmas de Gran Canaria, cuya inauguración está prevista para finales de 2027. Según señala, será una sede algo más pequeña que la de Tenerife, pero con un alto nivel tecnológico y con capacidad para reforzar la imagen de confianza de la entidad.
Berge destaca que el año pasado Cajasiete creció más del 10% tanto en depósitos como en créditos a clientes, una cifra que califica de «impresionante». Añade que, en un contexto de incertidumbre internacional por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio, los ahorros están aumentando porque muchas personas y empresas tienden a actuar con cautela.
«Hay dinero, hay recursos»
El presidente honorífico de Cajasiete considera que el sector privado atraviesa una situación sólida. Afirma que muchas empresas ganan dinero, se autofinancian y piden menos crédito que en etapas anteriores. Según explica, el endeudamiento medio empresarial, que durante la crisis se situaba en torno al 150%, está ahora por debajo del 80%.
Berge precisa que las pólizas de crédito se siguen solicitando, pero con más moderación, y que muchas compañías aportan una parte de sus beneficios a sus propias inversiones. En su opinión, este saneamiento empresarial es positivo, aunque vuelve a insistir en que el gran reto está en una gestión adecuada de los recursos para que sus beneficios alcancen al conjunto de la sociedad.
«Hay dinero, hay recursos», afirma, pero advierte de que el problema es que debe existir una gestión capaz de hacer que esos recursos se traduzcan en mejoras compartidas. En ese sentido, vincula de nuevo la experiencia de Cajasiete con una reflexión más amplia sobre el papel de la sociedad civil, la empresa y los valores cooperativos.
A su juicio, esa es una de las grandes fortalezas del modelo. Todo el patrimonio de la entidad pasa a la generación siguiente para que lo utilice, lo acreciente y continúe prestando servicio. Por eso define la cooperativa como «sociedad civil 100%», una agrupación privada de personas que busca soluciones a sus problemas financieros y, al mismo tiempo, ayuda al entorno social en el que actúa.
Berge concluye que el futuro de Cajasiete es prometedor. Destaca la preparación de la plantilla, la formación continua, el equipo humano y la capacidad de gestión construida durante décadas. «El futuro va a ser muy, muy bueno», afirma, convencido de que la entidad está preparada para seguir creciendo sin perder su identidad.