Un alto porcentaje de estudiantes con trastornos del espectro autista sufre aislamiento, rechazo o agresiones en los centros educativos, según advierte Ana Rodríguez, que reclama más prevención, formación docente y sensibilización desde edades tempranas.
Ana Rodríguez, coordinadora de actividades y voluntariado de la Asociación Asperger-TEA Islas Canarias en Lanzarote, explica que los estudiantes con este trastorno presentan dificultades en la interacción social y en la interpretación de señales no verbales, lo que aumenta su exposición al acoso: «Son personas extremadamente vulnerables con bastantes dificultades en la interacción social».
Estas limitaciones, señala, complican la comprensión del contexto social en espacios como el recreo o las actividades grupales, donde suelen producirse los episodios de rechazo.
El aislamiento también es acoso
Rodríguez advierte de que el maltrato no siempre adopta formas visibles. La exclusión social, el silencio o la falta de interacción con los compañeros constituyen igualmente conductas de acoso: «El no hablar con un compañero, el aislarlo, también es acoso».
Según indica, la situación resulta preocupante en Lanzarote y, en general, en Canarias, donde el número de diagnósticos ha aumentado en los últimos años.
Señales de alerta en casa y en el aula
La coordinadora subraya que detectar estos casos no siempre es sencillo, ya que muchos menores con TEA tienen dificultades para expresar lo que les ocurre. Sin embargo, existen indicios que pueden alertar a familias y docentes.
Entre ellos menciona el retraimiento, la ansiedad, la pérdida de autoestima o el rechazo a asistir al centro educativo: «El no querer ir al colegio puede indicar que está sufriendo acoso».
Familias desbordadas y protocolos poco activados
Rodríguez describe una situación de gran angustia para los padres y madres, que a menudo acuden a la asociación sin saber cómo actuar ni cómo poner en marcha los mecanismos de protección.
Explica que algunas familias temen denunciar por miedo a que el menor sea estigmatizado o a que la situación empeore.
La entidad recomienda activar los protocolos escolares desde el primer momento y exigir al centro que actúe conforme a la normativa vigente.
Falta de prevención y formación suficiente
Aunque reconoce avances en la preparación del profesorado, Rodríguez considera que todavía existe un déficit importante, especialmente en prevención y atención a la diversidad: «Nos quedamos cortos en formación y en evitar que se marque a una persona por ser diferente».
A su juicio, el sistema educativo debe reforzar los recursos y la capacitación para detectar y abordar estos casos antes de que se agraven.
Sensibilización desde la infancia
La coordinadora insiste en que la solución pasa por educar a toda la comunidad escolar, no solo por intervenir cuando el problema ya existe. Destaca que el autismo acompaña a la persona durante toda su vida, por lo que la inclusión debe trabajarse desde edades tempranas: «La sensibilización en los centros escolares es primordial».
Rodríguez concluye que normalizar la diversidad y fomentar la empatía entre el alumnado contribuiría a reducir significativamente el acoso y a mejorar la convivencia escolar, evitando que estas situaciones se prolonguen también en la vida adulta.