Un estudio de la ULPGC advierte de que la población no sabe cómo actuar ante los avisos de emergencias

El estudio analiza cómo se comprenden los avisos meteorológicos y los mensajes de protección civil | Foto: ULPGC

El estudio analiza cómo se comprenden los avisos meteorológicos y los mensajes de protección civil | Foto: ULPGC

El profesor asociado del Departamento de Geografía de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Fernando Medina, revela una brecha entre los avisos oficiales y la respuesta ciudadana, con un alto porcentaje de personas que no distingue entre alertas ni sabe qué hacer ante una situación de riesgo.

El profesor asociado del Departamento de Geografía de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Fernando Medina, señala que el principal problema en situaciones de emergencia no es la falta de información, sino la dificultad de la población para interpretarla y actuar en consecuencia. «La población no sabe lo que hacer con esa información», afirma. 

El estudio analiza cómo se comprenden los avisos meteorológicos y los mensajes de protección civil, concluyendo que existe una desconexión entre lo que comunican las instituciones y lo que entiende la ciudadanía.

Confusión entre sistemas de alerta

Uno de los principales hallazgos es la coexistencia de dos sistemas de comunicación que generan confusión: los avisos de la AEMET y las alertas de Protección Civil. «Conviven dos sistemas con idiomas diferentes», explica Medina. 

Mientras el primero utiliza el conocido sistema de colores, el segundo se basa en niveles de alerta operativa, lo que dificulta que la población interprete correctamente la situación de riesgo.

Datos que evidencian el problema

El análisis, basado en alrededor de 1.000 encuestas, refleja que cerca del 70% de la población conoce los avisos meteorológicos, pero solo el 41% distingue entre estos y las alertas de protección civil. 

Además, el estudio señala que aproximadamente un 37% de los encuestados no sabe qué hacer cuando recibe esta información, lo que pone de manifiesto una carencia en la comunicación orientada a la acción. 

La importancia de la percepción del riesgo

Medina subraya que la percepción del riesgo varía según factores sociodemográficos, lo que influye directamente en la interpretación de los avisos. Esta percepción condiciona la respuesta de la ciudadanía y explica, en parte, la falta de reacción ante determinadas alertas. 

En este sentido, insiste en que no basta con emitir información, sino que es necesario adaptarla a cómo la reciben y procesan los ciudadanos.

Hacia mensajes más claros y útiles

El profesor apuesta por una transformación en la forma de comunicar las emergencias. «Tenemos que pasar de los avisos informativos a mensajes orientados a la acción», sostiene. 

Esto implica ofrecer instrucciones claras sobre qué hacer, cuándo hacerlo y cómo actuar en cada situación, reduciendo la ambigüedad actual.

Un reto para las administraciones

El estudio apunta a la necesidad de situar a la ciudadanía en el centro de la comunicación del riesgo. Medina reconoce que se trata de un desafío complejo, pero considera imprescindible avanzar hacia modelos más eficaces.

Asimismo, advierte de que en un entorno marcado por la sobreinformación y las redes sociales, la claridad y la precisión de los mensajes oficiales son fundamentales para evitar confusión y garantizar la seguridad.

Informar no es suficiente

Como conclusión, el investigador insiste en que el reto no es incrementar los canales de información, sino mejorar su calidad y utilidad. «No es un problema de informar, sino de informar de otra manera», afirma. 

El estudio de la ULPGC abre así un debate sobre la eficacia de la comunicación institucional en situaciones de emergencia y la necesidad de adaptar los mensajes para que la población no solo esté informada, sino también preparada.