Emalsa advierte de que las infraestructuras no están preparadas para lluvias intensas

Mercedes Fernández-Couto y Victoria Jiménez del Campo en los estudios de El Espejo Canario

Mercedes Fernández-Couto y Victoria Jiménez del Campo en los estudios de El Espejo Canario

La compañía subraya la complejidad del ciclo integral del agua y su compromiso con la sostenibilidad, la calidad y el impacto social.

La directora general de Emalsa, Mercedes Fernández-Couto, explica que episodios de lluvias intensas como los registrados recientemente no benefician al sistema hidráulico urbano. «Las infraestructuras aquí no están preparadas para esas cantidades de agua», afirma, y detalla que estas situaciones obligan a activar recursos extraordinarios, incluso con intervención en zonas de riesgo como barrancos .

Fernández-Couto señala que las redes de saneamiento están diseñadas para escenarios habituales, no para precipitaciones excepcionales. «Nos ha hecho daño en muchas instalaciones», dice, aludiendo a averías, arrastres y sobrecargas que implican costes elevados y trabajos urgentes de reparación. Añade que, en estos casos, las coberturas ordinarias no siempre son suficientes, lo que obliga a recurrir a mecanismos extraordinarios como el consorcio de compensación.

Un sistema esencial y altamente complejo

La subdirectora de calidad y sostenibilidad, Victoria Jiménez del Campo, describe el ciclo integral del agua como un proceso técnico continuo que abarca desde la captación hasta la devolución al medio. «El ciclo integral del agua conlleva desalar, distribuir, depurar y devolver el agua al medio en condiciones de calidad», explica .

En cifras, la empresa distribuye más de 27 millones de metros cúbicos al año, con un consumo medio de unos 150 litros por persona y día, incluyendo usos domésticos, comerciales e industriales. «Se analizan más de 13.000 muestras al año para asegurar que no hay ningún inconveniente», afirma, destacando la exigencia del control sanitario.

Jiménez del Campo subraya además que aproximadamente el 80% del agua procede de la desalación, lo que convierte el sistema en altamente dependiente de la energía y obliga a optimizar cada fase del proceso.

Control de calidad permanente

Uno de los aspectos más sensibles del servicio es la garantía de calidad del agua. «Tomamos muestras diariamente, incluidos sábados y domingos», indica Jiménez del Campo, quien detalla que los análisis incluyen parámetros microbiológicos, químicos y físicos .

La empresa dispone de un laboratorio acreditado y sometido a auditorías externas, lo que asegura la fiabilidad de los resultados. «Es un trabajo muy sensible», insiste, al tiempo que explica que el control comienza desde la toma de muestras hasta la validación final de los datos.

Reutilización y eficiencia

El proceso no termina con el consumo. El agua utilizada se depura y se reutiliza en distintos ámbitos. «Intentamos reutilizarla en jardines, baldeos o agricultura», señala Jiménez del Campo, destacando la colaboración con administraciones públicas para dar un segundo uso al recurso .

En paralelo, Emalsa trabaja para mejorar el rendimiento hidráulico, reduciendo pérdidas en la red. «No podemos permitirnos que el agua se pierda», afirma, en referencia al coste energético y económico de producir cada metro cúbico.

Compromiso ambiental y lucha contra el cambio climático

La sostenibilidad es otro de los ejes estratégicos. Jiménez del Campo explica que la empresa está obligada a calcular su huella de carbono y a desarrollar planes de reducción de emisiones. «Trabajamos en eficiencia energética y en reducir el consumo específico», señala .

Entre las medidas destacan la modernización de equipos, el uso de energías renovables como la fotovoltaica y la optimización de procesos industriales. Cada mejora, por pequeña que sea, tiene un impacto significativo en un sistema intensivo en consumo energético.

Acción social y sensibilización

La empresa también impulsa iniciativas de concienciación y solidaridad. Una de ellas es el proyecto «6 Km for Water», vinculado al Día Mundial del Agua. «Es la distancia media que tienen que caminar muchos niños para conseguir agua», explica Jiménez del Campo .

La iniciativa, desarrollada junto a la ONG World Vision, busca visibilizar la desigualdad en el acceso al agua potable y promover la implicación de los trabajadores en causas sociales.

Impacto económico y arraigo local

Fernández-Couto destaca la dimensión económica de la compañía. «Generamos en torno a 800 empleos indirectos», afirma, subrayando la colaboración con proveedores locales y el efecto tractor sobre la economía insular .

Además, pone en valor las políticas sociales vinculadas al servicio, como el bono social o las bonificaciones para familias vulnerables, que buscan garantizar el acceso al agua como derecho básico.

Agua, igualdad y perspectiva de género

En el marco del Día Mundial del Agua, Jiménez del Campo recuerda que la falta de acceso al agua tiene un impacto desigual a nivel global. «Son las mujeres y las niñas las que sufren más consecuencias», afirma, aludiendo a su papel en la recogida de agua y el cuidado de enfermos en muchas regiones .

Ambas responsables coinciden en que la gestión del agua exige una visión integral que combine eficiencia técnica, responsabilidad social y compromiso ambiental. «El propio empleado tiene que estar concienciado», concluye Jiménez del Campo, destacando el papel de la cultura interna en la calidad del servicio .