➤ «Más de 560.000 personas viven en exclusión social en Canarias, una cuarta parte de la población» ➤ «Uno de cada tres menores está en situación de exclusión social» ➤ «Ha surgido con fuerza el perfil del trabajador pobre, que tiene empleo pero no puede vivir con su sueldo»
El IX Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España sitúa a Canarias ante una paradoja inquietante: el archipiélago registra un crecimiento económico notable, impulsado en gran medida por el turismo, mientras más de 560.000 personas permanecen en situación de exclusión social. Así lo explica el director de Cáritas Diocesana de Canarias, Gonzalo Marrero, quien subraya que la prosperidad macroeconómica no se traduce en mejoras reales para amplias capas de la población.
El estudio, elaborado con la participación de 180 investigadores de 50 universidades y basado en el análisis de casi 12.300 hogares —713 de ellos canarios—, concluye que aproximadamente el 25,5 % de los residentes en las islas vive en exclusión social, pese al crecimiento económico sostenido entre 2021 y 2024.
Crecimiento económico sin mejora social
Marrero afirma que la economía canaria ha experimentado un crecimiento «espectacular» en los últimos años, con beneficios elevados especialmente en el sector turístico, pero advierte de que ese avance no ha llegado a todos por igual. Según explica, la riqueza se concentra en una minoría mientras aumentan las dificultades para los sectores más vulnerables.
El director de Cáritas señala que los salarios han subido nominalmente un 18,8 %, pero insiste en que el encarecimiento del coste de la vida ha sido mucho mayor, situándolo en torno al 50 %. En términos reales, asegura, el incremento salarial apenas alcanza el 2 %, lo que provoca que muchas familias perciban una pérdida de poder adquisitivo y calidad de vida.
Nuevos perfiles de exclusión
El informe detecta además la consolidación de nuevos perfiles sociales en situación de vulnerabilidad. Marrero destaca especialmente dos: el de los trabajadores pobres —personas con empleo que no logran cubrir los gastos básicos— y el de los hogares encabezados por mujeres con menores a su cargo. Ambos grupos, afirma, crecen de forma sostenida desde 2021.
Aunque reconoce que algunos indicadores han mejorado ligeramente desde la pandemia, advierte de que la cifra absoluta sigue siendo alarmante. «Para esas 560.000 personas no ha habido mejora», sostiene, recordando que se trata de ciudadanos que continúan enfrentando dificultades severas para acceder a vivienda, empleo estable o servicios básicos.
La infancia, principal motivo de alarma
Uno de los datos que más preocupa a Cáritas es el impacto de la exclusión en los menores. Marrero asegura que uno de cada tres niños y adolescentes canarios vive en esta situación, lo que compromete el futuro social y económico del archipiélago.
Advierte de que, si no se aplican políticas públicas capaces de frenar esta tendencia, una parte significativa de esa generación podría quedar fuera del sistema educativo y laboral, perpetuando el ciclo de pobreza.
Formación y empleo, claves para la integración
Frente a la idea de que el desempleo responde únicamente a la falta de voluntad individual, Marrero defiende que el acceso al mercado laboral depende cada vez más de la cualificación. Según explica, muchas empresas demandan perfiles especializados que no abundan entre las personas en situación de exclusión.
Cáritas ha desarrollado programas de formación vinculados directamente a las necesidades empresariales, con prácticas en las propias compañías. El resultado, afirma, es un nivel de inserción laboral del 60 % que alcanza el 95 % a los tres meses, lo que demuestra que la adecuación entre formación y demanda empresarial es decisiva.
Desigualdad estructural y debate social
Marrero considera que el problema de fondo es estructural. Sostiene que el sistema económico actual genera desigualdades crecientes y que el Estado del bienestar se enfrenta a límites financieros y políticos cada vez más evidentes.
En este contexto, reclama reformas que permitan una distribución más equitativa de la riqueza y una adaptación del sistema fiscal a la nueva realidad económica, donde una pequeña minoría concentra grandes fortunas mientras amplios sectores apenas cubren sus necesidades básicas.
Un sufrimiento silencioso
Más allá de las cifras, el responsable de Cáritas insiste en que la exclusión social se traduce en problemas de salud mental, precariedad habitacional, inseguridad vital y falta de oportunidades. Subraya además que muchas personas viven estas dificultades en silencio por vergüenza o pudor, lo que invisibiliza la magnitud real del problema.
Para Marrero, la situación exige una respuesta colectiva sostenida en el tiempo. Advierte de que, sin cambios profundos en las políticas sociales y económicas, la tendencia apunta a un aumento de la desigualdad y a una sociedad cada vez más fragmentada.