Comprar suelo y promover la propia casa permite ajustar costes y diseño, pero exige asesoramiento técnico y afrontar licencias que pueden tardar más de un año. El Colegio de Arquitectos pide agilizar trámites.
La dificultad para acceder a una vivienda en propiedad y el encarecimiento del alquiler están empujando a más familias canarias a optar por la autopromoción. Así lo explica Víctor Acosta, arquitecto y secretario del Colegio Oficial de Arquitectos de Santa Cruz de Tenerife, quien define la autoconstrucción como el proceso en el que el propio usuario compra la parcela, encarga el proyecto y promueve directamente la obra.
Según señala, el interés ha crecido en los últimos años, especialmente entre parejas jóvenes o personas que buscan su primera casa: «Los precios del mercado están haciendo que muchos particulares prefieran buscar un terreno y diseñar su vivienda desde cero», afirma.
Ventajas frente a comprar ya construido
Una de las principales fortalezas del modelo es la personalización. El proyecto se diseña desde una hoja en blanco, ajustado a las necesidades del cliente, lo que evita reformas posteriores
«El producto final responde exactamente a lo que el propietario quiere. No tienes que adaptar la casa después», explica Acosta, quien recuerda que muchas viviendas de segunda mano obligan a invertir de nuevo en redistribuciones o mejoras por antigüedad.
Además, la autopromoción puede resultar más eficiente en costes si se planifica bien, al eliminar intermediarios y ajustar calidades y superficies al presupuesto real.
El primer paso: elegir bien el suelo
Antes de pensar en planos o materiales, el arquitecto insiste en la importancia de analizar la parcela. La calificación urbanística —si es suelo urbano, rústico o asentamiento rural— resulta decisiva.
También recomienda revisar servicios básicos, afecciones públicas, accesos, desniveles o la cercanía a redes de agua y electricidad. Todo ello puede generar sobrecostes imprevistos: «A veces se compra con información incompleta y luego descubren que no pueden construir o que el presupuesto se dispara», advierte. Por eso aconseja acudir a técnicos cualificados antes de cerrar la operación.
Trámites y burocracia
El proceso formal incluye la redacción del proyecto por un arquitecto, su visado colegial y la solicitud de licencia municipal. Sin esa autorización no se puede iniciar la obra.
Aquí surge el principal obstáculo. Acosta denuncia que los plazos para obtener licencias se han alargado notablemente: «Estamos hablando de esperas de un año o año y medio. Es inadmisible y encarece la construcción», sostiene.
Desde el sector se estudian fórmulas de colaboración para apoyar a los ayuntamientos y agilizar informes técnicos, sin sustituir a los funcionarios, con el objetivo de responder a la actual emergencia habitacional.
Financiación por fases
A diferencia de la compra de una vivienda terminada, la autopromoción se financia mediante créditos promotor. El banco libera el dinero por certificaciones, a medida que avanza la obra.
Para acceder a este tipo de préstamos, normalmente se exige disponer del suelo en propiedad, el proyecto redactado y la licencia concedida. «Es una fórmula habitual y funciona bien, pero requiere planificación», explica.
Personalización casi total
Salvo en casos de promociones públicas con límites de superficie o diseño, la vivienda puede adaptarse prácticamente por completo a los gustos del propietario: distribución, número de estancias, estética o soluciones energéticas.
Acosta subraya la importancia de la relación con el técnico. «La comunicación fluida entre arquitecto y cliente es clave para que la casa cumpla todas las expectativas», señala, recordando que suele tratarse de la mayor inversión de la vida.
¿Alquiler, compra o autopromoción?
El secretario del colegio considera que todas las opciones deben convivir. El alquiler ofrece flexibilidad y movilidad laboral, mientras que la propiedad se consolida como inversión a largo plazo.
En el caso de la autoconstrucción, observa un efecto añadido: el crecimiento de las periferias urbanas, donde aún existen parcelas disponibles, con el consiguiente aumento de desplazamientos diarios.
Aun así, concluye que, bien asesorada y planificada, la autopromoción se está consolidando como una vía realista para acceder a una vivienda adaptada y, en muchos casos, más asequible.